Bienvenidos a Crow Country. Bienvenidos de nuevo a los 90.

Enciendes la consola y poco después los píxeles inundan tu pantalla sin disimular, gruesos y angulosos. Predominan los colores oscuros y lentamente, al ritmo del tecleo de una máquina de escribir, un mensaje empieza a imprimirse en pantalla en una tipografía simple y grande. Probablemente te muestran una fecha y un lugar, o tal vez la presentación de un personaje. Sabes de sobra el tipo de aventura que te espera tras la breve cinemática. Movimientos lentos, cámaras fijas o perspectivas isométricas, probablemente. Escenarios circulares, recursos escasos y una historia que descubrir a través de la narrativa ambiental, potenciada por la atmósfera inquietante. La fórmula es sencilla y contundente.

1994.

23 de octubre.

11:40 P.M.

Sheffield, Reino Unido.

Mi nombre es Shirley Graham…

La esencia que creó escuela

Es solo un ejemplo ficticio, con datos que se me han ocurrido mientras escribía, pero que encapsulan la esencia más reconocible y reconfortante de los survival horror de la década de los 90, y también de principios de los 2000. Me ha parecido adecuado iniciar así el artículo sobre Crow Country, tratando de sumergirnos en ese espíritu tan reconocible de un género que nos marcó como jugadores en los años en los que la primera PlayStation iniciaba su andadura. Estoy seguro de que para todos aquellos que hayan recorrido la comisaría de Raccoon City, los pasillos de la mansión Spencer, las calles de Silent Hill o las instalaciones de la isla Ibis, Crow Country será un familiar y encantador paseo por un escenario de pesadilla.

Desde el primer momento, desde esa secuencia cinemática inicial, este título independiente de terror desarrollado por SFB Games, nos deja claras sus intenciones e inspiraciones. Si has jugado Resident Evil, Alone in the Dark, Silent Hill, Dino Crisis, Koudelka, o cualquier otro surival horror clásico, no tardarás en sentir que vuelves a algo muy conocido. Los hermanos Vian, la pareja de desarrolladores que conforman SFB Games, han puesto en esta obra un cariño evidente hacia las raíces (jeje) de un género, y queda claro que buscan transmitir a su público aquello con lo que disfrutan.

Crow Country comienza con un plano del coche de nuestra protagonista, Mara Forest, circulando en mitad de un entorno de completa oscuridad. Con sus gráficos pixel art al estilo de la época de PSX, vemos como los faros de su Ford Fiesta rasgan la oscuridad a medida que avanza, volviendo a dejar el camino en penumbras a sus espaldas. Mientras vemos esto aparecen en pantalla las mencionadas letras simples, blancas y grandes, que nos devuelven a la década de los 90. Nuestra protagonista nos deja un mensaje claro, en forma de diálogo introspectivo.

Si alguien te pregunta…

Me llamo Mara.

Mara Forest.

Agente especial Forest.

Esa soy yo. No lo olvides.

No te equivoques.

Bienvenidos a Crow Country

Con esta sencilla fórmula, el juego sabe contarnos varias cosas importantes. En primer lugar, nos deja claro “a lo qué venimos”. Todo el que haya llegado a Crow Country guiado por su amor al género survival horror se sentirá como en casa con este inicio. Y, por otro lado, presenta brevemente a su personaje, mostrando mucho más de lo que aparentemente cuentan explícitamente esas palabras. El aire de misterio y urgencia queda elegantemente presentado con esta breve secuencia. Inmediatamente queremos saber más sobre Mara y sus motivaciones. Poco después se nos presenta la primera pantalla jugable, con Mara fuera del coche, en un pequeño aparcamiento frente a una reja de entrada.

Estamos en el parque de atracciones abandonado de Crow Country, que da nombre al juego, y a partir de este momento iniciaremos la exploración de cada uno de sus rincones. El objetivo de Mara es encontrar al desaparecido Edward Crow, dueño del parque y conocido magnate local. Sin embargo, las palabras de Mara parecen encerrar alguna preocupación o motivación más allá de su estricto deber policial. Y así, en apenas unos minutos, el juego nos deja plantada la semilla de la intriga, para seguir alimentándola a lo largo del transcurso de la aventura.

Como buen survival de la vieja escuela, Crow Country se cimenta sobre una exploración marcada por los obstáculos y la resolución de puzzles, en un escenario circular conformado por las distintas áreas temáticas del parque de atracciones. Sin embargo, dentro de la familiaridad de su inspiración, este título también sabe agregar sus propios rasgos de personalidad, y el primer factor que me llamó la atención fue la división visual en la construcción de sus escenarios.

Cada pantalla o área independiente está delimitada por una barrera en la que el escenario se interrumpe de golpe, “cortado” por el negro absoluto de la pantalla. De esta forma, cada estancia o espacio adquiere la apariencia de un pequeño diorama de juguete en el que nos movemos antes de saltar al siguiente. Esta decisión de diseño contribuye a un entendimiento espacial y visual más claro del juego, que permite al jugador memorizar el mapeado con mayor rapidez y precisión.

Inspiración con cabeza

Y es que Crow Country no sólo toma las herencias más distintivas del género, sino que sabe entenderlas, y cómo y por qué funcionan. Por eso, uno de sus grandes pilares es la atmósfera, esa misma que empieza transmitiendo a través de la escena inicial antes mencionada. También lo hace con los diálogos introspectivos de la protagonista cada vez que examinamos un objeto. Esos que parece que, de alguna forma, rompen la cuarta pared para contarle algo al jugador al tiempo que pretenden ser diálogos internos de Mara. “Parece que algo atasca la puerta…”. “Nunca se me ocurriría meter la mano ahí…”, o similares.

