Señales desde lo profundo

Comenzar un videojuego de aventuras es uno de los momentos más estimulantes que ofrece el medio. Call of the Sea rezuma aventura en todas sus facetas, y lo hace sin necesidad de implementar la acción o la épica de la que hacen gala sagas archiconocidas como Uncharted. Más bien, deriva su mirada hacia lo clásico, hacia las aventuras gráficas, con las que tiene más en común que con los walking simulators a los que podría asociarse en un simple vistazo.

Nos dirigimos en barco a una isla situada en mitad del Océano Pacífico, en aras de conocer al fin el paradero de nuestro marido, que lideraba una expedición perdida hace ya meses. La protagonista, Norah, parece sufrir algún tipo de enfermedad extraña que puede vislumbrarse en las motas de su piel. La necesidad de encontrar una cura para evitar un destino fatal lleva a Harry, su marido, a aventurarse en busca de la solución a los dolores y a la fragilidad de la salud de su esposa. Pero la recepción de una carta hace que Norah opte por viajar en busca de la isla en la que, supuestamente, la expedición ha desaparecido.

Con la trama asentada, ya en los primeros compases la realidad se entrelaza e intercala con lo onírico. A lo largo de la aventura presenciaremos ciertos momentos desasociados con la vigilia, haciéndonos dudar de si lo que presenciamos es real o no. Y es esto lo que le da a la obra de Out of the Blue el toque misterioso del que hacen gala. Como si de ideas extraídas de la mente del mismísimo Lovecraft se tratasen, el simbolismo y esoterismo de los antiguos rebosará por cada rincón del paradisíaco paisaje que recorremos en busca de pistas acerca del paradero de Harry. El estudio, con sede en Madrid, ha conseguido encauzar una narrativa ligada a unos puzles de lo más ingeniosos y eficientes y que son, sin duda, el punto más fuerte del juego. O, al menos, su mayor apuesta.

Comenzamos adentrándonos en la jungla, una vez pasada la playa, para comenzar a descubrir poco a poco estructuras y mecanismos que se antojan ciertamente extraños. Norah irá apuntando cualquier referencia de la narración en su propio diario, así como las pistas que considera importantes para resolver dichos puzles. Esto es de agradecer, pues aunque no lo parezca, estamos ante un conjunto de acertijos bastante enrevesados, pero todos con una lógica aplastante. Para hacernos las cosas más fáciles en temas en relación al recuerdo de, por ejemplo, algún número u objeto, estos apuntes serán de gran ayuda, aunque bien es cierto que intentar vislumbrar los resultados sin hojear constantemente el diario es, posiblemente, la mejor forma de afrontar el desafío.

Más allá del tesón que supone recorrer el escenario de nuevo porque se nos ha podido olvidar algo, en escasas ocasiones sentiremos pesada su jugabilidad. Además, la belleza de sus escenarios compensa el tener que emplear algún minuto más de la cuenta recorriendo el terreno. Esos entornos rezuman un espíritu aventurero, ese al que hacíamos referencia en las primeras líneas. El misticismo estilo tribal de la ambientación será bienvenido por cualquier fan del cine de aventuras, mientras que los oscuros toques de fondo encantarán al apasionado del horror cósmico. Por mi parte, toda una infancia entre tebeos de Tintín me ha hecho revivir momentos de descubrimiento e intriga asociados a la exploración y la resolución de cada uno de los acertijos.Queda claro que Call of the Sea no es un videojuego de terror, ni mucho menos. Pero la incomodidad con la que se viven algunos momentos, como todo lo que tiene que ver con el apartado místico o lo onírico, nos puede llegar a poner los pelos de punta y obligarnos a mirar a nuestra espalda, solo por si acaso. De hecho, no recomendaría jugarlo a nadie que tuviera talasofobia, pues la relación de la obra con el mar, con “lo profundo” es importante y, para muchos, puede suponer el terror más absoluto.A cada paso que damos, la narración se oscurece. Iremos encontrando los restos de la expedición de Harry. Conoceremos a sus integrantes y lo que sucedió allí. ¿Qué descubrieron y por qué no volvió nadie? Todo irá hilándose en relación a los puzles que Norah resuelve con presteza mientras recoge pistas, documentos y fotografías que nos ayudan a contextualizar todo. Las personalidades de los personajes tendrán relevancia en un proceso que, si bien no es nuevo, está resuelto para que abracemos empáticamente las ideas de cada uno. Algo similar a lo que Tacoma hizo en su momento, aunque en este caso toda la obra se centraba en ello. Call of the Sea quiere que entendamos qué son y qué hacen ahí cada uno de sus personajes, con los que nunca interactuamos, pero estuvieron. Recorremos los ecos de sus andaduras por un terreno inhóspito, resolviendo lo que ellos ya hicieron para alcanzarlos y, con ellos, las respuestas que buscamos.

Desentrañar el subtexto, en ocasiones algo explícito, es otra de las delicias con las que juega la obra de Out of the Blue. La impotencia condicionada lleva a Norah a encontrar a su marido, una profunda relación en la que ahondaremos poco a poco, pero en el viaje tendrá que encontrarse a sí misma, encontrar su lugar en el mundo. Un mundo en el que difícilmente puede estar dada su afección, un tormento constante que sutilmente irá permeando las capas de la narración. Pese a un tramo final algo apresurado, el cúlmen de la trama se cierra de una forma excelente que, además, nos tendrá pensando sus implicaciones durante varias horas, dada la fuerte carga emocional que representa.

“Te conozco muy bien, mi querido amigo”

La increíble, sosegada y acogedora voz de Cissy Jones, a la que conocemos (entre otros) por Firewatch, nos abrazará en todo momento, llevándonos de la mano gracias a una actuación con la que se hace imposible no empatizar, siendo este uno de los grandes aciertos del estudio para enriquecer la propuesta. En solo unas horas de nuestro tiempo, Call of the Sea consigue encaminarnos a través de un viaje lleno de enigmas y emociones  difícilmente olvidables.

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