Diablo V y StarCraft ya apuntan a 2029 y 2030, respectivamente. Quizás anunciarlos tan pronto tenga más sentido del que parece
Si no habéis estado encerrados en una cueva últimamente, seguro que habéis escuchado algo sobre la última BlizzCon. Quiero decir que, si yo, que no me considero especialmente fan de Blizzard (aunque reconozco que la saga Diablo me gusta bastante), pero sí sigo de cerca lo que da de sí la industria del videojuego, estoy al tanto de ello, seguro que vosotros también.
Sea como fuere, la conferencia dedicada a los juegos de la icónica compañía —cuya última edición se había celebrado en 2023— nos dejó una buena dosis de novedades en torno a sus propias sagas. Una adaptación animada de Diablo para Netflix o la esperada versión Classic+ de World of Warcraft (a la cual han tenido a bien llamar World of Warcraft: Forever y que se estrenará oficialmente el 4 de noviembre) fueron algunas de esas novedades. Ahora bien, lo que dejó a propios y extraños con el culo bien torcido fueron el sorprendente anuncio de Diablo V y la revelación del rumoreado shooter de mundo abierto de StarCraft —que, por ahora, se llama StarCraft, así sin más—.
Ambos anuncios ya son grandes por sí solos y podrían generar una conversación propia sin recurrir a otros temas relacionados, a pesar de que todavía sabemos muy poco sobre el próximo Diablo y sobre el regreso, con un enfoque y un género totalmente distintos, de StarCraft. Sin embargo, una de las cosas que más ruido ha generado es el hecho de presentar estos proyectos con tanto tiempo de antelación, puesto que uno se anunció para 2029 y el otro para 2030, respectivamente. Una decisión curiosa, la de revelar los próximos proyectos de dos franquicias más que grandes de Blizzard a bastantes años de sus lanzamientos previstos, sobre la que no he dejado de pensar de forma intermitente (tampoco soy un psicópata, vaya) desde entonces.
Al leerlo o escucharlo por primera vez, la verdad es que genera cierto impacto, bastante escepticismo y, entre otras cosas, una pregunta muy concreta: ¿tiene sentido que se anuncien con tanto tiempo de antelación? Pues no estoy del todo seguro, pero quizás sí puedo decir, al menos, que muchos jugadores y parte de la prensa se han llevado las manos a la cabeza demasiado rápido al ver que las próximas iteraciones de Diablo y StarCraft se estaban dando a conocer tan pronto. No seré yo el que defienda ciertas prácticas empresariales, pero ¿acaso no es algo habitual en la industria de los videojuegos? Yo diría que sí.

El «logo en llamas» existe
Entiendo que el shock proviene del hecho de anunciarlos ahora, en pleno 2026, dejando la barrera de tiempo entre los jugadores y ambos proyectos muy definida, ya que creo que, de haberse anunciado sin marcar 2029 y 2030 en el calendario, no se habría generado tanto ruido alrededor. Es decir, el concepto de «logo en llamas» existe por alguna razón y los nuevos Diablo y StarCraft están bastante dentro de esa misma idea, en mi opinión, a pesar de tener un año de lanzamiento ya previsto.
La magia de un «logo en llamas» reside en esa promesa de que algún día tendremos entre manos un juego que, en algunos casos más y en otros menos, esperamos con muchas ganas desde el momento de una revelación que, la mayoría de las veces, está bastante vacía. Por lo tanto, y más allá de esa promesa, no hay nada que nos garantice que ese juego acabará llegando a nuestras consolas y/o PC. No sé, si me pongo a pensar un poco, me vienen bastantes nombres de juegos que fueron anunciados un día y que tardaron muchísimo tiempo en llegar: Cyberpunk 2077 es un claro ejemplo de esto. El juego de CD Projekt RED se anunció en 2012 —aunque su primer teaser llegó en 2013— y acabó llegando en 2020 (algunos podrían considerar que no fue hasta uno o dos años después cuando el juego tuvo una versión digna de ser su «1.0»). Otro título que se me ocurre, entre unos cuantos más, es el que acabó llamándose Metroid Prime 4: Beyond, que Nintendo anunció en 2017 y, tras un desarrollo tortuoso y con distintos estudios involucrados, acabó saliendo en 2025.
