Da igual cuándo leas esto

Escribir un artículo de actualidad un lunes por la mañana (o un domingo por la tarde, en su defecto, de cara a una publicación programada) no suele ser plato de buen gusto para la redacción. Los findes tienden a ser muy tranquilos; sin eventos a la vista, los relaciones públicas descansan lo que buenamente les dejan, los grandes titanes mediáticos preparan sus bombazos para la semana entrante y los leakers están ocupados disfrutando en primicia del primer gameplay de Elden Ring. Este finde, para más inri, nadie ha quitado ojo a los notorios focos que apuntaban a It Takes Two y Monster Hunter Rise, dos candidatos a Juego del Año que vieron sus estrenos confluir el pasado viernes y que han hecho las delicias de los aficionados al juego cooperativo y al action RPG, respectivamente. No obstante, no todo son ovillos de lana e infinitos bestiarios (y menos mal, porque un servidor todavía no tuvo la oportunidad de catar ninguna de las dos propuestas); bajo los grandes titulares se ocultan pequeños lanzamientos y relanzamientos que verdaderamente merecen nuestra atención, especialmente si por avatares del destino, y pese al interés que inicialmente suscitaban en nosotros, salieron de nuestro radar personal hace ya unos cuantos años, con vistas de no volverlos a ver. Es hora de un reencuentro.

El pasado miércoles aterrizaba en nuestras Nintendo Switch Tales from the Borderlands, el magnum opus (con permiso de la primera temporada de The Walking Dead) y a la vez el sleeper por excelencia de Telltale Games; concretamente, de una ahora propiedad de LCG Entertainment. Un mes antes, el juego se reestrenaba en todas las plataformas de las que desapareció durante su quiebra en 2018. Todo este tiempo sin él – demasiado si me preguntáis – no ha hecho más que echar leña a un fuego que ya ardía con gracia y júbilo desde que prendió siete años atrás. No ha hecho más que dejar patente dos máximas que a día de hoy se antojan especialmente obvias: que Tales from the Borderlands no solo es una de las cumbres artísticas de la desarrolladora californiana sino que también es probablemente el mejor Borderlands (decía vía Twitter Johnny Prat, de No Wand Studios, que “entiende muchísimo mejor su universo las entregas principales“), y que, si verdaderamente amamos el medio al que pertenece, no podemos permitirnos volver a perderla; a dejar ir una de las mejores aventuras gráficas de la última década.

Mientras luchamos y peleamos y combatimos y lidiamos contra este drama irónicamente obsolescente, quiero que aprovechéis la ocasión y disfrutéis de él. Sobran motivos para hacerlo, aunque muchos de ellos merece la pena que los descubráis por vosotros mismos. Aun así, creo que puedo permitirme hablaros de cómo el título juega con el humor tan ácido y gris-oscuro-casi-negro que caracteriza a la IP para subvertirlo y crear situaciones donde resulta fácil sentirse cómodo como jugador de Borderlands, pero que se desarrollarían de una manera muy diferente de contar con la mecánica shooter looter de la rama principal. De esta diferenciación también hace buen uso al alzarse como una propuesta canon que sucede entre los eventos del segundo y del tercer capítulo numerado, con numerosos cameos de grandes iconos de la franquicia, pero también como una puerta de entrada extremadamente accesible para nuevos jugadores, resultando ideal para aquellos menos duchos a los mandos.

Y quizás esta es una de las cosas con las que tendría que ir cuidándome, pero la banda sonora con la que Jared Emerson-Johnson supo antaño acompañar a Rhys, Fiona y al resto de memorables personajes que componen el elenco de esta obra es exquisita, por no hablar de los temas licenciados que se utilizan puntualmente, poco menos que himnos. Independientemente de ellos, al final del día es el conjunto lo que hace que Tales from the Borderlands funcione tan sumamente bien; no solo es una delicia narrativa, con giros argumentales de quedarse loco y con un desenlace de los que se quedan grabados en la memoria, sino que su herencia visual y sus buenas ideas acaban haciendo de él un videojuego directo, sincero y muy divertido que uno pierde el miedo a recomendar.

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