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Ayer 9 de junio a las 16:00 hora española se celebraba un Nintendo Direct que, sin temor a decirlo, me ha parecido el peor que hemos tenido en mucho tiempo.

Desde hace años, jugadores y jugadoras de todo el mundo nos reuníamos en internet para celebrar nuestra pasión por los videojuegos. Era en estas primeras semanas de junio, cuando ya el verano se acercaba y nuestro tiempo libre incrementaba por las vacaciones, que hacíamos hueco para ver qué cosas nos tenían preparadas las compañías.

El remake de Final Fantasy VII, The Legend of Zelda: Breath of the Wild, Death Stranding, Fallout 4, Doom (2016)… Todo esto y mucho más hemos podido ver a horas intempestivas, a pesar de tener que ir al instituto o al trabajo al día siguiente, en el fallecido E3 y en el actual Summer Game Fest. Y cómo me gusta verlo cada año.

Como ya es casi tradición, Nintendo cerraba esta semana mágica que nos ha dejado momentos increíbles como los veinte minutos de gameplay del God of War: Laufey, o situaciones que dejaban muy mal sabor de boca como el anuncio de la vuelta de los exclusivos de consolas de XBOX (aunque esto solo sea una verdad a medias ya que los juegos seguirán saliendo en pc). Y la Gran N tenía mucho que demostrar en este Nintendo Direct.

A pesar de haber sido la consola más rápidamente vendida de la historia, llegando a los 19’86 millones de Switch 2 vendidas en su primer año, la compañía no ha dejado de caer en bolsa desde agosto, llegando a perder un 45% de su valor máximo. Además de eso, su nueva consola vendió muy bien los primeros meses, pero fue perdiendo fuelle a lo largo del año fiscal y, para este periodo de 2026-2027, ya han anunciado que planean vender 16’5 millones de consolas (más de 3 millones menos que el año anterior). No solo eso, sino que han confirmado una subida de precio de la consola, acompañada de una subida de las suscripciones (que, aunque solo sea en Japón, agárrense los machos). Y no hablemos de los noventa euros del Mario Kart World.

También, y esto es a título personal, a pesar de que la empresa nipona lleva una racha insuperable de exclusivos (sacando uno al mes), muchos de ellos no han sido la gran cosa y fácilmente olvidables. Pero lo que realmente me preocupa es que parece que para mantener este ritmo, van a sacar varios remakes de sus juegos clásicos. Ya tenemos Star Fox a la vuelta de la esquina, tercer remake del título desde su salida en la SNES, pero también vamos a tener el recién confirmado The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Hace poco tuvimos Super Mario Galaxy 1 y 2 remasterizados para la consola y, si nos vamos a la Switch original, Mario Kart 8 Deluxe era una remasterización y tuvimos un remake de la cuarta generación de Pokémon.

No sobraron en este Nintendo Direct las nuevas ediciones para Nintendo Switch 2 de sagas como Xenoblade Chronicles, o ports de juegos que ya han salido como Stellar Blade. Todo esto es emocionante en parte, ya que parece que por fin Nintendo va a poder dejar de ser “la consola de los indies”, trayendo juegos que antes era impensable que se jugasen en la portátil. También anunciaron versiones de Switch 2 de juegos como Onimusha: The Way of the Sword, confirmando que la Gran N quiere formar parte de la conversación.

Sin embargo, ¿qué motivos tengo para comprarme la consola? Los exclusivos, por mal que me pese, son un motivo de peso para comprarse un aparatejo que ya cuesta casi 500€. Nintendo tiene las IPs más conocidas de la industria: Mario, Zelda, Metroid, Animal Crossing, Smash Bros… Casi todas sin una sola entrega en la consola. Desde la GameBoy Advance que no teníamos un Mario nuevo con la salida de la consola y, viendo esta conferencia, no se le espera tampoco.

Teníamos ante nosotros una conferencia de 50 minutazos que le ha faltado ritmo, intensidad y fechas. Los juegos más importantes a tener en cuenta en el futuro, como Splatoon Raiders, Fire Emblem Fortune’s Weave o el remake de Star Fox; tuvieron presencia en el evento e incluso confirmaron fecha para antes de lo esperado, pero faltaron marcas en el calendario de juegos como Duskbloods, que vino a decirnos que tendrá beta en algún momento de 2026 sin gameplay.

Hubo momentos de quitarse el sombrero, como el anuncio de un nuevo Xenoblade Genesis o sacar Kingdom Hearts 4 en la conferencia. Sin embargo, del primero solo tenemos un seco 2027 y del segundo la confirmación de que saldrá en la consola de Nintendo “cuando salga”. Pero lo más decepcionante fue el anuncio de The Legend of Zelda: Ocarina of Time Remake. El anuncio se realizó en el último minuto y se sintió… Soso. Sí, tenemos de vuelta el que (para mí) es el mejor Zelda que ha existido, pero no sabemos nada de él. Como mucho que Link parece sacado de esos famosos vídeos de “así sería un Zelda con Unreal Engine 5”. Y peor: tuvieron la valentía de poner un “2026”, como si no le quedasen seis meses a nuestro querido año para acabarse.

