Siete años después de su estreno original, el 'Half Life 3' de las narrativas independientes llega a su punto y final

Entre la resaca que suponen para muchos de nosotros los últimos estertores de las cenas de empresa, las celebraciones anuales y las reuniones familiares apenas hemos dejado pasar un puñado de horas entre la última campanada que inauguró la mediáticamente mal llamada nueva década y el instante actual. No obstante, siete han sido días más que suficientes para que los buenos de Annapurna Interactive (Sayonara Wild Hearts, What Remains of Edith Finch; quién sino) hayan podido preparar y desvelar una de las mayores sorpresas que podía dejarnos, como mínimo, el cálido inicio de este 2020, en el que el inesperado y aparentemente cancelado Kentucky Route Zero volverá a alzarse como protagonista dentro y fuera del panorama independiente tras pasar más de tres años a la sombra, con un cuarto acto lanzado el 19 de julio de 2016. El acto final llegará sorprendentemente pronto, aterrizando en nuestros PC este mismo 28 de enero y haciendo lo propio, a su vez, en el terreno doméstico dominado por las consolas, contando con adaptaciones ya en fase gold tanto para PS4 y Xbox One como para Nintendo Switch bautizadas – al igual que la edición completa de la versión de compatibles – como TV Edition, y trayendo consigo los cinco actos y los cuatro interludios.

Hay muchas razones por las que debemos estar emocionados ante un suceso así. La más destacable, quizás, sea aquella inherente a su mera naturaleza episódica, y es que esta cuidadísima y galardonada desventura en clave de aventura gráfica point-and-click comenzó sus andanzas nada más y nada menos que hace siete años (el 7 de enero de 2013, para ser exactos), llegando a trascender a la actualidad a un plano casi terciario que muchos reservamos para títulos retrasados indefinidamente, cancelados o que, independientemente de las declaraciones del equipo responsable (p.e. Dead Island 2), damos por muertos. El hecho de que se hayan producido dilataciones temporales flagrantes no eran sino explícitas representaciones del mal estado de un proyecto al que le ha costado horrores sacar a relucir su pantalla de créditos, pero que nunca hemos dejado de esperar por la inconmensurable calidad que oculta su guion y planteamiento jugable. Son factores que, igualmente, se esperan que sean llevados a un nuevo nivel de cara al guiso del plato final, pues es ahora Annapurna Interactive quien parece llevar el ritmo de los fogones encargándose de la distribución y producción del videojuego, el cual originalmente – como buen proyecto centrado en la narrativa – quería traducirse a tantos idiomas como fuese posible.

Un complejo de cuevas que yacen bajo la superficie de un páramo, la tormenta más fleminista, una silenciosa noche de verano. Con una densidad de elementos inversamente proporcional a los misterios (y herramientas) que plantea desde su capitular, Kentucky Route Zero se alzará, a buen seguro, como un viaje que muchos aficionados al género y a la industria recordaremos durante décadas, de la misma manera que él se ha preocupado por recordarnos durante todo este tiempo. Forma parte de nuestro cometido ético, entonces, devolverle ese favor. Hagamos ruido, votemos con la cartera. Y hagámoslo juntos, veteranos y neófitos, con tal de maravillarnos con la conclusión de esta epopeya mercantil. Porque, independientemente del acabado final del que el acto final haga gala y de las expectativas del jugador (despojémonos de ellas, por favor), mucho tendremos que esperar para volver a vislumbrar con nuestros propios ojos una hazaña tal, una declaración de amor al fan, una lucha extrema por la supervivencia, como la que la desarrolladora Cardboard Computer ha llevado a cabo con tal de escribir con su propia tinta este punto y final. Hagamos ruido, y disfrutemos desde los riscos de Kentucky de la nueva era.

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