Y esos son solo dos ejemplos de juegos que se anunciaron mucho antes de su lanzamiento, dejando deliberadamente abierta la posibilidad de que la espera se alargase al no poner una fecha en el calendario para esos proyectos. Luego, si nos ponemos más puntillosos, ¿cuántos juegos hay en esta nuestra «querida industria» que están anunciados desde hace años y aún no han visto la luz? Por supuesto, estoy mirando a la cara a The Elder Scrolls VI, presentado en 2018 con una representación muy clara de lo que es un «logo en llamas» y con la certeza, a día de hoy, de que aún quedan años para que llegue. Lo más gracioso de esto es que el propio Todd Howard, el director de Bethesda Game Studios, dijo que hiciéramos como si nunca lo hubieran anunciado —a modo de broma, claro está, pero tiene narices que lo diga—.

The Elder Scrolls VI no es el único ejemplo de esto; otro muy claro, y que posiblemente se lleva la palma, es Beyond Good & Evil 2, de Ubisoft. Esta secuela lleva incluso más años anunciada —desde 2017, aunque el proyecto arrastra una historia previa mucho más larga— que la de Bethesda y los rumores de cancelación sobrevuelan el proyecto desde hace varios años. Ha sido un desarrollo muy complicado, con cambios internos, reinicios y varios retrasos, que parece continuar hoy con la intención de que haya un juego al final de todo este largo camino.
Otros casos sonados y más recientes pueden ser los de Kingdom Hearts IV, cuyo anuncio tuvo lugar en 2022 y, si todo va bien, parece que saldrá finalmente a finales de 2027; el de BioShock 4, anunciado en 2019 por 2K Games y del que, salvo alguna que otra noticia sobre su problemática producción (un reinicio, reestructuración, despidos y el fichaje de Rod Fergusson para poder avanzar y terminar el proyecto, por ejemplo), no hemos sabido demasiado desde entonces; o el de OD, el juego de terror de Kojima con Xbox que se reveló en 2023 (aunque Kojima ya había anunciado en 2022 su colaboración con Microsoft —una relación que ha crecido recientemente gracias a Physint— sin dar detalles) y que apenas ha compartido un intrigante tráiler con algo de gameplay y algunas vagas novedades sobre su correcto desarrollo. En este último caso, OD: Knock, que se presenta como una especie de primer capítulo de una antología de terror con varios implicados en su escritura (Jordan Peele debería ser uno de ellos), no tiene pinta de que vaya a lanzarse precisamente pronto.
Como podéis leer, el mundo del videojuego está lleno de títulos que se anuncian mucho antes de salir al mercado y los que yo he mencionado son solo una parte, diría que bastante pequeña, de todos ellos. No digo que esto sea algo que me encante —aunque un buen «logo en llamas» tiene la mágica capacidad de alegrar el día a cualquiera—, pero es algo que pasa mucho. Las razones habituales por las que esto puede ocurrir son varias. Siempre hay que tener en cuenta que durante los desarrollos pueden surgir imprevistos que compliquen mucho las cosas; pero es cierto que, en muchísimas ocasiones, lo de anunciar juegos mucho antes de que estos estén listos suele responder a una necesidad de calmar a inversores en momentos de necesidad o incluso a su propia comunidad de jugadores, a querer atraer talento al proyecto en cuestión y, otras tantas veces, a pura supervivencia.

Anunciar pronto no es lo mismo que poner fecha
Ahora bien, este tipo de anuncios se suelen hacer sin dar un año de lanzamiento tan concreto, lo que les permite retrasar estos juegos sin hacer mucho ruido, si es que lo necesitan, y acabar provocando esas esperas que parecen interminables. Y es justo ahí donde los anuncios de Diablo V y del shooter de StarCraft para 2029 y 2030, respectivamente, chirrían bastante. ¿Qué necesidad tiene Blizzard de anunciar dos grandes juegos en 2026 que no saldrán hasta 2029 o 2030, en el mejor de los casos?
Según la presidenta de la compañía, Johanna Faries, la idea detrás de esto es la de «transmitir confianza en algunas de nuestras mayores apuestas que están por venir»; eso es lo que le dijo a Jason Schreier en Bloomberg. «Somos una Blizzard decidida a lanzar productos, y lo hará a lo grande y a tiempo» añadió, diciendo también que toda la desarrolladora estaba trabajando para que estos proyectos cumplan esos objetivos.