Crow Country bathroom

También en el uso del sonido, y no sólo mediante la música, se apoya la construcción de esta atmósfera inquietante. El sonido claramente diferenciado entre pisar piedra, metal o madera, a veces tan marcado que puede resultar incluso antinatural, es otro recurso sonoro que nos transporta a esos juegos en los que se inspira. También las voces que proceden del fondo de una habitación envuelta en sombras, o los efectos sonoros al recoger un objeto.

Logística para sobrevivir

Y esto de los objetos nos lleva a otro de los puntos clave de Crow Country: su sistema de gestión de recursos y su inventario. Para la construcción de un buen survival es esencial que el jugador sienta la necesidad, casi la urgencia, de acumular y reservar recursos. Ya sean balas o medicinas, en este género sabes que se ha conseguido un buen equilibrio cuando te resulta satisfactorio encontrar un botiquín más o unos cuantos cartuchos de escopeta.

En el caso de Crow Country vamos a empezar por hablar del diseño y funcionamiento de su inventario. Al más puro estilo de los Resident Evil más clásicos, disponemos de un inventario que pausa el juego e interrumpe el paso del tiempo. De esta forma tenemos tiempo y tranquilidad para gestionar nuestros recursos y decidir cuál es la mejor opción para la situación que enfrentamos en cada momento. La condición de salud del personaje también se visibiliza en este inventario, en forma de electrocardiograma y no con la clásica barra de salud. De esta forma, no hay una HUD de salud en pantalla mientras jugamos, y el estado de salud del personaje se deduce únicamente por la postura y la forma de caminar del personaje.

En cuanto a la gestión de los recursos y el espacio, en lugar de tener un número de casillas limitadas que llenar de cualquier manera, como ocurre en la saga de Capcom, tenemos un espacio asignado de forma predeterminada a cada tipo de objeto. Desde botiquines hasta los distintos tipos de munición, y en cada casilla podremos llevar un número máximo de cada recurso. Una vez alcanzado ese límite no podremos adquirir más hasta consumirlos.

Pregunta primero, dispara después

Teniendo esto en cuenta, la dificultad de Crow Country es bastante accesible siempre y cuando juguemos con un poco de cabeza. El parque se irá llenando más y más de enemigos a medida que avanzamos, y en muchas zonas reaparecen más enemigos después de derrotarlos. En consecuencia, el juego premia al jugador juicioso sobre cuándo gastar munición y cuando no. En muchas ocasiones es mejor ignorar a los enemigos, a no ser que nos impidan el paso, y reservar así nuestra munición. Además, para facilitar las cosas y evitar que una partida se vaya al traste por una mala gestión, hay ciertos lugares donde encontrar recursos “infinitos”.

No son realmente infinitos, sino que aparecen o no en función de nuestra situación. Dispersas por el parque hay papeleras y máquinas expendedoras que podemos examinar para obtener munición o medicina, y que pueden darnos objetos útiles o chatarra en función de la cantidad de recursos en nuestro inventario. De esta forma, tanto el jugador veterano del género como el novato pueden disfrutar la aventura sin mayores contratiempos.

Como es habitual en la vieja escuela, a lo largo de la aventura dispondremos de varios tipos de armas con sus municiones específicas, diferenciables por los colores de sus cajas. Armas de características bastante diferentes, y que tendremos que conseguir peinando cada rincón del parque. En algunos casos resolviendo acertijos o problemas para acceder a ellas. Pistola, escopeta, lanzallamas, mágnum y granadas componen el arsenal de Mara, un abanico nada desdeñable y que recuerda a los clásicos en los que se inspira.

Un parque lleno de secretos

Por otro lado, estas armas se pueden mejorar de distintas formas, a través de una serie de secretos dispuestos por todo el mapeado, y que nos obligarán a jugar un poco más concienzudamente. Encontraremos PNJ´s que nos mejorarán la efectividad de las armas, o accesorios como punteros láser que añaden funcionalidades. Los puzzles serán necesarios para obtener estos recursos extra y también para progresar en la aventura. Aunque no son complicados o profundos en exceso, sí que ofrecerán una interesante y variada gama de minijuegos y acertijos.

Por último, y también en honor a la herencia de la que se alimenta, Crow Country tiene en cuenta la rejugabilidad, y nos recompensará con distintos objetos adiciones de cara a las NG+. Por otro lado, contamos con una suerte de misión secundaria al acabar por primera vez la aventura. Al volver a empezar se nos propondrá un objetivo extra que desbloquea una recompensa secreta. De esta forma se incita a la rejugabilidad, que, por otro lado, resulta bastante apetecible dada la duración del título, de entre 4 y 6 horas. Se trata de una aventura breve, pero no vacía. En la que sentimos que cada minuto de esas seis horas está lleno de actividades y descubrimiento. Nada sobra y termina justo cuando tiene que acabar.

Indispensable

Crow Country es un a oda a un género del survial horror que marcó a varias generaciones de jugadores, y que cimentó algunas de las franquicias más importantes del medio. Una carta de amor cargada de cariño por el producto y que sabe añadir su personalidad propia a todo aquello de lo que toma inspiración. Sinceramente, no se me ocurren pegas para ponerle a este juego. Una obra que tiene claros sus objetivos y no se pasa de ambicioso para hacerlo todo de manera redonda. Un survival horror de corte puramente clásico que captura a la perfección lo mejor del género. ¿El mejor survival horror de 2024? Al menos hasta la fecha, sí.


Este análisis ha sido realizado con una copia digital para PlayStation 5 adquirida por la redacción.