Criada que no ve...

Creo que los juegos indie son esenciales para la industria por varios motivos. Primero, por su propia esencia de ser hechos con el presupuesto de una fracción ínfima comparados a sus contrapartes triple A se pueden permitir recorrer caminos inexplorados, ser más atrevidos con sus premisas y propiciar experiencias más cortas y/o únicas; segundo, porque suelen apelar más a nichos de jugadores que pueden llegar a amar las obras por el mero hecho de estar creados casi a medida para ellos; y tercero, y quizás más importante, se pueden dar el lujo de alejarse de lo mainstream tanto en concepto, creando juegos basados en cosas que prácticamente nunca veríamos proviniendo de grandes compañías, como en gráficos, pudiendo revivir estéticas como el pixel art o el low poly, dos estilos artísticos de los cuales me declaro un absoluto fanático.

Pero no todos los juegos indie, especialmente estos últimos años, tratan de hacer algo que nadie ha hecho o crear una obra en base al amor nacido por un título que sus desarrolladores hayan jugado en sus infancias, no. Muchos indies actuales buscan replicar modelos de juegos populares, ya sea tanto de otros indie más exitosos o de juegos triple A, algo como lo que vimos que ocurrió con Biomutant que intentó, con poco éxito, replicar la formula Ubisoft con un equipo de solo veinte personas. Y, también, es el caso del juego que nos atañe el día de hoy, The Origin: Blind Maid.

No solo porque tiene numerosos elementos tomados del survival horror más moderno, pero adaptado a la primera persona; sino que además podemos hasta encontrar maneras similares para mejorar las habilidades base del jugador, junto con elementos crafteables de curación de salud, de sanidad y, esta es para mí la evidencia más clara de que el juego se inspiró en la obra de Capcom, una mezcla que nos ayuda a encontrar elementos en nuestros alrededores con mayor facilidad, pues estos aunque suelen estar a plena vista, son difíciles de ver si no se presta una atención muy meticulosa.

Apuntar a un blanco seguro… y fallar el tiro

Que un equipo indie trate de hacer su propio Resident Evil 7 no solo es algo que encuentro muy ambicioso, sino que además es algo que, al menos solo basándose en la premisa, me resultaría muy atractivo. ¿Entonces por qué el cinismo? Pues porque, primero, por mucho que sería digno de alabar ver a un equipo pequeño replicando un juego de una compañía colosal como lo es Capcom y con más de veinte años de experiencia en el género, seguiría siguiendo tratar de replicar algo, de seguir una fórmula, de recorrer un camino ya construido. No será nunca tan ambicioso como intentar hacer algo completamente nuevo, como sí lo fue, por ejemplo, Mundaun, otro juego de terror indie lanzado este año que, a pesar de tomar referencias de otros títulos de terror, crea algo completamente nuevo y lo logra con maestría.

Y, aun con todo esto de tratar de irse a la segura -dentro de lo que cabe, que la idea no deja de ser ambiciosa-, Waraní Studios erra el tiro por completo. No solo porque el juego no llegue ni de cerca a parecerse a Resident Evil 7, sino que, incluso desconociendo por completo la existencia de este título, su obra se queda corta en todos los aspectos que rodean a un videojuego.

The Origin: Blind Maid

Los gráficos tratan de apuntar a lo fotorrealista -y digo esto porque su apartado visual, salvo por una que otra escena, es totalmente plano y no tiene ningún carácter propio- pero están lejos de llegar siquiera al estándar actual de otros juegos indie que apuntan a lo mismo. El apartado sonoro es un desastre, con la música sonando demasiado alto en las escenas de persecución y con un loop cuyo inicio y fin son tan notorios que llegan a resultar dolorosos de escuchar y que, además, no llega a usarse del todo bien salvo, quizás, un par de ocasiones. La historia está explicada de forma descuidada y la premisa no tiene mayor mérito. Los personajes no nos dan ni una sola razón para preocuparnos por ellos y el twist a tres cuartos del final que prácticamente cambia todas las motivaciones del protagonista no solo no es merecido, sino que más encima se siente forzado.

Pero lo peor de todo sin duda es la jugabilidad. El progreso está totalmente roto hasta el punto que en variadas ocasiones tuve que cargar partida porque, al no hacer las cosas en el orden que el juego esperaba que las hiciera, simplemente me quedaba atascado porque no se había activado algún evento. Incluso tuve que comenzar una nueva en un momento ya que el último autoguardado se había realizado después de quedar atascado y, simplemente, no tenía forma de seguir avanzando. También he de mencionar que en un momento dado un enemigo al otro lado de una puerta que estaba cerrada con llave -siendo mi misión encontrar la llave- me agarró y, al lograr soltarme, quedé al otro lado de la puerta, encerrado entre no poder salir para poder encontrar algunos objetos clave que necesitaba para progresar.

Un fracasado y cínico intento de replicar una fórmula exitosa

Sería mucho, pero mucho más indulgente con el juego si este intentara algo nuevo. Si tratara de hacer algo que no se suele ver, si hubiese tenido una visión demasiado ambiciosa o un ángulo artístico en alguna de sus aristas. Pero no. The Origin: Blind Maid no es sino un cash in rápido tratando de capturar a fanáticos de los juegos de terror como yo con una premisa lo suficientemente atractiva -por lo básica que sea- para gastar unos euros y a cruzar los dedos para que no pidan reembolso. Es una verdadera lástima, porque tengo debilidad por los estudios pequeños y por los juegos de terror y, además siendo un estudio latinoamericano, la herida que me ha dejado la ya no mediocre, sino la paupérrima ejecución de The Origin: Blind Maid no hace sino escocer más.


Este análisis ha sido realizado con un código de descarga para Steam cedido por BadLand Publishing.