"La justicia llueve del cielo"

Desde que Nintendo Switch llegó a nuestras tiendas aquel cálido 3 de marzo de 2017, sus usuarios no han dejado de solicitar, en vista de sus amplias pero desaprovechadas posibilidades online, revisiones y adaptaciones de algunas de sus propuestas favoritas de la sobremesa, ante lo que los padres de World of Warcraft y Starcraft, incluso después de anunciar el desembarco de su sobresaliente Diablo III en la plataforma, nunca parecieron motivados a ofrecer otra cosa que no fueran muchas, muchas, muchas confusiones y calentamientos de cabeza. Todo eso cambió en un último y muy reseñable Nintendo Direct celebrado a principios de septiembre, donde la entidad japonesa, en clave nostálgica, abogó por traer de vuelta clásicos como Deadly Premonition o Xenoblade Chronicles, así como por unir fuerzas con desarrolladoras como Blizzard para llevar a cabo ese idílico port que ya muchos dábamos por imposible: Overwatch, en su edición Legendaria, para Nintendo Switch. Y puede que, al fin y al cabo, todo este desbarajuste de plataformas no fuese más que el fruto de una estrategia de marketing, pero, siguiendo los pasos de la filosofía más maquiavélica, lo importante al final del día es que los usuarios de la híbrida al fin pueden disfrutar – desde el pasado martes 15 de octubre – del que fue el reconocido como Juego del Año en 2016, y del que indiscutiblemente entra en el podio de los mejores shooters online de toda la generación.

Se parte, así, de una base excepcional. Aunque muchos ya estemos acostumbrados al frenetismo de sus partidas y al óptimo equilibrio y mantenimiento de su plantilla, Overwatch es, ante ojos desconocidos, un espectáculo gráfico y jugable constante digno de todo elogio, en el que la cooperación acaba resultando vital pero en el que igualmente hay cabida para todos los estilos de juego y para cualquier pretensión a los mandos. Es una obra tremendamente divertida y variada, de planteamiento ambicioso, pero también muy profunda de cara a los competidores más acérrimos, y que sabe sacarnos puntuales sonrisas con sus modos temporales (resulta complejo no mencionar al recurrente Lúcioball cuando toca hablar de ellos) o con sus creaciones populares de las partidas personalizadas del Taller, o propias de la sección Arcade. Es refrescante, es adictivo es satisfactorio y es justo, conformando un conjunto que independientemente del sistema que lo corra funciona a las mil maravillas en el plano lúdico. Y, en ese sentido, Overwatch sigue siendo Overwatch.

Cuando toca hablar del trabajo de versionado, sin embargo, resulta fácil echarse las manos a la cabeza por los grandes titulares que nos han dejado las noticias relativas al estreno en estas últimas semanas, pese a que la gran mayoría de sus fallos acaben afectando nimiamente a la experiencia cuando llega el momento de sumergirse en la pantalla del televisor (o de la tablet). Sí, es cierto, la edición física de la entrega, más allá de requerir – como su versión digital – una conexión permanente comisionada por el servicio de suscripción de Nintendo Switch Online (del que, cabe destacar, se incluyen tres meses de manera gratuita, lo cual nunca está de más), no incluye ningún cartucho en su interior, debiendo de optar por una hiriente descarga más de 12GB que probablemente precisarán de una compra por parte del usuario de una tarjeta de almacenamiento SD de 16GB o más – a lo que toca de sumar el hecho de que, de base, tampoco nos hallemos ante una adaptación especialmente barata, contando con un precio de salida cercano a los 40€ -. No obstante, desde mi punto de vista los defectos comentados carecen de total importancia frente a mis dos grandes problemas con la adaptación: la inexistencia de una buena infraestructura que permita cross-play/cross-save (más aún cuando competidores directos y gratuitos la implementan sin apenas despeinarse) y una tasa de 30 imágenes por segundo que sacrifican una fluidez extremadamente necesaria – y que se echa muy en falta cuando se han catado antes versiones técnicamente superiores – en pos de un rendimiento, eso sí, sólido como una roca.

Por la otra cara de la moneda, es de justicia reconocer el ejemplar trabajo a nivel técnico que se ha realizado, encontrándonos ante una revisión que, moviéndose a 720p en los modos portátil (y en Switch Lite) y alcanzando los 900p en el dock, muy poco tiene que envidiar a sus hermanas mayores, presentando unos modelados y texturas de buena calidad (exceptuando un par de casos algo más despampanantes de la cuenta) y unas animaciones 1:1 con respecto a las originales, tal y como cabría esperar. Estamos, en general, ante un buen trabajo de adaptación técnica por parte de la compañía californiana y Iron Galaxy Studios, que se adereza, además, con precisos y ajustables controles de movimiento giroscópicos, compatibilidad táctil con los menús y con una prescindencia total del engorroso sistema de comunicación basado en app de Nintendo, pudiendo utilizar el chat de voz para hablar con nuestro equipo con tan solo conectar unos auriculares con micrófono al sistema. Y con la mejor y más obvia de las características: la portabilidad.

Al margen de lo comentado, pocos son los motivos que pueden llevar a un jugador veterano a darse una nueva vuelta por los archiconocidos yermos, parques tecnológicos, ciudades y templos de Overwatch, aunque bien podrá hacerlo con los escenarios venideros. La edición del juego como servicio por excelencia de Blizzard – al menos, hasta el aparentemente inminente anuncio de su secuela directa – continuará actualizándose a la par que el resto, recibiendo nuevos contenidos y reajustes y expandiendo hasta límites inimaginables su ya de por sí extenso elenco de más de 30 héroes jugables, así como su vasta selección de 28 escenarios internacionales. La promesa del contenido periódico gratuito, aunque ya no sea tan difícil de concebir como antaño, sigue vigente, y el hecho de tener a todo un equipo de programadores y artistas pendientes de nuestra experiencia acaba conformando una sensación de seguridad considerablemente reconfortante.

“God’s in his heaven, all’s right with the world”

Overwatch lleva toda su diversión multijugador a Switch con una conversión notable, que adapta a la perfección las principales mecánicas de la propuesta y que no teme ponerse a la par de sus versiones hermanas a nivel de contenidos, consiguiendo replicar de una buena manera la experiencia original. Sus óbices técnicos (30fps, ausencia de cross-play/cross-save) la alejan de la perfección, y a buen seguro sembrarán la duda fundamentada en las cabezas de aquellos que dispongan de otras plataformas o que ya hayan tenido la suerte de hincarle el diente previamente. No obstante, si sois de aquellos para los que Switch se alza como la única opción viable de descubrir el hero shooter de Blizzard, encontraréis en esta Legendary Edition un profundísimo pozo de horas en el que invertir buena parte de esta temporada otoñal. Suerte y mucho ánimo para salir de él; lo vais a necesitar.


Este análisis ha sido realizado con un código de descarga para Switch cedido por Ziran.

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