El entorno de trabajo de los creadores de Season

“Cultura de club de hombres, entorno hostil para unas mujeres degradadas por empleados, infantilizadas, tratadas como si no supieran de lo que hablan, comportamientos sexistas, comentarios inapropiados sobre sus vestidos, trabajadores que les preguntan si quieren casarse con ellos, y tocamientos”. Este es el lugar de trabajo que ha mantenido Scavengers Studio, creadores de Season, al menos durante cuatro años, según denuncian nueve actuales y antiguos empleados de la empresa en un artículo de Rebekah Valentine para GamesIndustry.biz. Un entorno machista donde se han llevado a cabo prácticas tan surrealistas como esta: “Un grupo presentó la idea de que la protagonista del juego, Abby, tocara la guitarra”, sin embargo, “alguien destacó que esa característica no era realista porque la guitarra es demasiado complicada para una mujer, que en vez de eso debería tocar el ukelele”, cuenta Valentine a través de sus fuentes. Son denuncias sobre trabajadores de Scavengers y, lo peor de todo, focalizadas en su director creativo Simon Darveau. 

Estamos hablando de una persona que participó en los episodios comentados y que se pasó haciendo bromas durante toda una reunión en la que el equipo debatía sobre políticas frente a los abusos. “Un perro incapaz de controlarse así mismo”; de esta manera se definía Darveau, de acuerdo con una de las fuentes. Ya es intolerable que alguien se comporte así en la vida, pero es todavía más grave cuando este sujeto era uno de los directivos de la compañía. Se trataba del máximo responsable de la parcela creativa y quien inspiraba a sus compañeros a la hora de crear un videojuego. Estos comportamientos, quieras o no, influían en los subordinados, que veían cómo los abusos estaban permitidos o incluso premiados. Y es que “los comandos”, un grupo de programadores amigos que nunca fueron objeto de crítica de Darveau, tenían a uno de sus integrantes como uno de los principales acosadores. La cultura machista de Scavengers era robusta y, por si fuera poco, contaba con el beneplácito de la CEO Amélie Lamarche. 

Season

La cultura machista de Scavengers era robusta y contaba con el beneplácito de la CEO Amélie Lamarche.

Lamarche había mantenido una relación con Darveau y en 2019, según responde Scavengers a GamesIndustry.biz, el director creativo fue sustituido por ella en el puesto de CEO, encargándose de mantener una oficina llena de felicidad y donde las diferencias eran bienvenidas. Sin embargo, todo eso era falso, puesto que la mujer al frente de la firma actuaba como una técnica de recursos humanos, haciendo todo lo posible para proteger a Darveau. Sí que es cierto que se contrató a dos técnicos de verdad, pero ambos abandonaron la desarrolladora, conforme a las explicaciones de los entrevistados. Además, parece ser que todos los débiles esfuerzos por cambiar la cultura no han servido de nada.  La impunidad se ha instalado en Scavengers porque aquellos que han efectuado abusos y los que los han consentido siguen en el poder y tiene pinta de que lo pueden estar durante un tiempo al ser ellos mismos los capos. Simplemente, lo que deberían hacer estos seres es dimitir ante las acusaciones, pero eso no va a pasar. No sé si como comunidad podremos echar a esta gente de sus puestos criticándolos, pero sé que tenemos el deber de hacerlo. En cualquier caso, lo más efectivo sería que una investigación judicial se encargara de los sucesos para así acabar con este ambiente tan despreciable.

Toda esta toxicidad que rodea a Scavengers me recuerda un poco a la explotación laboral establecida en Naughty Dog. Dos estudios sobre todo con unos directivos que de puertas hacia fuera parecen enormes artistas gracias a lo atractivo que resultan sus productos, pero que en realidad son unos abusadores, que inclusive ni niegan completamente las acusaciones. Al fin y al cabo, la atmósfera descrita nos recuerda una lección: que es muy desaconsejable tener a alguien en un pedestal porque hay la posibilidad de que sea digno de alabar, pero también existe la eventualidad de que sea un auténtico malévolo.