Un choque entre la cultura estadounidense y japonesa nacido en España

La cultura skater alcanzó su mayor pico de popularidad durante los 90 y principios de los 2000. Su presencia en cualquier medio se hizo evidente, hasta el punto en el que los videojuegos, un arte mucho más joven que los demás, también se unieron a la moda. De esta incursión en una cultura callejera nacieron obras como Tony Hawk’s Pro Skater, Jet Set Radio o el más tardío Skate, todos ellos clásicos que hasta los jugadores más jóvenes que no vivieron esa época (a mí mismo me pilló en mi primer lustro de vida) reconocerán al instante. Sin embargo, ese tiempo pasó.

Otra cosa que irrumpió en el mainstream durante los 90 y los 2000 fue el anime, convirtiéndose en un fenómeno mundial con cada vez más éxitos y personajes icónicos en la cultura popular. Desde entonces, lo que una vez se consideró como algo hecho principalmente para Japón se ha convertido en uno de los medios artísticos más queridos. Junto a esta estabilidad del anime en nuestra sociedad, la moda skater ha tenido un pequeño resurgimiento con un nuevo Skate y remasterizaciones de los cuatro primeros Tony Hawk’s Pro Skater, y es justo ahí donde entra Denshattack! para combinar ambas cosas.

Cuando probé su demo el pasado mes de febrero me quedé impresionado con el claro potencial del título, pero no me esperaba en absoluto que me gustase tanto como lo ha acabado haciendo. La obra es la más popular hasta la fecha del estudio barcelonés Undercoders, liderada por David Jaumandreu, cuyos dotes como cabecilla de un proyecto de este carácter quedaron evidenciados con el notable Ninja Gaiden: Ragebound el año pasado. Si tuviera que resumiros qué hace de Denshattack! un juego excelente, más allá de una base jugable que puede deducir cualquiera con 30 segundos de tráiler, os diría que se trata de un shōnen de trenes.

Puede parecer que esto solamente es relevante para su historia, o que lo digo porque el juego está ambientado en Japón y me gusta seguir estereotipos culturales, pero nada más lejos de la verdad. Denshattack! no sería la mitad de divertido ni interesante si no fuera una versión de One Piece en la que el mar en cuestión se sustituye por un complejo entramado de vías de tren que abarcan todo el país del sol naciente. Obviamente, eso no es todo lo que el título hace bien ni su único aspecto destacable.

La variedad de trucos que podemos realizar es lo suficientemente amplia como para aprenderse unos cuantos y dotar de variedad a nuestros combos, pero sin llegar a abrumarnos con una lista de cientos de posibilidades de las que solo nos quedaríamos con un par de docenas. La banda sonora se siente fresca y diferente en todo momento, con canciones recurrentes muy pegadizas en los menús o escenas transitorias y piezas que añaden a la adrenalina del momento específicas para cada uno de sus 65 niveles. Y, por supuesto, no podemos olvidar una dirección artística de infarto que no tiene miedo a la hora de presentarnos personajes de todo tipo y de usar la paleta cromática al completo.

Esta pantalla se irá llenando con nuestros nuevos aliados

Sin embargo, el factor shōnen o, concretamente, el factor One Piece, es lo que consigue que Denshattack! realmente se eleve por encima de cualquier otro ejemplo visto en el género, al menos para mí. Sin spoilear nada de ninguna de las dos obras, vayamos a lo básico y reconocible por cualquiera. Ambas historias se basan en el viaje de un personaje protagonista por diferentes regiones de su mundo políticamente complejo, en las cuales deberán enfrentarse a amenazas cada vez más peligrosas, reclutando en el proceso a más miembros que se unen a ellos para viajar al siguiente destino en su barco/tren.

Al igual que Luffy, Emi es una protagonista con un corazón enorme y bondad infinita, sin la intención de matar a nadie y convencida de que su cabezonería es suficiente para superar cualquier obstáculo o convencer a cualquiera de unirse a su causa, aunque no huye de una pelea si es necesaria. Por otro lado, tiene un poco de ADN de Goku también, al ser exageradamente talentosa y dejar asombrado a todo el mundo con lo rápido que aprende y lo imbatible que parece, junto a un sentido del humor burlón, actitud despreocupada y obsesión por transformar a enemigos en aliados.

