It makes good TV

De entre todas las portadas de Edge de mi etapa como suscriptor hay dos que recuerdo especialmente bien, aunque por razones que hoy resultan completamente dispares. Una corresponde al número 341, con The Lord of the Rings: Gollum ocupando el prestigioso espacio de cabecera de la revista británica meses antes de convertirse en uno de los lanzamientos más desastrosos de los últimos años. Primicia que desde Edge vieron con los suficientes buenos ojos como para dedicarle un extenso reportaje a un título del que sólo podían enseñar arte conceptual, todo mientras entrevistaban a unos ilusionadísimos desarrolladores. La otra fue el número 333, publicado en julio de 2019, una exclusiva mucho menos ruidosa, vista con perspectiva, pero también mucho más curiosa, ya que anunciaba la aparición de una nueva consola que no venía de ninguno de los grandes nombres de la industria. Playdate se dio a conocer al mundo con su palanca, sus pocos botones, su pantalla en blanco y negro y su distintivo color amarillo para proponernos una idea de un dispositivo bastante alejado de las inercias del mercado. Un sistema cerrado, con videojuegos diseñados en muchos casos para la plataforma. Y de entre todos esos videojuegos que con los años se han estado publicando para Playdate, Blippo+ llega a nosotros como uno de sus artefactos más peculiares.

Editado por Panic y desarrollado por la banda de pop experimental YACHT junto a la productora Telefantasy Studios, se trata de un título que nació originalmente para esa pequeña pantalla de 1 bit antes de atreverse a dar el salto completo a color de Nintendo Switch y PC. Blippo+ nos propone una simulación de red de televisión local del planeta Blip. Simulación que nos permite navegar haciendo zapping entre una considerable variedad de canales alienígenas, -y su correspondiente teletexto- gracias a un fenómeno conocido como “el pliegue” que parece haber reducido la distancia entre ambos planetas, algo que ha permitido que nuestros dispositivos puedan sintonizarlos. En Playdate el contenido se iba actualizando de forma periódica con nuevos programas a lo largo de once semanas, mientras que en el resto de versiones existe un sistema de progresión invisible que nos permite “descargar” esos datos tras haber visto una cantidad indeterminada de su programación.

Así que abres el videojuego y enseguida empiezas a consumir TV extraterrestre con toda la naturalidad del mundo. Saltas de programa en programa. Hay contenido que te resulta interesante. Otro que descartas. Lo haces esparrancado en la cama, en el sofá. Notas la diferencia de decibelios entre los canales. Repites las frases gancho de tus programas favoritos, o tatareas la música de cabecera. Dejas a un lado el mando de la consola como si fuese el de la televisión para luego acabar pensando “pero dónde narices lo he dejado” cuando arranca ese programa que ya has visto; efectivamente, está detrás del cojín en el que te apoyas, otra vez.

No es muy raro que la televisión, nuestra televisión, resulte alienígena, y es fácil de comprobar. Todos nos hemos quedado dormidos frente a una para acabar despertándonos a las tantas de la madrugada mientras se retransmite algún programa que parece estar suspendido en el limbo de la atención. Noches de insomnio, turnos de noche o tiempo en el bar del área de descanso durante un trayecto de madrugada. Imágenes televisivas diseñadas para llamar nuestra atención, aunque tampoco mucho. Esperan ser consumidas, esa es su naturaleza y no pueden escapar de ella, pero irremediablemente están ahí para rellenar espacio cuando el receptor se presupone como ausente. Suspendidas en un trance donde ser parece un compromiso, así que se limitan a ser poco. Ruido de fondo, estática y realidad suspendida que de forma velada te someten a un juicio de preguntas: qué haces mirándonos, quién eres y qué haces aquí. 

