Muchas opiniones desafinadas

Mixtape lleva ya un buen tiempo en el mercado y aún no he podido terminarlo. No vengo a hablar del juego, sería irresponsable querer opinar de un juego sin terminarlo. Si lo hiciera me pondría al nivel de muchos tuiteros intentando rentabilizar el verificado, y aún no caigo tan bajo. De lo que sí puedo opinar es del ruido que se ha generado alrededor de un juego que no sé si quería ser siquiera tan relevante.

Creo firmemente que, si no fuera por el 10 que le puso IGN, la discusión alrededor de Mixtape habría sido mucho más breve y menos polarizada, pero nos tocó la línea temporal escrita por guionistas que reciclan los mismos arcos con personajes diferentes. Y aquí estamos, en 2026, y la discusión sobre si los walking simulators son videojuegos ha vuelto, en forma de chapa.

Hablemos sobre ese 10 de IGN que tantas ampollas ha levantado. Una vez lees la crítica (algo que, por lo que he visto, pocos han hecho), está claro que no hay malicia alguna en el texto. Simon Cardy hace notorio, casi en la primera línea, que este tipo de historias coming-of-age resuenan particularmente con él. Simon se declara un fanático de la música, de revivir recuerdos y de revisitar ese paso de la adolescencia a la adultez, dejando claro que no es un análisis que busca ponerse en los zapatos de los demás jugadores; es un análisis (y un analista) que admite ser particularmente sensible a lo que la obra propone.

A Cardy le fascinó el juego, y así lo plasmó en su texto. La nota que decide ponerle responde a esa fascinación. Pero claro, cuando lo único que se juzga es el numerito y no se le da importancia al texto que lo soporta, el número termina por parecer una decisión aleatoria que responde al capricho del crítico, por parecer una decisión aleatoria que responde al capricho del analista. O una imposición por presiones comerciales. O cualquier otra cosa no sea un reflejo (quizás distorsionado) de un proceso de reflexión que una persona, con todas sus particularidades, ejerce sobre una obra. Se quedan con el 10, pero no se molestan en entenderlo.

Independientemente de la nota, el análisis de Cardy me parece más que correcto, no porque esté o no de acuerdo, sino porque cumple con su objetivo principal, y ese es informar al público sobre el juego que le espera. No digo que las reviews estén supeditadas a ser meras guías de compra; lo que quiero decir es que, leyendo a Cardy, me doy una buena idea de qué juego me espera y, si tomo sus palabras con seriedad, incluso puedo llegar a la obra con una sensibilidad ajustada a lo que Mixtape propone. Siendo el texto una buena radiografía de lo que me espera y dándome una idea de cómo el autor observa y juzga la obra, ¿qué más puedo pedirle?

Y es que la relación de ciertos jugadores con la prensa resulta llamativa, pues no les tiembla el pulso para sentenciar que perdió totalmente su credibilidad y relevancia, mientras que dedican demasiada energía en demostrar que está equivocada. Es como querer evidenciar a toda costa que un cuerpo dejó de respirar cuando está ya en los huesos. Demasiado esfuerzo para comprobar algo que dan por verdad, a menos, claro, que sepan o piensen que no lo es.

Mixtape, como juego, me parece que está en una situación muy incómoda. Su propuesta narrativa de apenas unas horas, su estilo gráfico cercano al stop motion y que Annapurna decidiera publicarlo, deja en evidencia las ambiciones del juego. No creo que haya sido desarrollado pensando en el gran público. Más bien creo que es un juego cuya intención era atacar, con una propuesta muy específica, un nicho muy particular. Y si ha logrado ser tan relevante es porque a una persona con un gran altavoz le gustó mucho y quizás se dejó llevar. Si me guío por lo que he leído de jugadores un poco más críticos y menos ruidosos, el juego es disfrutable siempre y cuando se vaya con la intención de interpretar un papel muy nostálgico, y sea uno capaz de pasar por alto algunas asperezas, tanto en lo narrativo como en lo interactivo.

Y las asperezas son el punto clave. Últimamente me he visto expuesto a un tipo de contenido muy particular, aprovechado sobre todo por influencers, que consiste en extraer de manera maliciosa un clip donde se muestre un pequeño fragmento del juego junto con un texto (cuanto más breve mejor) que no dice nada más allá del precio del juego o la nota que algún medio le puso. Obviamente, el fragmento de video siempre muestra una aspereza, un fallo gráfico, un diálogo mal escrito, una interacción rara con un NPC o, en el caso de Mixtape, secciones puntuales donde el jugador no interactúa de ninguna manera. 

La jugada es simple, el texto y el video buscan despertar indignación, el texto es intencionalmente corto y vacío para que no haya nada que discutir ya que el video es el argumento. Es un uso tramposo del famoso “una imagen vale más que mil palabras” que, además de esparcir mentiras, deteriora la conversación real y la reemplaza por olas de indignación fabricadas por cuentas que lo único que buscan es generar la suficiente tracción para hacer rentable la insignia de verificado. 

La falacia de evidencia incompleta, más conocida por su nombre en inglés cherry picking, es una trampa discursiva donde se escoge adrede solo el dato o la evidencia que respalda un argumento; en cristiano, es tomar lo que te da la razón y descartar lo que te contradice. Por eso, cuando se decía a viva voz que Mixtape se podía completar con el mando en la mesa se mostraban las mismas secciones, porque a nada que jugabas o veías un gameplay, esa afirmación se caía a pedazos. Pero esto no sería tan grave si no fuera porque genera tanto ruido que complica enormemente iniciar y mantener conversaciones con verdadero valor. 

Afortunadamente, no han sido pocos los jugadores que han intentado matizar el discurso sobre la interactividad. Algunos han optado por usar clips concretos y otros, a los que más admiro, han planteado conversaciones interesantes sobre cuánta interactividad necesita una obra para considerarse un videojuego. Como es natural, estas discusiones requieren un desarrollo y, no importa qué tan bien se argumente, no falta el iluminado que responde con un fragmento descontextualizado y el mismo argumento que los usuarios con verificado lograron imponer a fuerza de repetición y simplicidad. Y aunque me refiero sobre todo a influenciadores, los medios no son ajenos a cómo funciona internet.  

En un entorno lleno de ruido y un mercado tan competido, parece que las notas, tanto las más altas como las más bajas, son una de las formas en las que la prensa logra hacerse un hueco en la escena. Cada juego y cada nota son un mundo, sin embargo en el caso de Mixtape, su valoración y el texto de Cardy (el diez y su esperada repercusión) lograron llamar la atención sin dejar de ofrecer valor. El texto le da sentido a una nota que los sedientos por monetizar la indignación no dudaron en tildar de injustificable por medio de publicaciones engañosas y el constante deterioro del debate.

Y aunque la conversación sobre videojuegos se da en medio del barullo que generan las frases prehechas, y mentiras repetidas tantas veces que los menos interesados toman por verdad, el consuelo es que se sigue dando. Y aún con todo esto sigo encontrando medios, usuarios y creadores independientes dispuestos a discutir tras pasarse los juegos, dispuestos a profundizar en las propuestas, entender sus intenciones y contextos, y analizarlas más allá de las frases típicas y los lugares comunes; y es a eso a lo que debemos prestar más atención en medio de tanto contenido vacío.