Retrica musical

Track list

  1. 50 Cent “In da Club”
  2. A-ha “Take On Me”
  3. Ace of Base “The Sign”
  4. Agent 001 “Daniel Wiggy”
  5. Amy Winehouse “Rehab”
  6. Armin van Buuren “Blah Blah Blah”
  7. Austin Seltzer “Shanghai Slugfest”
  8. Ava Max “Sweet but Psycho”
  9. Bad Bunny “Yo Perreo Sola”
  10. Basement Jaxx “Where’s Your Head At”
  11. Basra Khan “Black Phosphorous”
  12. Becky G & Natti Natasha “Sin Pijama”
  13. Benny Benassi presents The Biz “Satisfaction”
  14. Bignums “High Fructose”
  15. Billie Eilish “Bad Guy”
  16. Black Light Odyssey “Sequence Her”
  17. Blue Öyster Cult “(Don’t Fear) The Reaper”
  18. Bobby Brown “My Prerogative”
  19. Brad Paisley “Mud on the Tires”
  20. Brown “Reminds Me”
  21. Cade7 “Dot Calm”
  22. Cardi B “Bodak Yellow”
  23. Carly Rae Jepsen “Call Me Maybe”
  24. The Chainsmokers ft. Daya “Don’t Let Me Down”
  25. Charm Syndicate “Bloom”
  26. Childish Gambino “Summertime Magic”
  27. The Clash “Rock the Casbah”
  28. Coldplay “Clocks”
  29. Colette “Physically (Pete Moss Remix)”
  30. CrackCase “Rupture Academy”
  31. Da Sunlounge ft. Sara Z “Been Here From the Start”
  32. Danny Humbles “Streetfire Tango”
  33. David Youu “Get Back To Me”
  34. Deadmau5 ft. Rob Swire “Ghosts ‘n’ Stuff”
  35. Dissentor “Rotten Colossus”
  36. DMX “X Gon’ Give It to Ya”
  37. Dolly Parton “Jolene”
  38. Donna Summer “Hot Stuff”
  39. Doscomp “Lonely Mornings”
  40. Dua Lipa “Don’t Start Now”
  41. DYH “Let’s Go Home”
  42. Eddie Japan “Summer Hair”
  43. Eric B. & Rakim “Don’t Sweat the Technique”
  44. Faint Shadow “Feeling Never Lasts”
  45. Fatboy Slim “The Rockafeller Skank”
  46. Flo Rida feat. Sage the Gemini & Lookas “G.D.F.R.”
  47. Grandmaster Melle Mel “The Message (2012)”
  48. Greg LeBeau “This Isn’t Enough”
  49. Grouplove “Tongue Tied”
  50. Hashtyani “Mantra”
  51. Hollow “Rip The Floor Open”
  52. Imagine Dragons “Thunder”
  53. J Balvin & Willy William “Mi Gente”
  54. Joliet “Groove on Lockdown”
  55. Jonas Brothers “Sucker”
  56. Justin Timberlake “Can’t Stop the Feeling!”
  57. Karol G & Nicki Minaj “Tusa”
  58. Kendrick Lamar & SZA “All the Stars”
  59. The Killers “The Man”
  60. LaBelle “Lady Marmalade”
  61. Lady Gaga “Born This Way”
  62. Life On Planets “Raise it Up”
  63. Lil Nas X ft. Billy Ray Cyrus “Old Town Road (Remix)”
  64. Lizzo “Good as Hell”
  65. LMFAO ft. Lauren Bennett & GoonRock “Party Rock Anthem”
  66. Lonely C ft Kendra Foster “Hold Up (Radio Edit)”
  67. Lord Felix “Studio 54”
  68. Macklemore & Ryan Lewis ft. Wanz “Thrift Shop”
  69. Maroon 5 ft. Christina Aguilera “Moves like Jagger”
  70. Megadeth “Symphony of Destruction”
  71. Meghan Trainor “Me Too”
  72. Midnight Magic “I Gotta Feeling”
  73. Migos “Stir Fry”
  74. Naughty by Nature “O.P.P.”
  75. Nelly “Hot in Herre”
  76. O-Zone “Dragostea Din Tei”
  77. ORION “Time For Crime”
  78. Otis Redding “(Sittin’ On) The Dock of the Bay”
  79. Panic! at the Disco “High Hopes”
  80. Pattern Drama ft. Aquarius Heaven & Hezza Fezza “Wait For Me”
  81. Paul van Dyk “For an Angel (PvD Remix ’09)”
  82. Pharrell Williams “Happy”
  83. Pitbull ft. Ne-Yo, Afrojack & Nayer “Give Me Everything”
  84. Pixies “Here Comes Your Man”
  85. Post Malone “Better Now”
  86. Rage Against the Machine “Killing in the Name”
  87. Rick Astley “Never Gonna Give You Up”
  88. Rüfüs Du Sol “Eyes”
  89. Salt-N-Pepa “Push It”
  90. Sam Hunt “Body Like a Back Road”
  91. Sean Paul “Temperature”
  92. Shania Twain “Any Man of Mine”
  93. Sia ft. Sean Paul “Cheap Thrills”
  94. Smash Mouth “All Star”
  95. Soul Clap ft. Nick Monaco & Bill “Bass” Nelson “Future 4 Love”
  96. Steve Porter “Espresso”
  97. STL GLD ft. Latrell James “Chaka Zulu”
  98. T.I. ft. Jay-Z “Bring Em Out”
  99. TK Sun “Hold On Infinite”
  100. Tones and I “Dance Monkey”
  101. A Tribe Called Quest “Can I Kick It?”
  102. Twenty One Pilots “Stressed Out”
  103. The Unicorn Princess “Back To Boston”
  104. Warren G & Nate Dogg “Regulate”
  105. The Weeknd “Blinding Lights”
  106. Whitney Houston “I Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me)”
  107. Young MC “Bust a Move”
  108. Zedd, Maren Morris & Grey “The Middle”