Y todo eso está muy bien, pero también es ponerse un poco la soga en el cuello y dejar el pie preparado para dar la patada a la silla en el caso de que, por la razón que sea, te veas obligado a retrasar estos proyectos, ya que la comunidad te estará mirando con lupa y no dudará en recordarte todo esto. No sé, de aquí a 2029 y 2030 pueden pasar tantas cosas que hasta asusta, la verdad; y más aún teniendo en cuenta cómo está la industria. Quién sabe, para entonces quizás ambos juegos sufran cambios muy importantes; la propia Blizzard podría cambiar radicalmente; incluso Xbox podría ser algo completamente diferente a lo que conocemos a día de hoy; o la industria como tal podría ser un ente irreconocible.
Blizzard y Xbox también necesitan transmitir confianza
Recordemos que estos anuncios llegan un poco antes de la nueva ola de despidos de Microsoft en Xbox, que se enmarca dentro de lo que los de Redmond denominan su «reinicio» y que ya se ha llevado por delante a cerca de 2.000 empleados, de un total de 3.200 que buscan despedir; varios estudios que han pasado a independizarse, como Double Fine, Compulsion Games y ahora Undead Labs, dejando la puerta abierta al posible cierre de otros como Ninja Theory o Arkane; y otros cambios muy profundos que han llevado, entre otras cosas, una saga tan icónica para Xbox como Halo a Activision. Es muy curioso ver cómo, poco a poco, Bethesda y Activision Blizzard van integrando más partes de una Xbox que parece desintegrarse; con el tiempo, casi da la sensación de que se está convirtiendo en una adquisición a la inversa, lo que da para otro artículo. Entonces, volviendo al tema que nos ocupa, ¿todo esto podría afectar a las dos cabezas de Activision Blizzard dentro de Xbox? Pues seguramente sí, a Activision seguro.
En cuanto a Blizzard, e intentando unir ambos hechos —la nueva ola de despidos y los anuncios de Diablo V y el nuevo StarCraft con un año marcado en el calendario de lanzamientos para cada uno—, creo que ha tenido el papel más conciliador en toda esta situación. Puede que ambas cosas no tengan nada que ver, pero me cuesta creer que sea casualidad dentro de una tecnológica tan gigante como Microsoft. Más allá de que Blizzard quiera «transmitir confianza» a su público habitual, pienso que aquí hay un claro mensaje de Xbox, que utiliza una de las patas más importantes de su estructura de estudios —de las que le quedan— y con mayor potencial para amasar fortuna gracias a World of Warcraft, Diablo, el regreso de StarCraft y el binomio que Blizzard forma con Activision. Un mensaje que pretende dar cierta imagen de control y, de nuevo, confianza a largo plazo a todos sus usuarios, que ahora mismo pueden estar preocupados, con razón, por el futuro de su plataforma y por ese «reinicio» que tanto llevan anunciando.
En definitiva, si vuelvo a hacerme la pregunta con respecto a las revelaciones de Diablo V para 2029 y de StarCraft para 2030 (hay que ir pensando en otro nombre que no sea tan confuso): ¿tiene sentido que se anuncien con tanto tiempo de antelación? Como decía, los «logos en llamas» existen por varias razones y, sin defenderlos más de la cuenta, tienen cierta magia; pero, en este caso concreto, hacerlo cumple con un cometido que tiene todas las capas que ya he planteado. Así que sí, tiene sentido. Quizás no para una comunidad de jugadores que, ante tantas decisiones lamentables y anticonsumidor, ya no da tan por válida la simple promesa de que acabarán jugando a un nuevo StarCraft; pero sí lo tiene para Blizzard, que trae de vuelta la BlizzCon de una forma triunfal y deja clara su intención de apostar por sus grandes franquicias —mientras también le ayuda a tapar los nuevos escándalos que puedan surgir, como la nueva demanda por presunto acoso sexual y discriminación de género que Activision Blizzard ha recibido recientemente—; y tiene sentido para Xbox, que, en medio de su sangrienta reconstrucción, manda un mensaje de esperanza a sus usuarios, recordándoles que aún piensan en desarrollar grandes juegos a largo plazo.
En 2026, anunciar Diablo V y el shooter de mundo abierto de StarCraft sí tiene sentido, tanto para Blizzard como para la industria en general, que también puede sacar algo de estas revelaciones; pero el paso del tiempo es muy puñetero (como la realidad, aunque a veces se empeñen en ignorarla) y más cuando estás en un entorno tan complicado y cambiante como los videojuegos. Veremos si no les acaba pasando factura anunciar dos de sus buques insignia con tanto tiempo de antelación y si realmente, al final de todo este trayecto, salen dos juegos que podamos jugar, sin que tengan un precio mayor (tanto de coste como humano) del que podamos y debamos pagar.




