La cara más cruda de la épica

La fantasía de ambientación medieval suele ir de la mano de la épica más majestuosa, de hazañas épicas, héroes legendarios y finales triunfantes, dónde el bien reina sobre el mundo y el mal queda aniquilado. Uno de los baluartes de la fantasía épica, El Señor de los Anillos, que ha servido de base e inspiración para cientos de obras posteriores, es un ejemplo de esta dinámica; por oscuro que sea el peligro, los héroes siempre acaban derrotándolo, y no solo eso, sino que sus protagonistas encarnan una rectitud férrea e inamovible, son encarnaciones del bien en toda regla. Sin embargo, también contamos con historias que exploran el lado más crudo de toda esa épica, que incluso la deconstruyen y la derriban a base de golpes de miseria y “cruda realidad”. En el caso de los videojuegos, también existen incontables obras protagonizadas por héroes intachables, que solo actúan en busca del bien mayor, pero, al igual que en la literatura o el cine, podemos encontrarnos con mundos grises y crueles que invierten las tornas. En este caso, y aunque se trate de algo que ya ha sido más que descubierto, me gustaría hablar de como enfoca este asunto gran obra de CD Projekt Red; The Witcher 3: Wild Hunt, que además se inspira en una obra literaria de corte fantástico, y que ilustra de forma magistral esta filosofía opuesta a la épica más optimista.

Para empezar, el trasfondo de The Witcher nos presenta un mundo decadente y ruinoso, acorde con sus gobernantes y habitantes, y se detiene a explorar ese lado “sucio” del mundo, que a menudo se pasa por alto para centrar la atención las aventuras más legendarias. En concreto, The Witcher 3 deja esto bien claro desde el mismo prólogo, en el que nos movemos por un territorio arrasado por la guerra, y martirizado por los fantasmas y consecuencias de esta. Nada más empezar llegaremos a una posada, en la que presenciaremos un intercambio de insultos, así como muestras de resentimientos nacionalistas, fruto de la guerra. De hecho, las tabernas, posadas y burdeles conforman una parte importante de la espina dorsal de este título, ya que los visitaremos a menudo en busca de objetivos, y será habitual que se desaten conflictos cada vez que lo hagamos. Esta dinámica se inspira y recuerda inevitablemente a un género cinematográfico que también retrata sociedades decadentes y faltas de moral o empatía; el western. The Witcher 3 es, en muchos aspectos, un western vestido de fantasía medieval, en el que cambiamos las pistolas por espadas. Recorremos regiones donde la ley se difumina e ignora, o donde reina la ley del más fuerte. Los pueblos y asentamientos que encontramos en nuestro camino son, en la mayoría de ocasiones, lugares pobres y tristes, donde la mayoría vive en condiciones indeseables, y en los tablones de anuncios abundan los carteles de “Se Busca”. A esta fórmula se le añaden criaturas fantasiosas, para sumarse como amenaza a los clásicos rufianes, y los sheriffs se sustituyen por gobernadores y reyes déspotas.

Una de las primeras sensaciones que me transmitió The Witcher 3, mientras recorría largas distancias a caballo, fue cierta similitud con Red Dead Redemption 2, y en ese momento empecé a hilar y relacionar detalles que me hicieron ver a Los Reinos del Norte como al lejano oeste americano. Obviamente existen mil diferencias entre estos dos juegos, que pertenecen a géneros muy distintos, pero también guardan muchas similitudes. En el mundo de El Señor de los Anillos conviven razas muy distintas, como los elfos, los hombres y los enanos, y a pesar de ciertas rencillas entre ellos, se tratan como iguales. Durante el concilio celebrado para determinar como afrontar la amenaza de Sauron, las tres razas acudieron en calidad de iguales, y todos pudieron dar su palabra. Sin embargo, en The Witcher se observa un mundo mucho más desigual y polarizado, un mundo dominado por la raza humana, y dónde el resto de pueblos civilizados (elfos, enanos y medianos) son tratados como escoria, y se les llama no humanos, en un sentido claramente despectivo. Es como si esa distinción de razas se asemejara más a la relación de poder desigual que se daba entre los hombres blancos y los indígenas acinados en las reservas. De hecho, en The Witcher 2 ya podíamos ver como se les segregaba en barrios marginales dentro de las ciudades, o como se persigue y mata a grupos de elfos, prácticas que se pueden seguir observando en la tercera entrega.

