Jugar en consolas: menos accesible que nunca
Como probablemente sepa ya cualquiera que se mantenga mínimamente al día con los acontecimientos más importantes de esta industria que tantas desgracias nos da en los últimos años, ayer PlayStation anunció que, a partir de 2028, cesará la producción de discos para sus videojuegos, dejando el formato digital como el único disponible de cara al futuro. La desaparición del formato físico es algo que se lleva entreviendo desde hace un tiempo, pero ahora, con el caso de GTA VI junto a la noticia de que PlayStation (y probablemente Xbox también) va a apostar por consolas 100% digitales, parece una certeza.
En una sociedad como la actual, en la que vivimos conectados a redes sociales constantemente y todo se intenta automatizar, “evolucionar” o hacer accesible mediante avances tecnológicos; algo como el formato físico parece obsoleto. En este contexto, puedo llegar a entender a las personas que, frente al anuncio de la subsidiaria de Sony, argumenten que tampoco estamos perdiendo mucho, que en realidad esto es simplemente el inevitable avance de las cosas, pero no podrían estar más equivocadas.
Obviamente, desde un punto de vista más humano (que a muchas personas les cuesta adoptar hoy en día), esta decisión deja en jaque a todas las tiendas de videojuegos del mundo y a empresas como son en España Meridiem y Tesura, cuyo sustento es distribuir ediciones físicas de videojuegos. Sé que para muches esto no será demasiado relevante, pero debo insistir en que estamos hablando de la pérdida del trabajo de muchísima gente o, como mínimo, de un cambio drástico de su manera de operar, por culpa de que una empresa tan grande como PlayStation se quiera ahorrar unas perras.
Podréis pensar que todavía recibiremos en formato físico los títulos indie o third party de la mano de estas distribuidoras, pero lo más probable es que la PlayStation 6 y la nueva Xbox no tengan lector de discos, por lo que no tiene ningún sentido seguir produciéndolos. Podrán seguir existiendo las ediciones coleccionista, pero estas no son exactamente las versiones físicas más accesibles. Estamos hablando del cambio o colapso entero de lo que podríamos considerar una industria por sí sola de aquí a menos de dos años, con el coste humano que eso conlleva.
Por otro lado, no nos podemos olvidar de la segunda mano. Una inmensa cantidad de jugadores, yo mismo incluido, nos metimos en esto comprando juegos seminuevos en formato físico, puesto que es la mejor manera de hacerte con varios títulos cuando eres un niño o adolescente al que no le sobra el dinero. Esta opción, junto a la oportunidad de recuperar un poco de dinero por una obra que no te haya terminado de convencer, también desaparecerá.

Cuando lleguen los títulos AAA de finales de esta generación y principios de la próxima, la única opción para los exclusivos de consolas será pagar 80 o más euros (a pesar de que ni siquiera tienes una caja o disco) o no jugarlos jamás. Y sí, llegarán las rebajas, pero la PlayStation o Microsoft Store no son famosas por hacer rebajas espectaculares, y mucho menos de títulos importantes durante su primer año. Si amo este medio artístico y quiero experimentar las obras más importantes de cada año, se me castiga con una barrera como esta, que convierte al videojuego en artículo de lujo, de forma definitiva, al eliminar la segunda mano o la opción de recompra.
Por si esto no fuera suficiente, no olvidemos que los títulos digitales no son nuestros. Cada vez que compramos un juego de esta forma, solamente estamos obteniendo una licencia, la cual se nos puede revocar en cualquier momento, en caso de descatalogación o del cierre de servidores, por ejemplo. Además, desde hace ya un tiempo, los discos que compramos no incluyen todos los datos, dependiendo de una conexión a internet para descargar lo que no viene en formato físico. Si esto ya era lamentable, ahora no tendremos absolutamente nada en nuestras manos o estanterías.
En un momento en el que medios como la música o la fotografía revalorizan el formato físico, los videojuegos parecen ir hacia atrás, con la excusa de que se trata de una evolución lógica. Incluso en el cine existen distribuidoras como The Criterion Collection o A Contracorriente Films, que gozan de mucho éxito y popularidad entre los amantes del celuloide, por no hablar de que los videojuegos no tienen una experiencia equivalente a ir a ver una película al cine. Hasta los cómics, mangas y libros siguen triunfando en formato físico, por mucho que existan alternativas digitales cómodas y accesibles.
En definitiva, este movimiento de PlayStation (y, eventualmente, del resto de empresas grandes del sector) no tiene excusa ni fundamento, más allá de un penoso intento de monopolizar la manera en la que jugamos y de quitarnos agencia y propiedad hasta en algo tan inocuo como un hobby. Existen otras maneras de acceder a cualquier AAA que esté disponible en PC, pero los equivalentes a Saros, Spider-Man, God of War, Astro Bot o The Last of Us, entre muchísimos otros, de la próxima generación se quedarán encerrados tras un muro de 80 o 90 euros que ni siquiera nos garantiza que el juego sea verdaderamente nuestro.
Con la pérdida de accesibilidad al erradicar el mercado de segunda mano, la desaparición o cambio drástico forzado de negocios enteros al no poder vender nada posterior a PS5 (por muchos años que pasen), el encarecimiento de un medio artístico o la incapacidad de poseer un título de verdad, la decisión de PlayStation respecto al formato físico es inaceptable. Cada vez hay más señales de que esta industria necesita un colapso o un lavado de cara, aunque temo que ninguna de las dos llegue antes de que esto que tanto amamos se convierta en el medio artístico más predatorio y dañino para el consumidor de la historia, si no lo es ya.


