Rebirths and Revelations

Las estrellas nos han escuchado. Los astros se han alineado. Y no hablo del Meteorito, ni de la Calamidad de los Cielos. Aunque sí de una de esas cosas que, parecen, pasan cada dos mil años. El E3 ha vuelto. O, al menos, lo que más nos importaba de él: la ilusión de esperar, de compartir, y de tener una excusa para volver a coger el mando.

Aunque oficialmente pasó a mejor vida en diciembre de 2023, el E3 tuvo un último intento híbrido y virtual en el año 2021. Ya por entonces el río sonaba, con gran parte de la comunidad tachándolo de innecesario, y es que el evento había dejado de tener sentido durante los últimos años. Los grandes publishers habían decidido independizarse del gran foco para montar sus propios chiringuitos, según su conveniencia y la de su audiencia. Pero lo que parecía una buena noticia en términos de exposición y alcance tanto para dichas compañías como para su comunidad pronto se tornó en todo lo contrario: la situación de la industria cambió, con desarrollos infinitos y un fuerte pivote hacia los juegos como servicio, y consecuentemente el listón bajó en caída libre.

Los grandes anuncios sorpresa comenzaron a escasear (especialmente aquellos que conseguían pasar bajo el radar de las filtraciones hasta la conferencia de turno), y los gacha germinaron como las caléndulas. Las fechas de lanzamiento pasaron a ser tabú, y los tráilers CGI, la norma. Todas las compañías deceleraron a la vez, o mejor dicho, aceleraron hacia una nueva meta que se antojaba muy lejana de la perseguida por la mayor parte de la comunidad. El ritmo se relajó tanto que algunas ediciones parecían detenidas en el tiempo. Y lo peor de todo: nos dejaron sin memes. Quizás había algo de verdad en aquello de que “la competencia es buena“, después de todo.

Afortunadamente, no estaba todo perdido. El bien coronado por muchos como el sumo pontífice del glutamato monosódico, nuestro amigo y vecino Geoff Keighley, vió en esta intersección la oportunidad perfectamente para inflar algo más su ego, bailar sobre las cenizas de la celebración angelina y, de paso, monopolizar la comunicación de la industria. Aunque no todo fueron rosas en sus inicios, cabe decir: lo cierto es que, a diferencia de sus mimados The Game Awards, el Summer Game Fest ha pasado por muchos baños de masas (y no precisamente de los que hacen cosquillas) hasta poder presumirse como una ceremonia digna del interés de la gente a la que se dirige. Con esta edición, me atrevería a decir, Geoff ha puesto punto y final a su tradicional tomatina. O, como mínimo, a una mala racha.

Resident Evil: Veronica. gen ATLAS. Final Fantasy VII Revelation. A su izquierda, aún en el marco del State of Play, Rayman Legends Retold, un todavía más sorpresivo Until Dawn 2, y un nuevo y flamante God of War: Laufey. A su derecha, como parte del Xbox Games Showcase, un nuevo e impactante Senua, el retorno de sagas clásicas como Crazy Taxi o Spyro, y, al fin, el ansiado teaser de Persona 6. Joder, necesitábamos esto. La mayor parte de la comunidad, quienes sentimos cierta debilidad por el mainstream y las producciones de presupuesto insultante, llevábamos y llevamos años bajo mínimos, contando con los dedos de una mano los grandes lanzamientos del año. Si nos referimos a nuevas IPs o casos de éxito, los dedos sobran.

Y no me malinterpretéis: hemos tenido títulos de grandísima calidad estos años, por supuesto que sí. El sector indie y el doble A ha estado más vivo que nunca, y en este junio jugón ha continuado demostrando su buena salud (ahí tenemos anuncios menos mediáticos como Bad Magpie, o fuera del gran foco, un Ñ3 a mi juicio totalmente increíble; tenéis que echarle un ojo a 4Mecheros de Juno Menager, a The Plant Shop de Tori Gamedev y a Catechesis, lo último de Baroque Decay). Pero creo que el medio, como crisol, también se define por eventos así; por apuestas grandes y ambiciosas que reflejan bonanza y confianza en el público, por nostálgicas sorpresas que inevitablemente tocan la fibra sensible, por declaraciones de intenciones que afianzan marcas y nos reunen alrededor de la hoguera. Ni Tupac se lo quiso perder.

Escribo este texto desde la más plena ilusión. Y sé que mañana mismo la industria nos volverá a dar excusas de sobra para enrocarnos nuevamente sobre los mismos temas de siempre: despidos, crunch, malas prácticas. Pero creo que, si no queremos terminar odiando todo esto que hemos construido en estas décadas, también tenemos que hacer lo posible por no perder la ilusión. Por emocionarnos por las cosas que nos importan; por compartirlas con la gente que nos importa. Por nuestra parte, podéis contar con que seguiremos haciéndolo —especialmente si esta semana se acaba confirmando el Nintendo Direct, y especialmente si ahí se acaba mostrando el tan rumoreado remake de Ocarina of Time o, mejor aún para un servidor, el próximo proyecto de Monolith Soft—.

El E3 vive, la lucha sigue.