"Soy bueno jugando a golf" -> no lo soy tanto -> "joder, esto es difícil"

Nuestro día a día está lleno de situaciones que parecen ser de una forma y al final resultan ser totalmente distintas. Por ejemplo, como seguidor de los Boston Celtics viví algo similar durante dos años. En 2017 habíamos fichado a Kyrie Irving, un jugador con un talento descomunal, pero que traía consigo un gran ego y un carácter inestable e inmaduro; creía (y cree) que la Tierra es plana. Sin embargo, el base jugó muy bien en su primera temporada, fue bastante solidario con sus compañeros y demostró tener garra de líder. Pero poco a poco esa máscara se le fue cayendo. “Si me queréis, mi idea es renovar aquí”. Mentiroso, nunca pensaste eso y al final te fuiste sin ejercer de referencia y haciendo una fase final lamentable. Estas revelaciones se repiten en otros deportes y en otras industrias, véase los videojuegos de golf y, en concreto, en Neo Turf Masters. Un título lanzado en los arcades de 1996 por Nazca y más tarde en sucesivas versiones de Neo Geo. Sencillo en su superficie, pero exigente en su interior.

La aparente sencillez se da en primer lugar por el aspecto visual. Neo Turf Masters es una obra muy colorida en sus bosques verdes alemanes o en su paisaje veraniego y azulado de Australia. Destacan ciertos elementos como sus cascadas, las cuales todavía siguen siendo impactantes veinticuatro años después. El título luce genial también gracias a unas vistosas animaciones de golpeo y de las banderas de los hoyos que se mueven con los azotes del viento. La imagen del juego relaja muchísimo, algo que influye a la hora de jugar, ya que te concentras con más facilidad y eres capaz de encadenar grandes puntuaciones. Por si no estuvieses tranquilo, viene Takushi Hiyamuta y te planta una banda sonora más chill que todos esos ASMR que te puedes encontrar por la red. Inolvidable la música del Fujiyama Oriental Golf Club.

La  jugabilidad se contagia del audiovisual, y es que en los primeros hoyos es fácil conseguir varios birdies, es decir, completar esa parte en un golpe menos de lo establecido. Hasta se pueden hacer eagles, realizando dos golpes menos de lo normal. En este punto, te tiendes a relajar puesto que el juego está siendo amable contigo. Te está siendo fácil registrar esas buenas puntuaciones debido al ambiente de la propuesta, pero también por la propia faceta jugable, la cual has comprendido sin apenas esfuerzos. Un botón para medir la fuerza y golpear, siempre mirando unos indicadores vitales como el del viento. Fácil, pero no hay que ir a lo loco. Es necesario calcular bien la fuerza y golpear en el momento justo. No obstante, las dificultades empiezan con la orografía del campo, apareciendo zonas de arena, hierba alta o áreas de fuera de límites que te penalizan si mandas la bola a ellas. Pese a ello, no se vislumbran muchos peligros en los tres o cuatro primeros hoyos, ni siquiera en los greens, que es donde se sitúan los agujeros. Eres como Jon Rahm, pero tranquilo, lo peor está por llegar.

De repente, los greens pasan de ser planos a contener numerosas ondulaciones que dificultan el emboque de la bola. Aparecen agujeros situados en elevaciones rodeadas de zonas llanas. Aquí se vuelve esencial la aproximación al green para situar la bola lo más cerca del agujero, porque si no la partida se te puede hacer cuesta arriba. Es habitual que falles al ajustar un golpe con pendiente, y eso desespera mucho. No sucede una sola vez, sino que se repite hasta el final de la ronda con hoyos más complejos, véase esos que te ponen la bandera justo en medio de un desnivel en bajada. Así surgen puntuaciones nefastas, por ello la clave es volver a nuestra primera impresión de Neo Turf Masters. Toca relajarse y disfrutar del paisaje porque, si bien el juego se torna más difícil, no es injusto. Si te concentras y reconoces el efecto de las pendientes en la bola, los éxitos vuelven. 

En ese sentido, la curva de aprendizaje y dificultad del juego es uno de sus puntos más sólidos, convirtiéndose en una de sus peculiaridades. Es cierto que otros títulos similares como Everybody’s Golf de PlayStation 4 gozan de una curva similar, pero esta no resulta tan abultada. En la obra de Clap Hanz tardas menos en dominar el juego y sobre todo en ser efectivo. Mientras, en el arcade de Nazca ser un jugón lleva más tiempo. Siempre descubres nuevas formas de encarar los hoyos, de calcular mejor la fuerza o de saber si eres capaz de sortear un determinado árbol. En consecuencia, la experiencia es muy divertida, variada y rejugable. También es responsable de esta diversidad la selección de entre cuatro campos y de seis golfistas con diferentes destrezas, unos mejores en potencia de tiro y otros en su precisión. Tampoco hay que olvidarse de unos greens únicos en cada partida, ya que se van generando de manera aleatoria; como si de un roguelike se tratara.

Golf patentado en un mágico 1996
NazcaNazca solo tenía dos años de vida cuando Neo Turf Masters salió al mercado en el 96. Su fundación había resultado de una escisión de quince trabajadores de la desaparecida división de videojuegos de Irem, según señala el portal Cultura Neo Geo. Siguiendo la información de la misma web, la empresa desarrolló una fuerte relación con SNK, tanto que esta fue la distribuidora de este juego de golf, el cual no era la primera incursión de la desarrolladora en este deporte. Estando en Irem, fueron responsables de Major Title y Major Title 2, dos arcades que hacían gala de un estilo que recuerda mucho a Neo Turf Masters, sobre todo por el uso de una perspectiva casi idéntica. Empero, Nazca no se conformó con sacar solo un título de gran calidad ese año 1996, sino que quiso ir más allá y lanzó el mítico run and gun Metal Slug. Aquel magnífico año se completaría con la integración definitiva de Nazca como una parte más de SNK.

Así son los clásicos

Neo Turf Masters ya ha pasado la veintena y pese a ello sigue siendo un juego divertidísimo, algo que un grupo de extenso de obras no pueden decir tras un período tan largo. A veces, las mecánicas se vuelven toscas con el tiempo y el apartado visual más que deleitarnos, supone un ataque a nuestros ojos. En el caso que nos ocupa nada de eso sucede. La jugabilidad todavía rinde a un nivel excelente gracias a unos controles de fácil comprensión, adictivos, pero difíciles de dominar con tal de ser gran golfista. Además, estamos ante una experiencia con una duración ilimitada en la que siempre puedes mejorar o revisitar, aunque solo sea para volver a escuchar sus pegadizas melodías. Todo ello con un colorido súper atractivo que da gusto ver en movimiento. En definitiva, un videojuego al que el paso de los años no le afecta, incluso contando con conversiones a la actual generación; un clásico de toda la vida. 

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