Kingdom Heart 4 Nintendo Direct

Soy consciente que, en el papel, una conferencia que enseña un remake del Ocarina of Time, gameplay del Kingdom Hearts 4 y que anuncia un nuevo Xenoblade, suena a un muy buen evento. Pero fue un ritmo muy descompasado, con momentos de absoluto aburrimiento como cuando decidieron dejarnos cinco minutos viendo un “pulso de pulgares” por la salida del Nintendo Switch Sports Resort, o en el que enseñaron más gameplay del Final Fantasy Resonance (una reedición de un juego gacha para móviles llamado Brave Exvius, pero ahora disfrutable para un solo jugador) que del Fire Emblem nuevo (que sale el 17 de septiembre).

Cuando salió la Nintendo Switch 2 por primera vez, recuerdo hablar con unos amigos de mis pensamientos sobre la consola. Aposté (metafóricamente) que la consola sería “la consola de los ports”, un intento de abarcar el mercado más general. No me equivocaba. Pero ser “la consola de los ports” tiene un precio muy alto: hay que dejar de lado los first party y, yo al menos, tengo la sensación de estar viendo a una Nintendo que no reconozco. No veo el cariño en el trailer del “nuevo” Zelda. No veo el cariño en los noventa euros por el nuevo Mario Kart.

Nintendo Donkey KongVeo a una Nintendo que está tirando de fondo de armario. Una Nintendo que saca Donkey Kong Bananza, Kirby Air Riders o Yoshi and the Mysterious Book que, aunque no están nada mal, no son el plato fuerte. No son un “vende consolas”. No son lo que Nintendo necesita si quiere salir del pozo en el que se está metiendo. Siento desde hace años que Nintendo ha abandonado el espíritu que veíamos cuando Miyamoto subía al escenario vestido de Link, a Reggie subiéndose encima de la báscula del WiiFit o de Iwata sacándose la Nintendo DS del bolsillo… Sus juegos siguen siendo obras maestras, no me malinterpretéis. En mi casa siempre habrá una consola de Nintendo, y uno mis mejores momentos de este año ha sido visitar las oficinas para ver Call of the Elder GodsPero no entiendo esta decisión de anunciar las cosas rápido y mal.

El problema de vivir de los remakes de juegos de hace treinta años es que en algún momento se acaban los juegos que rehacer. Y para ese momento, no pueden pillarte con situaciones como el directo de hoy. En una situación parecida se encuentra Sony, con una PlayStation 5 que no ha tenido exclusivos, que ha subido 150€ desde la salida original de la consola y varias subidas de precio de los modelos de suscripción, con el cierre de estudios como Bluepoint, el desastre que fue Concord y el suficiente bajo en ventas de Marathon.

Pero si miramos su conferencia, un gallo muy distinto cantó. Al igual que Nintendo, hubo una presencia enorme de juegos third party, pero el ritmo fue completamente distinto. Primero unos minutos del Marvel’s Wolverine (en inglés para que no se me enfade nadie), luego un poco del Marvel Tokon: Fighting Souls y acabando la conferencia con veinte minutos del nuevo God of War: Laufey. Fue la primera conferencia donde pensé “qué bien que tengo una PlayStation 5” desde 2020. Se dice pronto. Y mucha gente que vio la conferencia conmigo mencionó que les dio ganas de comprarse la consola.

Mientras tanto Nintendo nos cierra con Kingdom Hearts 4 y su remake de Ocarina que, de nuevo, en papel suena genial. Pero la ejecución fue pésima. Del primero seguimos sin saber nada nuevo, solo que saldrá cuando le toque salir. Pero del segundo, que era el plato fuerte de la conferencia, no sabemos siquiera si de verdad saldrá en 2026. Ha sido una conferencia que podríamos haber resumido en una nota de prensa por la excepción de tres títulos que se han presentado sin ganas, con una falta total de ceremonia.

Espero que la cosa cambie, nada me gustaría más, pero siento que esta es la nueva Nintendo. Una marca más que, al igual que cuando “invitaron a irse” a Shuhei Yoshida en Sony, ya no hay nadie en las altas esferas de Nintendo que piense en las palabras que hemos visto mil y una veces de Iwata diciendo que “en su corazón, era un gamer”.

Y, de verdad Nintendo, enseñarme cinco minutos de una persona agitando un mando no es la increíble estrategia de marketing que crees que es.