Recopilación, cartografía y cooperación

La humanidad lleva siglos documentando su existencia. Con el avance tecnológico, registrar el progreso realizado en los distintos campos del conocimiento es cada vez más sencillo y, más importante aún, más accesible. Hoy, con internet, tenemos fácil el acercamiento a los contenidos más especializados, muchos de ellos de libre uso en pro de una democratización absoluta del conocimiento humano, pese a los muchos intentos de algunas entidades de capitalizarlo. La recopilación de documentos, las bibliotecas y todos los formatos que se nos ocurran llevan con nosotros desde tiempos inmemoriales funcionando como una base de datos a la que acceder para mantener el avance de la erudición. Os preguntaréis, quizá, si estas líneas hacen referencia pues a las bases de datos de videojuegos (o ludotecas) que tan necesarias son para la preservación del medio, pero lo cierto es que andaremos por otros derroteros. Concretamente, por el aporte comunitario. Por esa democratización del conocimiento en el mundo digital que, en lugar de analizar la realidad, indaga en la ficción como si de los mayores exploradores de la historia se tratasen.

Tal vez, como no podría ser de otra forma realmente, hayáis asistido a la incansable conversación sobre Elden Ring en redes sociales, foros y prensa de videojuegos. Conversación, todo sea dicho, bienvenida para que incluso los jugadores poco habituales se hayan lanzado a los brazos de FromSoftware. Las puertas de las Tierras Intermedias se han abierto y millones de individuos han obtenido la posibilidad de explorarlas, bien prefieran en solitario o bien decidan hacerlo siendo partícipes del estudio común. Pero, ¿qué estudio común es ese? Hace unos meses, Alejandro comentaba que la comunidad podía funcionar como el actor más positivo pero también el más negativo para un estudio de videojuegos (y de prácticamente cualquier cosa). Trabajar en una comunidad sana es tan relevante hoy en día por motivos como este y es importante que se les proporcione las herramientas adecuadas para ser parte activa y no meros usuarios pasivos.

¿Qué es ser un sujeto activo en la comunidad? Bueno, puede pasar por muchas cosas, desde participar haciendo añadidos en forma de mods, hasta vilipendiar malas decisiones empresariales, criticar la explotación laboral dentro de la industria y un largo etcétera. Pero aquí nos interesa, sobre todo, uno de los aspectos positivos que anticipábamos al inicio: la erudición. Hoy, los mapas de videojuegos suelen ser una herramienta clave en el desarrollo del mismo y en la relación del jugador con el universo que debe explorar. Además, la existencia de instancias interconectadas de forma abrumadora o, en su defecto, de mundos abiertos, hace muy necesaria la existencia de algún tipo de guía visual que no implique tener que coger un papel y un boli para orientarnos. En los videojuegos, tenemos ese componente especial de descubrir por nuestro propio pie lo que vemos reflejado. Y ¿qué sucede si no tenemos un mapa? La comunidad hará el resto. Podréis investigar por ahí y observar cómo los otros juegos de la saga Souls, pese a no tener un mapa como objeto interactivo, han sido estudiados hasta el tuétano para cartografiarlos y reflejar modelos 3D y 2D de los mismos, indicando las localizaciones de todo.

Y he aquí la clave: el espíritu aventurero, cartógrafo, explorador y erudito que poseen las comunidades en las distintas obras culturales. En busca de una perspectiva amplia, más aún con los videojuegos que tienen diferentes rutas y en los que cada jugador obtiene un resultado diferente, los usuarios recopilan, esquematizan y reflejan de forma ordenada toda la información existente. Cuando no existe un mapa original, se representa. Cuando sí existe pero no da demasiadas pistas, siempre habrá quien lo detalle. Con Elden Ring hemos asistido a un ejercicio comunitario de exploración e intercambio de información, además de haberla recopilado y guardado a buen recaudo en su wiki correspondiente. No solo encontraremos detalladas páginas sobre los personajes, sus quehaceres, su personalidad y relaciones, sino que, además tenemos la capacidad de contextualizarlos dentro de un mundo complejo, como si de laboriosos historiadores nos tratásemos. Cada usuario vaga por las Tierras Intermedias buscando y encontrando detalles, apuntándolos y reflejándolos en la gigantesca base de datos que cada día contiene más información, como hemos hecho a lo largo de los siglos con cualquier acto relevante. No en vano existe ya un mapa detallado e interactivo de todo el terreno de Elden Ring, donde podemos localizar cada personaje y cada objeto que dejaremos en el siguiente recuadro por si alguien desea consultarlo:

Mapa
No esperarías que pusiésemos la imagen del mapa directamente, ¿no? Venga, que un missclick lo tiene cualquiera. Puedes acceder a él entrando a este enlace.

Todo esto es aplicable a cientos de videojuegos. Solo hay que echar la vista unos años atrás para recordar el fenómeno Skyrim y cómo miles de jugadores fueron encontrando lugares que no sabían que existían hasta años después, similar a lo sucedido con algunos detalles de Breath of the Wild. Una de las obras más conocidas del manganime, One Piece — mis disculpas por usarlo tan a menudo, pero eh, tendré que emplear mi bagaje de más de un millar de capítulos ¿no? —ha sido también objeto de estudio por numerosos usuarios que han teorizado, investigado y construido información a partir de las pistas que, año tras año, Eiichiro Oda va dejando. Ya no solo hablamos de ese mítico tesoro al final de la aventura, sino de los detalles sobre los personajes, su edad, sus costumbres de origen en un mundo tan amplio como este, etcétera. Esto produce una comunidad que construye no solo teorías y reflexiones a través de youtube y otros medios, sino estudios académicos que pueden extraerse de la temática e incluso líneas de tiempo, mapas y otros contenidos. Al final, nos encontramos con una base de datos a la que el propio autor puede llegar a recurrir para repasar ciertas informaciones que quedaron dispersas en el tiempo.

 

Elite Dangerous

 

 

En gran parte de los títulos suele haber multitud de cosas más allá del individuo que protagoniza la trama. Hay mundos que funcionan por sí solos, personajes que interactúan entre sí, relaciones políticas de importancia para la trama, etcétera. En general, un worldbuilding que funciona y que se refleja en sociedades funcionales donde la gente tiene su vida. Esto, como bien indicaba Víctor Rodríguez, puede presenciarse de forma más evidente aún (si cabe) en títulos como Elite Dangerous, donde no somos más que uno de los miles de capitanes interestelares que trabajan para sustentar sus viajes. Aquí, la labor comunitaria es similar a lo que ocurre con otros MMOs en términos monetarios y comerciales, teniendo bases de datos externas asociadas para comprobar los precios de los productos. Pero también las tenemos sobre el estado político de los sistemas, así como de las expediciones que se organizan en foros para explorar en la segunda mitad de la galaxia, prácticamente deshabitada. Algo difícil y que requiere del trabajo comunitario teniendo en cuenta los números en los que nos movemos, que no son pocos en un juego de este calibre que presenta una galaxia a escala 1:1.

La ciencia lleva siglos funcionando de forma colaborativa. Hay muchos intentos de des-democratizarla y convertirla en un bien de mercado, pero aún sigue siendo un producto del intelecto humano batiéndose en duelo por intentar que el conocimiento recabado sea accesible para todos. La colaboración, como decimos, es la base del famoso lema “a hombros de gigantes”. Muchos estuvieron antes ahí para que esos descubrimientos sirvan de algo y otros, más adelante, puedan explorar más allá. Las comunidades en general y los jugadores en particular han adoptado este sistema para indagar en la ficción de forma cooperativa emulando a los eruditos que aparecen en esas mismas obras y que recopilan la información del mundo. En definitiva, una forma de no perder nunca el espíritu de aventura y contribución, manteniéndonos en una perpetua era de los descubrimientos.