Esto va a doler (y a mí el primero): los juegos musicales están muertos. Vale, puede que no estén muertos, pero desde luego no están vivos. Y es que el concepto de la musicalidad lúdica que configura el imaginario colectivo, adyacente a la definición del instrumento como juguete, de la tangibilidad y del party game, se antoja a día de hoy arcaico. En parte gracias al auge del juego online, en parte gracias a la digitalización y extrema accesibilidad del medio, o eso cabe suponer. Pero qué más da. La muerte del juego musical es, se mire por donde se mire, culpa del jugador. Es culpa nuestra. Y no tanto porque hayamos perdido el interés en él; porque rechacemos un Guitar Hero más (aunque ahora nos permita tocar Bangarang con la guitarra) o porque, en una época donde el videojuego se ha desvalorizado hasta ser regalado semanalmente en tiendas como Epic Games Store, nos cueste horrores sacar la cartera a pasear para dar dinero a quienes lo merecen. Es culpa nuestra porque a lo largo de estas últimas dos décadas nos hemos empeñado en paulatinamente marginar, reformar y/o menospreciar a aquellas propuestas que se han esforzado en reorientar el género, en mantenerlo fresco y en alzarlo hasta nuevas cotas, librándolo de su anclaje con la simulación. Porque Sayonara Wild Hearts se postula claramente un juego de acción o “aventura” (sea cual sea ese género), y porque Thumper ofrece un acercamiento explícito al videojuego desde la acción y el, he llegado a leer, survival horror. “Con mucho ritmo”, eso sí, siempre.

Nuestra pobre apertura de miras nos ha regalado una contemporaneidad sorda y sórdida en la que un lanzamiento de Harmonix (Dance Central, Rock Band 4) ha logrado colarse en los catálogos de las principales máquinas – muy irónicamente – sin hacer el más mínimo ruido. Es una pena porque quizás FUSER fuese esa pequeña revolución que muchos hubiésemos agradecido necesitábamos años atrás; desde luego que llega tarde, y consecuentemente pasará desapercibido, pero es verdaderamente triste, en el más agónico sentido de la palabra, jugar a él siendo consciente de lo que bien que funciona, de lo divertido que es en apariencia y fondo, y de la vida que intenta insuflar desesperadamente al cadáver que yace bajo el árbol más pequeño del cementerio de lo lúdico. Porque, pese a las ansias por revolucionar su campo, acaba perdiéndose en su dualidad como obra y herramienta. Porque, por no querer renegar de todos aquellos estigmas que quedaron grabados en la piel de la antigua vaca sagrada del estudio, nadie será capaz de ponerlo a su altura. Nadie se acordará de él, porque no revoluciona nada.

Revolucionar, en cursiva, porque es un verbo que nunca me ha gustado. Como periodistas dedicados al mundo del entretenimiento (y también como usuarios), solemos irnos de la lengua mucho más de lo que deberíamos, estableciendo expectativas desorbitadas simplemente por lo sencillo que resulta hacer dialéctica. Porque estamos viviendo la llegada de la novena generación de consolas, y parece que si el mando de PS5 no es revolucionario o el SSD de Xbox Series X | S no es lo mejor que le ha pasado a la industria desde el salto a las 3D, no merece la pena seguir leyendo, escribiendo, jugando. Si no se pone en negritas o en mayúscula, tampoco. Pero, a riesgo de tirar todo eso por la borda, he de decir que nada de lo citado es – ni tan siquiera está cerca de ser – revolucionario. FUSER tampoco lo es; entonces, ¿por qué habría que esperar lo contrario de él?

