Una aventura digna de lo mejor del género

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de traeros mis primeras impresiones sobre Call of the Elder Gods, gracias a Out of the Blue y MGA. Ahora, por fin puedo hablaros de mis impresiones finales, tras haber acabado la historia y haberlo dejado reposar un buen rato. Como en el avance ya se habló de la primera mitad del título, no voy a extenderme tanto con el objetivo de no caer en la redundancia (o en spoilers).

Por suerte, todo lo mencionado en el artículo de hace unas semanas se mantiene aquí: los puzles más interesantes jamás hechos por el estudio español, dos protagonistas muy interesantes y una historia que recoge el testigo de las aventuras de Indiana Jones en la gran pantalla. Si tuviera que resumir mi experiencia con Call of the Elder Gods, diría que es lo mejor que ha hecho Out of the Blue hasta la fecha y un imprescindible para los fans de los puzles. Eso sí, ni estamos aquí únicamente para resúmenes ni esto quiere decir que el juego sea perfecto.

Volviendo a la aventura

Tras un American Arcadia que basaba las secciones de su protagonista Trevor en un recorrido con puzles que buscaban abrirnos un camino por el que avanzar o escapar, en Call of the Elder Gods volvemos a algo más parecido a las secciones de la coprotagonista Angela. En ninguno de los puzles del título nos vemos presionados por un tiempo límite o amenaza inminente, lo cual permite un proceso de resolución más pausado y, como consecuencia, que el propio rompecabezas sea un poco más complejo. Aunque donde más gana esta secuela es en la ambientación y la variedad de escenarios.

Mientras que en Call of the Sea no salíamos de la isla y en American Arcadia pasábamos la mayoría del tiempo entre sets de rodaje u oficinas futuristas, en Call of the Elder Gods nos movemos por todo el mundo. Gracias a ese enfoque de aventura clásica que mencionaba anteriormente, los escenarios en los que resolvemos un puzle y la naturaleza de los mismos puede cambiar drásticamente entre un capítulo y otro. Al cambiar de una zona a otra completamente distinta, no es necesario mantener una homogeneidad respecto a los mecanismos que encontraremos y su funcionamiento, por lo que podemos pasar de descifrar un código oculto a mover espejos para reflejar la luz en un ángulo concreto (un clásico).

El regreso a un tono similar al de Call of the Sea pero con una mayor ambición respecto a la escala de su historia permite una mayor variedad de puzles, lo cual se traduce en ideas que se sienten mucho más frescas. Además, hay un equilibrio perfecto entre rompecabezas sencillos que da gusto resolver y otros más complejos con los que te puedes tirar 20 o 30 minutos si te pierdes algún detalle. En mi opinión, Call of the Elder Gods se siente como la versión definitiva de este estilo de juego. y es la mejor experiencia que he tenido a la hora de balancear la búsqueda de pistas y respuestas con la narración de una historia competente.

El síndrome del cine de animación

Lamentablemente, por muy bueno que sea en el apartado jugable, es cierto que la trama de Call of the Elder Gods me ha dejado un poco frío. No es una sorpresa que los personajes del juego me gusten mucho, puesto que considero que Out of the Blue siempre nos trae protagonistas memorables. Este es el caso de Harry Everhart y Evangeline Drayton, que además tienen una conexión especial, dado que el padre de nuestra protagonista fue parte de la expedición de Harry a la isla de Call of the Sea. La manera en la que se conocen estos personajes, sus conversaciones, los descubrimientos y giros de guion o el constante vaivén con los villanos me han gustado mucho.

Mi problema con la historia surge en el final del juego. Al igual que ocurre en muchas películas de animación (normalmente por la tontería de mantenerlas por debajo de los 120 minutos), la última media hora de Call of the Elder Gods parece querer desarrollar más su historia o, por lo menos, dejarse lo que queda por mostrar para un tercer juego. Sin embargo, en su lugar se nos deja con información bastante importante durante los créditos y con la tarea de rellenar los huecos nosotros mismos.

No tengo problema alguno con las historias ambiguas o de libre interpretación, pero la sensación con esta secuela es que no ha habido tiempo, presupuesto o puede que ninguna de las dos como para desarrollar el giro final y sus consecuencias como corresponde. Si este no es el caso y resulta que sí que se quiere exponer como un final abierto del que sacar nuestras propias conclusiones, opino que se podría haber presentado un poco mejor. Más allá de ese desenlace accidentado, puede ser que Nora, como narradora omnisciente, caiga algunas veces en la redundancia, explicando detalles o emociones de los personajes que fácilmente puedo intuir sin que me lo explique nadie.

Respondiendo a la llamada

Galardón-Plata-HyperHype

Call of the Elder Gods es, sin duda alguna, la mejor experiencia del estudio madrileño que ya tiene dos juegos más que competentes en su currículum. Junto a una dirección artística, banda sonora y doblaje que dan gusto, los puzles están mejor que nunca, y realmente nos obligarán a pensar de manera lateral y diferente, con ciertas deducciones que requieren que pongamos un poco más de nuestra parte, más allá de buscar información y seguir unos pasos concretos. El sistema de pistas y la variedad de escenarios otorgan una mayor maniobrabilidad a Out of the Blue a la hora de complicar las cosas, y se nota.

Por otro lado, sus personajes y enfoque narrativo están también mejor que nunca, pero la conclusión general de esta historia que abarca ya dos títulos enteros se siente un poco acelerada, y para mí le quita un poco de la emoción o profundidad que podría haber tenido. Aún con ese “fallo”, Call of the Elder Gods se merece una oportunidad, y no puedo evitar recomendar esta aventura a cualquiera que ame la mitología lovecraftiana, las películas de Indiana Jones o la compañía de una libreta y un boli a a la hora de sentarse a jugar.


Esta crítica ha sido realizada con una copia para PlayStation 5 cedida por MGA Agency.