Blippo+ se organiza de una forma semejante, te mueves en esas capas de realidad ajena pretendiendo que toda esta movida tiene sentido porque hay un eco de un lenguaje compartido que nada tiene que ver con la palabra. Las formas de la televisión son iguales: esto es un concurso, esto es un canal guarro, esto es una serie, esto las noticias. No necesitas que te lo digan porque lo distingues en segundos cuando te mueves entre cadenas, ya sean terrestres o alienígenas. Porque el zapping puede ser una derrota, un descontento con todas las imágenes cuando ninguna parece ser suficiente, o todo lo contrario, un mar de indecisión propulsado por la inercia que no te deja escapar. Pero Blippo+ entiende esa lógica de la inercia y que el atractivo de reengancharte a una narración a medio construir está en la propia reconstrucción del sentido. El título va jugando con el lenguaje formal del medio mientras te invita a ser partícipe de una parodia que no busca grandes respuestas. Te invita a la contemplación desenfadada y a jugar con los significados. Hay muy poca información realmente importante; el resto existe para alimentar una curiosidad casi pasiva, la inercia televisada.

Un fenómeno aún más reseñable cuando dicho ejercicio surge de una televisión que no te habla en tu idioma. Y sigues sin necesitar un puñado de canales del espacio exterior para darte cuenta de esto, porque, al fin y al cabo, Blippo+ nos habla en inglés y podemos ponerle subtítulos en español. Es esa misma sensación que puedes encontrar en un hotel con una caja de imágenes que sintoniza emisoras que no debería para que la clientela extranjera se sienta un poco menos alienígena. Como me ha pasado a mí alguna vez, empiezas viendo Los Simpson en alemán y notas cómo la memoria de los diálogos se abre paso y se superpone a esas palabras incomprensibles para ti. Enseguida cambias a un concurso, los recuerdos ya no te guían así que solo te puedes fiar de la imagen. Tu percepción de lo que ocurre empieza a transformarse constantemente, las hipótesis saltan y se pelean en tu cabeza mientras unos pocos minutos de televisión parecen un laberinto de respuestas desconocidas. Y entonces te paras a pensar: qué raros son los rótulos, qué cortes más absurdos, qué realidad más carente de sentido.

Por eso hay algo que parece apropiado cuando entiendes que Blippo+ nació para Playdate. Porque es como si fuese una consola llegada de otro lugar, casi empeñada en ir a la contra del resto. Un dispositivo que fue creado para romper con la carrera tecnológica de la industria, como buscando ser menos, uno que se mezcla con un artefacto audiovisual enmascarado como videojuego porque incluye interactividad y progresión. Por eso parece consecuente querer ver la televisión del espacio exterior en un aparato como este, pero paradójicamente las versiones de Switch y PC tienen sus propias ventajas. La ausencia de color en la pantalla de Playdate no es capaz de hacer del todo justicia a unos canales que hacen gala de un uso tan deliberado del color y otros elementos de la gramática visual a la hora de construirse. Esto nos deja con dos formas de experimentar la obra: una que potencia la extrañeza general de la experiencia y otra que ensalza esa riqueza visual que la hace tan particular.

Su naturaleza es completamente experimental y ese es, sin duda, su punto más atractivo. Poco a poco va trazando un arco narrativo que permite una visión más global de los acontecimientos, pero todos los canales y programas nacen de una inventiva envidiable. Todos extremadamente particulares, con estéticas profundamente trabajadas hasta el punto de que te venden completamente la idea de que hay decenas de productoras extraterrestres involucradas. Cada una con sus particularidades, con su público y sus intereses comunicativos. Algunos contenidos nos resultan conocidos en el sentido más amplio, otros no, pero lo que demuestra a su manera Blippo+ es que el contenido no es lo más importante, no tanto como encontrar y experimentar con los márgenes por los que se mueve el medio. Su estructura, -minimalista, basada en cambiar de canal y movernos por sencillos menús, y bastante centrada en reproducir de forma consecuente la experiencia de ver la televisión, con pocas concesiones- está siempre al servicio de su visión general.

Lo curioso es que casi nunca necesitamos comprender qué está ocurriendo para reconocer qué estamos viendo. Sabemos identificar un concurso incluso cuando somos incapaces de explicar sus reglas, de la misma forma que distinguimos un informativo de una sitcom o un anuncio. Blippo+ juega con la alfabetización audiovisual a través de un uso divertidísimo de su lenguaje. Décadas de televisión nos han enseñado a detectar esa gramática algo cutre y un poco torpe, que nace de un medio que se mueve mucho en la inmediatez y la caducidad de un contenido condenado a ser sustituido constantemente por el siguiente. Y lo envidiable es que un puñado de canales extraterrestres sean capaces de recordárnoslo.