Una valiente y transgesora secuela

Conforme los cielos se tornaban grises y las ventiscas se alzaban sobre nosotros, los rumores sobre la existencia de un – hasta no hace demasiado – hipotético Overwatch 2, a priori poco menos que irrisorios, fueron tomando una fuerza tal que, evidenciados por centenares de pruebas gráficas, acabaron adoptando la forma de una preocupación a nivel global. Al parecer, estábamos ante una pionera secuela de un juego como servicio que tenía el honor de contar con una envidiable base de usuarios incluso hoy en día – tres años y medio después de su estreno original -, y que tan solo parecía precisar de una muy razonable (de cara al usuario, supongo) colosal actualización de contenidos. Era, a ojos de muchos, una situación de plena demencia, como mismamente señaló mi compañero Ignacio Ory hace menos de una docena de días. Situación que acabó confirmándose el pasado viernes 1 de noviembre con motivo de la gala de apertura de la BlizzCon 2019, y que, como no podía ser de otra forma, acabó levantando aversiones tanto entre los meros conocedores de la ahora saga como entre los fans más acérrimos de la misma.

Desde entonces, y pese al breve lapso de tiempo transcurrido, mucho se ha divulgado – y, sobre todo, cuestionado – sobre la mera existencia de la entrega, dado su obvio y justificado parecido con la obra primigenia. No obstante, la luz de los focos siempre ha recaído, irónicamente, en su particular modelo de negocio y en su transgesor enfoque compartido, pese a lo bien que este último se limita a seguir la filosofía propia del estudio, establecida desde hace aproximadamente un lustro, al pie de la letra. Según Jeff Kaplan, director del proyecto, el primer Overwatch recibirá, una vez su secuela llegue al mercado, todos los modos PvP, escenarios, héroes, mejoras gráficas e interfaces de las que esta dispondrá, permitiendo incluso el juego cruzado entre ambas ediciones. Los jugadores de Overwatch 2 encontrarán su exclusividad, así, únicamente en las misiones narrativas PvE, así como en las bautizadas Misiones heróicas que nos permitirán mejorar y personalizar las habilidades de nuestros personajes hasta límites enfermizos.



El panorama para aquellos que únicamente se preocupen por sacar a relucir su lado más competitivo, de esta manera, se antoja sencillo, y es que la segunda parte numerada parece tener sus objetivos claros, dando a todos los que solicitaban un modo Campaña tradicional aquello que tantísimo ansiaban. ¿Significa eso – a falta de conocer detalles tales como la duración de dicha historia cooperativa – que el título, como capítulo independiente, tenga que dejar de merecer la pena o merezca menos impacto, degradándose a la categoría mediáticamente inferior de ‘contenido descargable‘? Sinceramente, y a sabiendas del frontalmente opuesto discurso propio de la opinión general, un servidor no lo ve así, sino más bien como una oportunidad para sentar cátedra.

Cuando nos surgió la idea, nos preguntamos cómo sería una secuela de Overwatch. Obviamente había grandes objetivos, como la historia, el modo rejugable PvE, un sistema de progresión, etcétera. Llegados a ese punto, nos preguntamos qué más necesitábamos. Queríamos crear nuevos modos PvP, así que creamos Avance. También queríamos tener varios mapas. Conforme nos poníamos en marcha, empezamos a construir una interfaz totalmente nueva, actualizamos el motor. Estábamos haciendo una secuela auténtica. E hicimos un puñado de decisiones para estar seguros de que nadie se sentía olvidado.

Estoy seguro que todos nosotros hemos jugado a juegos que estábamos disfrutando inmensamente y salió una secuela a la que no podíamos jugar, dando lugar a una pérdida total del progreso que tanto valorábamos. Eso es decepcionante. Pero, ¿acaso sería mejor no darles a los jugadores veteranos los nuevos mapas, o dejar de continuar con su progresión, con tal de incentivar sus ganas de juego? Tampoco estoy de acuerdo con eso en absoluto. Por eso creo que, independientemente de los cambios en el primer Overwatch, Overwatch 2 es absolutamente una secuela. Es un juego enorme, y creo que no solo estamos haciendo lo correcto para nuestros jugadores, sino también aquellos jugadores de títulos que tienen secuelas que no tienen nada que ver con Overwatch. Espero que realmente influenciemos a la industria un poco.

Sé de buena manera que los objetivos de la división de desarrollo son, cuanto menos, ambiciosos. Sin embargo, no creo que el lanzamiento de un Overwatch 2 deba de tomarse como el de un mero DLC, pues sus añadidos – incluyendo aquellos relativos al multijugador competitivo, que, concuerdo, no tendrían porqué llegar a su predecesor – merecen ese plus de presencia que a buen seguro permitirá remontar al estudio, encontrando este una nueva fuente fiable de ingresos con la que continuar trabajando en su IP y facilitando un salto sencillo y progresivo hacia futuros eventos y entregas. Tampoco creo, independientemente de su precio de lanzamiento, que la aventura merezca malas palabras relativas al engaño que a ojos de muchos puede suponer su oferta de contenidos, mas en lo personal me muestro completamente fehaciente frente al hecho de que los motivos ofrecidos para su compra serán más que suficientes como para no caer en la definición de ‘treta’ ante los menos informados, quienes a buen seguro disfrutarán del denso modo Historia tanto como lo hicieron en su día de un multijugador que ahora, sin importar las posesiones del resto de usuarios, hallarán vitaminado.

Puede que, al final del día, todo lo comentado pueda resumirse en poco más que un par de premisas simples. Por ello, os animo simplemente a dar vuestro dinero a aquellos que creáis que buenamente lo merecen, pues si hay algo que hará que Overwatch se mantenga vivo en el transcurso del tiempo, sin fallar a su promesa inicial, será única y exclusivamente nuestro reconocimiento y apoyo personal. Hasta que no llegue su fin, parece que estaremos en buenas manos.