Ladrones de cuerpos bajo luces de neón

No suelen gustarme los juegos que basan su dificultad en un control algo tosco o que nos plantean situaciones cuya dificultad es difícilmente justificable. A pesar de haber disfrutado de infinidad de juegos de la época de los ocho bits que basan su jugabilidad en estas premisas, considero que son algo hoy superado y que hay otras mecánicas que pueden hacer de un videojuego una experiencia que base su gratificación en el desafío. Este HyperParasite de TrogloBytes Games cae del lado de lo tosco y difícil, pero algo tiene que hace que cada vez que veo la pantalla de “Game Over” pulso rápidamente el botón para iniciar una nueva partida.

En HyperParasite somos el malo, un alienígena con la capacidad de ocupar cuerpos humanos y controlarlos a voluntad que se mueve en un entorno cyberpunk de serie B de estética años ochenta. Un mundo al revés que hará  que todo el que nos crucemos quiera acabar con nosotros y convertirse en el héroe del día, desde la policía a diferentes integrantes de tribus urbanas. Hay una gran variedad de enemigos y por tanto, como organismo parasitario que somos, tenemos a nuestra disposición una gran amalgama de cuerpos que ocupar, con un total de más de sesenta, que iremos desbloqueando. Aquí reside la que es para mi la mayor virtud del título, y es la variedad, pues cada cuerpo tiene sus propias armas y características, lo que hará que vayamos desarrollando nuestras preferencias, o que optemos por ocupar el que más nos convenga según los enemigos a enfrentar, estrategia que nos resultará especialmente útil en los duelos contra los jefes finales.

Nuestro alien no dejará títere con cabeza, en una frenética orgía de destrucción iluminada por neones en la que nos iremos moviendo entre el asesinato y el cambio de cuerpo. La forma alienígena es simplemente transitoria al ser muy débil y aguantar en principio solamente un impacto, por lo que no nos convendrá mantenernos en ella por mucho tiempo. En cambio al introducirnos en un cuerpo su barra de salud pasa a ser la nuestra, y no es que sea mucho más resistente, pero podremos deshacernos de ella en favor de otro huésped y así reiniciar el ciclo.

Este roguelike no nos da un respiro; las arenas de batalla generadas de forma procedural se suceden y las mecánicas de prueba y error hacen presencia, con demasiado énfasis en el error, pues la dificultad roza lo insano, penalizándonos a la más mínima equivocación. A ello no ayuda el control que en este caso es el de un shooter de doble stick, resultándome el sistema poco natural al tener que apuntar con el stick derecho y pulsar un botón para disparar, aunque nos acabaremos acostumbrando, y poco a poco se va convirtiendo en una mecánica más fluida, que de hecho creo que ha sido introducida conscientemente como una forma de darle un punto más de dificultad y acabar de desquiciarnos por completo. Ciertamente si disparáramos automáticamente al pulsar una dirección en el stick derecho como ocurre por ejemplo en Geometry Wars (Bizarre Creations – 2003), acabar con los enemigos sería bastante más sencillo, pero quizá también menos divertido.

Y es que, sí, a pesar de querernos hacer apagar la consola tras muertes que rozan lo injusto este juego es divertido; la acción es satisfactoria, no se detiene, y sobre todo la mecánica de ir cambiando de cuerpos está muy bien llevada y le aporta originalidad, dentro de un género en el que parece estar ya todo inventado. La cadencia que se va generando de muertes sucesivas e invasión de cuerpos acaba en un bucle del que es imposible salir y sin el que este título sería uno más del montón, pero se nota que se ha puesto el foco en lo jugable y funciona muy bien. Esto es lo que nos motivará a jugar otra partida más y no es poco en un juego de este tipo. Es en los enfrentamientos con los jefes finales en los que este ritmo se rompe y requieren de más pausa y estrategia, teniéndonos que aprender sus patrones y llegando la curva de dificultad a salirse del gráfico.

Como suele ocurrir en este tipo de juegos la progresión es un elemento importante y aquí se antoja vital, tanto la que experimentamos como jugadores a los mandos como la que vamos adquiriendo dentro del juego en forma de nuevos personajes. Es un proceso lento, y nos llevará partidas y más partidas conseguir enfrentarnos a los retos con las suficientes garantías pero, para bien o para mal, la paciencia es otro elemento a tener en cuenta en los roguelikes, y más en este título. Esto es importante, pues la experiencia puede diferir mucho dependiendo de como nos planteemos el reto en un inicio; tenemos que tener claro a que tipo de juego nos estamos enfrentando, que es uno que va a a intentar llevar al límite nuestra tolerancia a la frustración, y si tenemos esto claro nuestro periplo con el alien va a ser mucho más llevadero.

Cada vez que muramos volveremos a empezar desde el inicio, ni más ni menos, y las mejoras que hayamos recogido desaparecerán por completo, por lo que en la próxima partida volveremos a ser un indefenso lienzo en blanco. Por supuesto estas mejoras aparecerán en los niveles de manera aleatoria, con lo que el factor suerte también será una variable de éxito a tener en cuenta. Supongo que ha quedado claro al ir leyendo este texto, pero este juego no nos coge de la mano en ningún momento.

Saliéndonos del elemento jugable todo lo demás en HyperParasite se antoja accesorio, como unas frágiles patas que sujetan lo verdaderamente importante. Si hablamos de su historia el juego va directamente al grano para situarnos en la acción (con el divertido giro de encarnar por una vez al alienígena en vez de tener que aniquilarlo) y en cuanto a valores de producción son bastante escasos. Gráfica y artísticamente es sencillo, con unos personajes simples y escenarios que son un mero recipiente de acción, todo envuelto en una ambientación cyberpunk que hemos visto ya mil veces. No le sienta mal, como tampoco la música synthwave, pero los estudios independientes deberían empezar a buscar referentes más allá de los años ochenta en cuanto a estilo y diseño, máxime cuando les ayudaría a destacar en unas tiendas digitales sobrepobladas de títulos de un corte estético similar.

Dejando de lado la originalidad o no, lo cierto es que el conjunto estético y sonoro, a pesar de sencillo, funciona, y a cerrar el tono general ayuda un sentido del humor gamberro y las numerosas referencias a la cultura popular. La verdad es que tiene gracia que por una vez nos dejen ser el invasor y no el invadido, y aunque nuestro alien no parece tener mayor motivación que destruir y sembrar el caos, no nos costará empatizar con él dada la representación que se hace de la fauna terrestre.

La jugabilidad eclipsa los demás apartados

Es difícil hacerse un hueco en un género como el de los roguelikes que ha recibido y continúa recibiendo muchos títulos salidos de estudios independientes (algunos de ellos de gran calidad), y HyperParasite sin duda nos lo pone difícil con un estilo visual que no entra por los ojos y una ambientación que ya casi se ha convertido en genérica, pero lo que sí es cierto es que TrogloBytes Games ha sabido poner sobre la mesa dos virtudes que  hacen que merezca ser tenido en cuenta, la primera es el toque original al permitirnos ser el alienígena que quiere destruir la tierra y la segunda y la más importante es una mecánica, la de parasitar cuerpos que también aporta otro punto de originalidad y además ritmo en lo jugable. Ambas hacen de este título uno muy disfrutable, sobre todo si sabemos darle la paciencia que necesita.

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