Los cañeros salones del Valhalla

De vez en cuando aparece un videojuego dispuesto a sacar lo mejor y peor de nosotros. Bullets Per Minute aparenta haberse concebido en esta línea, con claras inspiraciones que conforman una obra simple en forma pero con una gran posibilidad de escalado para los jugadores más entusiastas, mientras que se presenta como una desconexión divertidísima para los más casuales.

¿Has pensado en algún momento en recorrer los reinos de Yggdrasil escopeta en mano a golpe de guitarra? Bueno, ¿quién no? Antes de empezar, hazte un favor y dale al play.

Todos hemos podido jugar, o al menos tantear alguna vez, algún título rítmico. Acertar en todos los beats de Guitar Hero al ritmo de Dragonforce era de esos retos que cualquiera se llegó a plantear en su momento. Con los años, esa fórmula de seguir el ritmo sufrió experimentos y en las redes circulan vídeos de Beat Saber, que aprovecha la Realidad Virtual para crear entornos 3D en los que los jugadores rompen bloques en pistas creadas por la comunidad. Pero podemos ir más allá y encontrar planteamientos increíbles como Crypt of The Necrodancer, juego divertido donde los haya que llevó al estudio a crear posteriormente un spin-off de The Legend of Zelda con el sonado Cadence of Hyrule.

Pero, ¿podría evolucionar más aún este concepto? Pues sí. Solo hacía falta usar la primera persona y muchos disparos. Así de primeras puede sonar un poco loco, pero ¿quién no ha querido encarnar a una valquiria y liberar los salones de Asgard de los demonios que los invaden? Después de jugar a Doom: Eternal pocos shooters llaman mi atención de primera mano, pero Bullets Per Minute (BPM) tenía algo especial en su concepto y me hizo darme cuenta de que varias veces que, en Doom, había intentado coordinar algún que otro movimiento con la música tan cañera que nos acompaña. Porque ver a un demonio estallar en el momento perfecto de una canción es un estímulo para el que no estamos preparados. La gente de Aw Interactive, los desarrolladores de BPM, parecen conocer a la perfección esta sensación y han basado toda su obra en ella.

Tenemos por delante un roguelite muy ligero en cuanto a sistema, basado en conceptos derivados de la mitología nórdica donde nuestro objetivo será avanzar por los diferentes reinos que componen cada una de las fases. Siempre son los mismos en orden, aunque se generan de forma aleatoria como acostumbra el género. Incluso existen variables como “Dark Asgard” que modifica la sección de Asgard para obligarnos a jugar casi a oscuras. La estética altamente saturada del juego hace que todos estos cambios sean bienvenidos y supongan una sorpresa y conforme avancemos por las paleta de colores se irá adaptando a cada ambiente.

A lo largo de la aventura tendremos que combinar llaves y monedas para acceder a distintas mejoras que van desde aumento de daño a velocidad, pasando por rango, precisión, suerte, etcétera. La gestión de recursos será esencial, pues cualquier cambio en nuestro equipo se aprecia de forma notable. Podemos llevar cuatro piezas de distinto tipo: cabeza, manos, torso y piernas. Combinarlas creará sinergias al estilo The Binding of Isaac, algunas de ellas muy eficientes como el hecho de tener disparos explosivos y, además dobles, mientras que otras no servirán de mucho y nos perjudicarán más que ayudarnos. En líneas generales, la aleatoriedad deberá ser nuestra cómplice para alcanzar el final de cada ronda, pues aunque usemos las llaves y monedas con cabeza, debemos ir relativamente preparados a por el jefazo de cada nivel, que también presenta variables aleatorias.

Pero en Bullets Per Minute la habilidad será esencial. Así que toca estirar el FOV todo lo posible y volver a ese estilo Quake que tanto nos encanta, esta vez disparando a ritmo del rock más bestia. Si en Doom hablábamos de un “baile” en lugar de un combate, aquí el concepto se presenta en su máxima expresión, teniendo que enlazar el beat con cada disparo, cada recarga y cada dash que hagamos, siendo imposible atacar a destiempo. Por tanto, tenemos que ser uno con la canción, que cambiará con cada nivel, obligándonos a adaptarnos al ritmo. La precisión es crucial, aunque diversas piezas de equipamiento y mejoras nos ayudarán a no tener que ser tan exactos con el apuntado.

Como es lógico, los primeros paseos por los reinos serán arduos y muy posiblemente no pasemos del primer o segundo jefazo, que estará listo para destrozarnos al ritmo de la música (sí, los enemigos también atacan siguiendo el compás). Pero tras varios intentos iremos enlazando mejores recargas con nuestros disparos de pistola, hasta que veamos que podemos acceder a escopetas e incluso algún arma automática. Y ahí es donde todo se nos va de las manos, el juego despunta y la experiencia se convierte en algo divertidísimo que no sabíamos que queríamos. 

Cada arma tiene una cadencia, cargador y daño distintos, por lo que costará ir acostumbrándose. Además, dependen de la aleatoriedad pues las encontramos en cofres o las compramos en el armero dentro de cada partida. Conforme avancemos, además, desbloquearemos a diversos personajes que rompen la monotonía planteando nuevos desafíos: armas, habilidades y estadísticas distintas. Incluso tenemos a un personaje que no puede llevar arma y que, en su lugar, lanza magia a dos manos que, por supuesto, debemos coordinar con el ritmo. Pero por si fuera poco, la posibilidad de escoger entre el modo fácil y el difícil añade una nueva capa de locura, pues en la dificultad elevada encontraremos enemigos en los primeros niveles que esperábamos mucho más adelante, cuando estuviéramos bastante más preparados.

Diversión sin fin en la cumbia de Odín

Bullets Per Minute recoge todas las buenas ideas que pueden extraerse del roguelite y las combina de forma excelente con una acción desenfrenada en primera persona. Nuestro único momento de descanso surge al acabar con cada jefe, donde podemos disfrutar de un riff de cierre para la canción de la pelea, que coordinamos nosotros mismos a modo de colofón final, perfecto para concluir con la tensión tan loca y divertida que es capaz de generar. Como comentábamos al inicio, BPM es una delicia de lo casual, pensada para los pequeños ratos y combinada con todo el potencial de la profundidad y el desafío al que acostumbra el género.


Este análisis ha sido realizado con una copia para PC adquirida por la propia redacción.

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