Al no tener las décadas de historia de las que One Piece o Dragon Ball pueden presumir, lógicamente Denshattack! no goza de la misma profundidad respecto a sus personajes o temas políticos y sociales ni llega a tener algo equivalente a las marchas o el Super Saiyan, pero la base e inspiración en el shōnen (y más aún en los dos mangas más grandes del género) está ahí. De todas formas, sí que tiene personajes interesantes con un buen desarrollo y un claro mensaje político anticorporativista, anticapitalista y antifascista, el tres en raya de palabras que hacen que tu tío en la cena de Navidad reaccione como un agente durmiente.

Esta estructura y tono típico de un manga o anime permite una mayor soltura a la hora de desarrollar la historia, pudiendo llevar a cabo pequeños saltos de lógica o de tiempo para agilizar el arco de un personaje o el desarrollo de la trama. Aunque mi punto principal respecto a esta clara inspiración en las obras japonesas va por otro lado. Desde su propio concepto, Denshattack! se permite ser tan exagerado e inverosímil como las obras que he mencionado, y en su jugabilidad eso lo convierte en un espectáculo como pocos.

Desde peleas con jefes gigantescos hasta recorridos por pistas de hielo, volcanes, rutas submarinas e incluso raíles nacidos de la nada. Si la idea de un tren dando volteretas ya os parece súper atrevida, no estáis preparados para todo lo que tiene que ofrecer este juego. Al principio, pensé que no querría conseguir todos los coleccionables, retos y medallas de oro, viendo que en sus dos primeros capítulos se trataba de un título cuyo mayor atractivo era que sustituía un skate en Estados Unidos por un tren en Japón.

No obstante, eso no fue así durante mucho tiempo. No solamente se volvieron los enfrentamientos y recorridos cada vez más locos, sino que además Denshattack! se propone introducir al menos una mecánica nueva en cada uno de sus nueve capítulos. Y es aquí donde, de nuevo, llega la inspiración shōnen al rescate, puesto que el juego se desvincula completamente de las leyes de la física para traernos auténticas barbaridades, cada una asignada a uno de los botones de nuestro mando o teclado. Importante mención al trabajo impecable que hacen los tutoriales para que todas estas novedades se sientan orgánicas y cómodas de aprender.

No quiero arruinar la sorpresa de algunas cosas aquí, pero básicamente acabaremos por tener un tren que se mueve por tierra, aíre, paredes o teleférico (hasta es capaz de salirse de las propias vías), todo mientras hacemos trucos que perpetúan combos gigantescos a los que la palabra multitasking se les queda absurdamente corta. Es, simple y llanamente, de las cosas más estimulantes y satisfactorias que he probado nunca. Abrazar esa “ridiculez” de un anime le permite ir más allá que cualquier otro juego de skate o de hacer trucos, mientras nos cuenta una historia sobre cómo un grupo de amigos improbable vence al fascismo mediante una subcultura de trenes y las curiosas habilidades que otorga.

Por supuesto, esa satisfacción llega tras varios intentos, y no recomiendo que nadie intente conseguir todas las medallas de oro y encadenar combos largos si no tiene la suficiente paciencia para perderlo todo con un choque y volver a intentarlo. Por suerte, nuestro tren es personalizable, y hay vagones con habilidades que nos facilitarán ciertas tareas, aunque cada uno tiene también sus desventajas (no vaya a ser que el juego nos lo ponga fácil por una vez).

One Train

En resumidas cuentas, Denshattack! es de las experiencias más locas que he vivido, con unos niveles exageradamente creativos y una jugabilidad que se siente como si cada vez te lanzasen más objetos con los que hacer malabares, teniendo una banda sonora y dirección artística que sirven como guinda del pastel. Junto a todo esto, su historia sigue los mismos pasos en su base que One Piece, una de las mejores historias jamás contadas, y queda como una muy buena versión (aunque reducida) en la que cambiamos a piratas por maquinistas gamberros.

Además, completar el 100% de Denshattack! me ha llevado entre 15 y 20 horas, lo cual es muchísimo para un título que sale por 20 euros. Si os gusta un buen reto, los buenos shōnen y la adrenalina, no puedo recomendar ningún juego de este año más que este. Para mí, es lo mejor que ha salido de la espectacular industria del videojuego española desde los fantásticos Laika: Aged Through Blood y Blasphemous 2.


Esta crítica ha sido realizada con una copia para PS5 cedida por JF Games.