Sony configura un futuro incierto

Con la presentación de PlayStation 5 el pasado miércoles quedó presentada la nueva generación de consolas que, sumada a las gráficas de la serie 3000 anunciadas recientemente por Nvidia, dibujan el futuro más próximo de nuestra querida industria del videojuego. En muchos ha despertado ese sentimiento de ilusión que tanta pureza transmite en este medio, pero ¿es todo un cúmulo de expectativas infusas, o tal vez estamos hablando de una revolución en la forma de jugar? Bueno, esa pregunta tiene difícil respuesta. Así como complicados son los tiempos que corren, inciertos son los que se avecinan. Hilando con la crónica que mi compañero Carlos construyó en torno al Showcase de PlayStation, seguimos sin tener tan claro ese futuro del videojuego que tantos meses ha intentado hacerse valer en conferencias dispersas. Las tendencias de la industria nunca se configuran a gusto de todos, eso está claro, pero una vez más parece que todo se centra en los números, la potencia y el 4K (que sigue estando más allá del alcance de muchos televisores).

God of WarSony ha apostado en cierta medida por mostrar juegos. Spider-Man Miles Morales, aparecerá en el presente 2020, pero muchos de los títulos más sonados no tienen estimación concreta, como el anticipo de Final Fantasy XVI, que se antoja ilusionante para los fans acérrimos de una saga que no termina de encajar las piezas de este puzle que es la nostalgia en combinación con lo contemporáneo. God of War es posiblemente uno de esos exclusivos de PlayStation que más anhelo despiertan, pero poco se sabe más allá de que su lanzamiento está previsto para el próximo año. Pero ¿y el precio? Bueno, tanto Sony como Microsoft han apostado por los 499 euros para el sistema de nueva generación, mientras las opciones alternativas presentan diferencias notables en su concepción: mientras Sony ha apostado por una versión sin lector a 399 euros, Microsoft propone una consola más modesta en rendimiento, pero capaz de reproducir títulos de nueva generación, a 299 euros, lo que la posiciona como la más barata y posiblemente la clave para ganarse al público menos aficionado. Sobre todo, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el Game Pass, frente a una subida en el coste de los juegos en PlayStation hasta los escalofriantes 79,99 euros, algo que dificulta enormemente el poder disfrutar de varios títulos al año justo en su lanzamiento.

Lo cierto es que el cambio generacional no parece una situación que vaya a producirse rápidamente. Es más, parece que las propias compañías asumen que se dilatará en el tiempo, aspirando a sacar obras como Horizon Forbidden West también en PlayStation 4, así como el propio Spider-Man Miles Morales. Si nos paramos a pensarlo, la orientación de Sony con respecto a los exclusivos es, cuanto menos curiosa, siendo estos el principal material diferenciador a la hora de vender hardware, pero cada vez más están apostando por acercar esas obras a PC, lo que complica la decisión del usuario en relación con el salto generacional. Por estas fechas, desconocemos exactamente qué títulos de PlayStation 5 verán la luz en un lanzamiento complementario con los ordenadores, pero habrá más de uno y, sumado a esa continuidad que PlayStation 4 tendrá durante, al menos, uno o dos años más, provoca que muchos jugadores estén replanteándose sus compras.

Si bien es una realidad que lo nuevo de Sony promete retrocompatibilidad con PlayStation 4, digamos que no es tan “retro” como probablemente nos gustaría. Jim Ryan ha afirmado que no se acercarán a los títulos de PlayStation 3 y anteriores dispositivos, al menos en cuanto a compatibilidad directa. Pero bien sabemos que varias compañías le han cogido el gusto a esto de hacer remakes/remasters y, en cierta forma, lo agradecemos dada la imposibilidad de conseguir acceder a algunas plataformas y obras descatalogadas. Sin embargo, la adaptabilidad pasa también por intentar acercar estos videojuegos de la forma más económica posible, más aún si no se aspira a ofrecer un cambio sustancial y hablamos de un simple port que, pese al trabajo que implica, podría orientarse más hacia el enriquecimiento cultural y no tanto hacia el rédito económico.

 

 

Los costes de producción se elevan exacerbadamente conforme avanzan los años. Las posibilidades tecnológicas aumentan hasta el punto en que las consolas poseen discos de estado sólido en los que las velocidades de lectura y escritura posibilitan tiempos de carga casi instantáneos en algunos casos. Mientras Jim Ryan considera que el modelo de suscripción es insostenible para obras de tan elevado presupuesto, cabe preguntarse por nuestra parte si existe algún tipo de sostenibilidad futura que asegure el correcto desarrollo de videojuegos. Tal vez debamos buscar un límite, una condición para lo realmente sostenible. Así como se plantea de cara a la explotación de recursos, podría plantearse en relación con esos costes cada vez más desorbitados y que llevan a situaciones como las que presenciamos:  un producto cultural cuyo precio de venta final alcanza cotas inimaginables hace años.

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