Joder, Fox... estás hecho unos zorros

Miércoles 6 de abril de 2026. Tras una larga jornada, habiendo almorzado arroz con voces y después de haber conducido durante más de dos horas para ser brutalmente explotado laboralmente, al fin llegas al momento más dulce del día. Te preparas cualquier cosa rápida para fingir cenar, enciendes el televisor y, suspirando, enciendes tu consola. Cinco minutos más tarde, la pantalla, aún mostrando tu Librería, permanece en reposo absoluto: has caído plácidamente dormido; un día más, sin haber ni siquiera llegado al lobby. Pero, de repente, notas algo paranormal. Tu móvil vibra, como si alguna vez le hubieses dado alguna razón para hacerlo. Una luz, un mensaje, un grito ahogado. Es una… ¿notificación? Efectivamente: it’s Miyamoto.

Intentar comprender la estrategia de comunicación de Nintendo a estas alturas es poco menos que un deporte de riesgo. Y aunque no me detendré en ella en este artículo, que la próxima gran entrega de la saga Star Fox se anunciase en la madrugada de un jueves completamente aleatorio no deja de ser algo sorprendente, más aún si tenemos en cuenta que Zero, su espléndido predecesor, ya cuenta con más de diez años a sus espaldas. Este confuso contexto me hizo reflexionar acerca de lo que no vemos, acerca del porqué de ciertas decisiones realizadas por la compañía nipona, y ante todo, acerca de la importancia que la saga de Fox tiene a día de hoy para la susodicha.

Creo que lo mejor será comenzar arrancando la tirita lo más rápido posible: Star Fox ya no es una saga vigente. No solo para una juventud que ha crecido totalmente desconectada de la marca, sino también para su propia comunidad, que como F-Zero, ha pasado tanto tiempo hambrienta que ha acabado olvidándola un poco, o en el mejor de los casos, buscando refugio en propuestas mayormente indie de corte similar. Durante todo el ciclo de vida de Switch, Nintendo no ha parecido molestarse por esta situación no un poco… Y sin embargo, ahora no solo creen que es lo suficientemente importante como para ser el guapo de la fiesta (o al menos, de su propia fiesta, en formato Direct), sino también como para que fans y no fans se arremolinen alrededor de la pantalla a horas totalmente intempestivas sin previo aviso, para comentar el evento con tesón. Supongo que esperar a anunciarlo junto al remake de Ocarina of Time en junio (sí, echo de menos el E3, ¿qué pasa?) era mucho pedir.

Con las cartas sobre la mesa, sin embargo, la situación no mejora. Todo lo contrario: se vuelve aún más comprometida para el fan acérrimo, que quizás podía querer devotamente un nuevo Star Fox, pero que quizás no quería este Star Fox. Aun con aires de reboot, la nueva obra se antoja como un remake con todas las letras; concretamente, el cuarto que se hace de Lylat Wars, el segundo juego de la franquicia, publicado originalmente en Nintendo 64. Solo que, ahora, feo. Mucho, mucho más feo, luciendo un acabado fotorrealista que, honestamente, no le hace ningún favor al piloto de la Arwing ni a sus compañeros, y que torna incluso más incomprensible el diseño que el personaje lució en Super Mario Galaxy: La Película.

Y bien es cierto que la propuesta llegará a nuestras tiendas pronto, justo a tiempo para el veranito (25 de junio), y que además lo hará a precio reducido (49,99€ en digital, 59,99€ en físico)… Pero, ¿y si volver de nuevo a aquel juego que tanto amé ya no es suficiente como para llamar mi atención? Y aquí va el gran dilema; el dramita que me ha comido la cabeza los últimos dos días: teniendo en cuenta que el devenir de la IP probablemente dependa de las ventas de este capítulo… ¿cuál es, entonces, mi responsabilidad como usuario? ¿En qué lugar me deja esto como fan? ¿He de sentirme culpable por no apoyar este producto y “dejar morir” la saga por mal rendimiento, o por el contrario tengo que verme forzado a comprar por cuarta vez la propuesta, aunque me parezca más fea que pegarle a un padre por Navidad?

Para mí, votar con la cartera no solo es una herramienta funcional para conseguir que las compañías multimillonarias tomen decisiones coherentes y respetuosas hacia su comunidad, sino que también va muy ligada con mis principios como consumidor. El dilema llega cuando este hecho está intrínsecamente vinculado con el futuro que pueda tener una saga, y cuando existe una relación emocional con ella. Porque como consumidor, Star Fox no me parece un producto abusivo, ni mucho menos. Pero como fan, no creo que sea un producto interesante, ni costoso, ni un retorno especialmente digno; simplemente, no es un producto que quiera apoyar.

Como fan, quiero creer que ahí fuera aún hay gente deseando conocer a Fox McCloud. Deseando divertirse con él, profundizar en su historia, y darle el apoyo que yo ya quizás no estoy dispuesto a darle. Supongo que, esta vez, tendré que conformarme con mirar desde el palco.