Esta suerte de introducción no deja de ser una respuesta a las primeras lecturas que han surgido estos días a raíz del lanzamiento de lo nuevo de Harmonix. Realmente son críticas y opiniones que entiendo; despojado de cualquier tipo de purpurina, FUSER sí que tiene algo innegable que le hace relativamente valedor del título de “revolucionario, pero no mucho” que le otorgan por ahí: su autoconocimiento. No se puede negar que el juego no sea capaz de reconocer su situación, el público al que apela y las herramientas de las que dispone: como si fuese una app de realizar montajes fotográficos desde el móvil o un software que edita vídeos automáticamente al más puro estilo Google FotosFUSER, que se postula como una experiencia relativamente cercana al DJ, no transmite prácticamente ninguna sensación similar a la de pinchar con una mesa de mezclas y ante un entorno no tan controlado, pero sabe perfectamente que no tiene porqué hacerlo. Lo que FUSER hace sentir al usuario medio es la sensación que el usuario medio cree que se siente al pinchar, por más que esta esté a años luz de distancia de la sensación real. Y eso está bien, porque pinchar no suele ser tan divertido y relajado como lo que alguien con nulos conocimientos de disc-jockeying cree que es. Y porque raro será aquel que cate FUSER tras haber pasado horas pinchando en un estudio, o esperando una experiencia de simulación real 1:1.

Esta premisa da cobijo a unos cimientos mecánicos muy bien puestos que, además de ser perfectamente válidos y funcionales a la hora de servir como intermediarios entre el jugador y el festival de kicksclaps, snares y hats que sucede en pantalla, resultan extremadamente accesibles; fáciles de entender, también fáciles de dominar. El título, cosa importante, tiene una capacidad asombrosa para hacer que todo suene bien (lo cual resulta bastante satisfactorio al disparar el game feel), siempre y cuando ese todo esté mezclado con un mínimo de mimo y atención por parte del jugador, claro está. Para ello, presenta desde los primeros compases de su aventura una serie de ayudas al usuario que permiten a este conocer en tiempo real cierta información muy útil; a cuántos BPM se está reproduciendo una canción (con posibilidad de cambiarlos), cuándo acaba el estribillo de la misma o cuándo es buen momento para cambiar el bajo por una guitarra. Hay ciertas asperezas que hacen que el sistema quede imperfecto, y puede llegar ser sencillo equivocarse a la hora de, por ejemplo, mezclar voces armoniosamente (lo cual no suele penalizarse en términos de puntuación, pero sí queda mal al oído), pero en general todos sus elementos constituyen una base muy sólida que resulta tentador querer explorar y explotar durante horas y horas. Esto es algo que se ve apoyado por un apartado visual que no destaca (de hecho, aunque su rendimiento es bueno, en Switch presenta algunos errores visuales), pero que sin lugar a dudas anima a la distensión de la experiencia, haciendo que pasar el rato por los conciertos y menús de FUSER sea agradable.

En síntesis, todo en la obra parece estar diseñado con la diversión en mente; se insta de forma muy orgánica y apetecible a la experimentación musical, y hay cabida para modalidades que pueden disfrutarse muy bien en compañía junto a unas opciones de personalización para nuestro personaje muy agradecidas y bien integradas. No obstante, el acercar tanto como fuese posible esta apuesta al plano recreativo ha supuesto dejar atrás otras posibilidades muy interesantes como herramienta de creación musical que nos hacen remitirnos a la posibilidad de revolución que comentabámos al principio. En FUSER hay una campaña, pero no hay una historia detrás. También hay canciones, pero todas ellas con copyright, no publicables y por supuesto ampliables mediante DLC. Hay mezcla musical, pero no hay ni un solo ápice de creación musical; ni siquiera pueden realizarse scratches a placer con los vinilos virtuales que se utilizan en las mezclas. Existen marcadores multijugador, pero ninguna opción que lleve el juego compartido a un nuevo nivel (DJ a cuatro manos, creación de conciertos virtuales de asistencia gratuita a través de alguna aplicación, quién sabe); tampoco la hay a la hora de compartir bibliotecas entre versiones. Jugar a FUSER es muy divertido; misión cumplida. ¿Pero y la de cosas que también podría haber sido?

El rey ha muerto: ¿larga vida al rey?

FUSER es un juego valiente. Lo es por muchas cosas, pero principalmente, porque ha logrado desmarcarse parcialmente del camino propuesto por sus hermanos mayores para concebir algo nuevo; algo que funciona, que es valioso, y que merece la pena descubrir. Algo que hace que lo antiguo ahora sea antiguo, y que no tenga más cabida a día de hoy; que el juego musical sea ahora otra cosa. Aún así, tras disfrutar de él durante un par de decenas de horas, es fácil acabar pidiéndole un poquito más; un poquito más de valentía, un poquito más de personalidad. Porque en su intento por dejar a un lado la simulación para centrarse en lo recreativo, perdió por el camino sus capacidades como herramienta musical, o al menos las sepultó hasta desasociarse por completo de ellas. No seré yo quien levante esos escombros, pero quizás queden ahí abajo retales que, de cara al futuro, merezca la pena desenterrar.


Este análisis ha sido realizado con una copia para Switch y otra para PS4 cedidas por Kartridge PR.

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