Spoiler: todos la necesitamos
Hace aproximadamente dos años dejé de escribir sobre videojuegos. Y desde el otro lado de la pantalla, os lo confieso: se han sentido como veinte. En este —a mi parecer, considerable— lapso de tiempo, servidor ha estado enfocado en sacar brillo a sus habilidades de diseño, así como explorar otras disciplinas, visitar otras artes. Crecer como profesional y persona, cueste lo que cueste, en un entorno cada vez más hostil, negligente, utópico, casi maldito; en un mundo cada vez más dominado y desbordado por la McDonalización y la shitificación, consumido por su propia tecnología, que cada vez da menos razones para salir de la cama.
Pero, afortunadamente, hay cosas que nunca cambian. Dogmas que nos anclan al presente, y que sirven como un vehículo entre lo que éramos, lo que somos y lo que seremos. Y hay algo, una verdad universal, que no se ha visto modificada ni un poquito en todo este tiempo: Kojima sigue siendo el jefe.
¿Qué haríamos sin ti, Hideo? ¿Qué haríamos, como jugadores y como medio, sin tus obras? ¿Qué haríamos sin tus paridas, sin tus idas de olla? ¿Qué haríamos sin tus declaraciones? A día de hoy, estoy agradecido de vivir una realidad donde no es necesario responder a esas preguntas. Porque Kojima volvió a hablar. E internet volvió a arder.
Resulta que nuestro querido creativo ha dejado algún que otro titular candente tras su paso por VOGUE Japan. Muchos amanecíamos la pasada mañana del sábado leyendo en medios como Vandal como, según el bueno de Hideo, “los gamers necesitan más cultura”. Y cero shade a Jesús Bella, el autor del artículo: lo cierto es que lo ha clavado sintetizando la percepción general que gran parte del público occidental se ha llevado de esa entrevista.
La respuesta popular ha sido tan predecible como inmediata, y más allá de la primera línea de defensa —que aseguraba, sin fondo ni fundamento, “tener bastante más cultura general que ese señor”—, muchos han aprovechado la ocasión para restarle peso a algunas de sus decisiones como creativo. Sin ir más lejos, he leído comentarios criticando cómo el director japonés “tuvo que esperar a escuchar a CHVRCHES en Mirror’s Edge Catalyst para que le entrase el capricho de llamarlos para Death Stranding”, y por supuesto criticando su particularmente cinematográfica manera de dirigir, argumentando que “un videojuego no debería estar basado en el guion, sino principalmente en la curva de dificultad, la curva de aprendizaje, el diseño de niveles y el ritmo de juego”. Que cada uno saque sus propias conclusiones sobre esta última sentencia.
No me malinterpretéis: no estoy escribiendo estas líneas para defender a Kojima ciegamente. Ni siquiera soy un fan acérrimo de él, de sus obras o de su manera de diseñar y entender el medio. Por ello mismo, una parte de mí también reaccionó visceralmente al leer los titulares. También pensé en el paternalismo que desprendía su discurso, y en lo limitado que siempre me resulta criticar desde la superficialidad absoluta el mainstream actual, como ente individual, sin reparar en cómo la propia sociedad y sus hábitos de consumo es la que da forma a ese mainstream. En ese momento afloraron cuestiones fáciles que, llegados a este punto, seguro que también han recorrido vuestra cabeza: ¿acaso un gamer es más inculto por definición que un cinéfilo o un lector ávido? ¿Por qué los gamers, a diferencia de otros amantes del arte, “necesitan” abrirse a otras ramas del conocimiento, si el videojuego es —en términos puramente cuantitativos y objetivos— el medio más completo y complejo que existe?
Lo cierto es que, pese a mi afán por querer buscarle las cinco patas al gato, en ningún momento fue necesario responder a tales preguntas. Lejos de querer malinterpretar al creativo o de leerlo desde la malicia, diría con bastante seguridad que la gran mayoría de nosotros caímos en lo que bien se podría tachar de un error de traducción, o de un teléfono escacharrado. Quizás leyésemos en diagonal; quizás nos lanzásemos a sacar conclusiones desde la inmediatez, sin ni siquiera haber intentado entender el mensaje que subyacía bajo la superficie. Pero lo cierto es que, si dedicamos unos pocos minutos a contrastar la fuente original, es difícil encontrar en esas palabras una postura poco conciliadora, paternalista o despectiva con la comunidad gamer:

Hay una verdad absoluta que podemos llevarnos del eterno debate de si el videojuego es arte: innegablemente, está compuesto por, como mínimo, varias de ellas. Esto le aporta al medio una profundidad tremenda como forma de expresión; es un medio tan sumamente amplio que no solo es capaz de referenciarse a sí mismo, sino que también permite referenciar y vincular muchas obras entre sí, de distinta naturaleza. Tal y como una escena de una película puede resignificarse al acompañarse de una canción diferente, el videojuego, tal y como indica Kojima, es sumamente democrático, permitiendo establecer nuevos lazos entre obras existentes, y crear conexiones entre el jugador y otras artes ajenas al juego, democratizando la cultura. Honestamente, no se me ocurre una forma más sana de acercarse al medio. Porque todos necesitamos más cultura. Porque la cultura nunca es suficiente.

Quiero pensar que, como sociedad que construye un mainstream y unos protocolos colectivos, podemos sacar una lectura sana de esta confusión sin mayor calado. Quiero pensar que recaer, reflejarnos y evidenciarnos en esta clase de comportamientos intelectualmente autodestructivos, llegado el momento, nos hará reflexionar; valorar el mensaje, despriorizar la inmediatez.
Quiero pensar que ese momento llegará pronto. Quiero pensar que quizás el entorno cada vez será menos hostil, menos negligente, menos utópico.
Quiero pensar que quizás sea hora de volver.