La magia es un elemento muy presente en el mundo de The Witcher, y no es precisamente popular. El juego nos presenta una época oscura e ignorante, dónde se da caza a lo incomprendido, y se castiga lo diferente. Los magos y hechiceros están siendo aniquilados, en una persecución religiosa e implacable. Se da un contexto que, una vez más, nos puede recordar a episodios de la historia americana, concretamente a las cacerías de brujas. Cuando llegamos a Novigrado, la mayor urbe del juego, nos encontramos con que aquellos acusados de brujería son quemados en piras expuestas en plazas públicas, expuestas a la masa como un entretenimiento adoctrinador. La religión impulsa dichos sucesos, la fe ciega e ignorante en un culto que solo busca mantener el equilibrio de poder tal como está, y evitar que el pueblo llano piense de otra forma o cuestione los poderes establecidos. Nuestro protagonista y los de su clase, los brujos, son tratados como el mal menor, pero igualmente despreciados. No poseemos magia exactamente, pero seguimos siendo un bicho raro. Sin embargo, somos útiles para el poder, que aún no decide deshacerse de nosotros. No obstante, varias personas a lo largo de la aventura nos advierten que en algún momento estaremos en el lujar de los magos, que nos darán caza por no encajar en su modelo de sociedad “normal”.

La delincuencia es otro factor que evidencia esta deconstrucción de la fantasía, y nos muestra la cara más indeseable de esas sociedades de corte medieval, que tanto se han romantizado. Volviendo a la comparación, en la obra de Tolkien no se hace hincapié en la delincuencia y la marginalidad de la sociedad. No se nos muestra esta cara, y pudiéramos tener la sensación de que el bando por el que luchan los héroes es una sociedad idílica. Sin duda, dicho planteamiento también tiene una intención; acentuar la lucha del bien contra el mal, y dejar bien claro quienes merecen la victoria y quienes merecen perecer, marcar con claridad el eje entre “buenos” y “malos”. Sin embargo, The Witcher, como otras obras, juega con la ambigüedad de sus bandos y personajes. Los pueblos enfrentados están repletos de delincuencia, reyes déspotas y sanguinarios e intrigas envenenadas. Ni la lucha por la supervivencia frente a amenazas sobre naturales detiene las pugnas internas de poder, ni forja grandes lazos. La suciedad se queda justo dónde está. Por último, nuestro protagonista se aleja del héroe ideal, no es un paladín de la justicia o un elegido que actúa por puro altruismo. Es un personaje que actúa con incredulidad y desencanto ante sus propias hazañas, que no se atribuye méritos, y que considera cada triunfo una obligación impuesta por su ocupación, solo hace su trabajo.  Al mismo tiempo, actúa en busca de su propio beneficio, buscando remuneración por su trabajo, salvo cuando nos enfrentamos a las misiones de la línea principal, que implican intereses emocionales de Geralt. El brujo de Rivia es un personaje completamente gris, y con unas emociones bien construidas. Normalmente actúa de manera rutinaria, y demanda compensación por lo que hace, pero también muestra compasión y sentimientos de justicia. La diferencia con el héroe habitual es que no se deja llevar por idealismos; acepta cuando una causa está perdida y se muestra consciente del mundo en el que vive.

En líneas generales, The Witcher 3 da un paso más allá en esta forma de entender la fantasía respecto a sus predecesores. Hace más evidente lo que plantearon las primeras entregas, a pesar de basarse en la misma obra y trasfondo. El sistema de mundo abierto y la jugabilidad más libre de la tercera entrega hacen que estos mensajes sean más notables y evidentes, y que las sensaciones cambien por completo. En The Witcher 3 matamos espectros, gigantes y hombres lobo, y nos enfrentamos a amenazas sobre naturales, sin embargo, su planteamiento permite que el jugador sienta que se mueve en un mundo más crudo y realista, más humano.