La experiencia puede ser totalmente nueva, e incluso mejor

Por más que no paren de llegar nuevos títulos y nombres de calado a tiendas y plataformas, somos muchos los que en según que momentos preferimos apostar por ese juego de confort, que nos da paz y tranquilidad, antes que la última novedad que pretende cambiar la industria. Y ese rincón puede ser, realmente, cualquier cosa. Desde el MOBA más tóxico que puedas imaginar, hasta un juego independiente con una narrativa experimental, lo importante es que ese título, esa experiencia, esos recuerdos, nos trasladan mentalmente a situaciones o lugares mejores. Puede ser por nostalgia, o simplemente porque hacemos click con el cúmulo de sensaciones que nos aportan. Pero no todo tiene que ser aislarse del mundo y tener nuestro pequeño refugio virtual. Y si, aunque sea como prueba piloto, ¿hacemos ese viaje en compañía?

Como buen texto personal y subjetivo a más no poder, voy a obviamente basarme en experiencias personales y conceptos o nociones que a mí me llevan a esa zona y es más que seguro que tú, lector, tengas otras totalmente diferentes. Puede que los juegos a mencionar no te convenzan, pero siempre puedes proponer otros. Al fin y al cabo, al igual que el punto centrar del artículo, la gracia de la cuestión está en compartir la experiencia. Y esto puede hacerse con cualquiera. Puede ser un grupo de amigos, como si de un juego de mesa que conoces de memoria se tratase, con pareja (o interés romántico) como vía de compartir vuestros mundos, o tal vez simplemente con un grupo cualquiera y ese juego tan esperado por el que lleváis meses devanandoos los seos. Cualquier excusa es buena, incluso aunque el juego no esté planteado para disfrutarse a dos (o más) mandos, el límite es nuestra imaginación.El ejemplo más simple y posiblemente banal es que cualquiera que haya tenido hermanos o primos con los que haya tenido que jugar algún juego single player sepa por donde voy a ir. Y más allá de retomar aquella experiencia original (y sufrir por lo mal que han envejecido según qué mecánicas o técnicas con el paso de los años), si algo bueno tiene esta tendencia de remakes y remasterizaciones es que abren la puerta a esa nostalgia precisamente ahorrándonos ese mal trago de vernos obligados a aceptar que la realidad es más fea de lo que la recordamos, o que ese jefe final que tantas tardes nos ocupó no era realmente un problema. Pero se vuelve a pasar el mando, igual ahora no por nuestra incompetencia, sino por ver la reacción de la otra parte ante un nivel, una sección o un desafío. Por ejemplo, esta experiencia la viví en tercera persona con Elden Ring y mis compañeros de piso, seguidores acérrimos de la obra de From Software, y como devoraron la nueva obra de Hidetaka Miyazaki de manera cooperativa. No era tanto una cuestión de habilidad, y medirse superando más jefes que el resto, sino una unión con distintos planteamientos a la hora de superar retos o decidir (favorecidos por el sistema de mundo abierto del juego) el siguiente objetivo a tener en cuenta. Y aunque yo estuve en todo momento como espectador (si acaso viajando unos minutos por el basto mundo que se nos presenta), la emoción tras superar una nueva fase (y superarla o estamparse en el proceso) se podía palpar en el aire. Y dudo que para los integrantes de dicho escuadrón, por más que puedan volver a Elden Ring en el futuro, puedan replicar de alguna manera estas sensaciones.

Pero no todo tiene que ser con motivo de la novedad, también pueden darse circunstancias que simplemente empujen a según que juegos. Por ejemplo (y me da genuina curiosidad aquellos que no pasaran por algún juego equivalente) la cuarentena abrió la puerta a interminables noches de Jackbox Party, Gartic Phone o Pinturillo. Y por más que sean títulos que jugablemente tengan la misma profundidad que el mecanismo de un botijo o de un calcetín, son elementos que a muchos nos permitieron mantener (dentro de lo que cabe) la cordura a lo largo de esas duras semanas de confinamiento. De la misma manera, aunque con una base mucho más establecida de forma previa, sucede con Pokémon. Pero no la experiencia tal y como está concebida por Nintendo, sino con el set de normas creado por la comunidad Nuzlocke. Estos desafíos, que llevaban años purulando por las redes y que dan lugar a todo tipo de historias y narrativas pero que no dejaban de ser algo marginal ahora están en boca de todo el mundo gracias a eventos como las Pokémon Twitch Cup organizadas por streamers de habla hispana, y en más de algún caso habrán motivado a alguno a replicar dicho formato con un grupo de amigos. La aventura del juego elegido con el set de normas, y luego combate a muerte por el orgullo y honor de ser el mejor que habrá jamás. Que no deja de ser una vuelta de tuerca a lo que llevamos mencionando todo el artículo. Lo mismo de siempre, pero acompañado (y ligeras modificaciones en este caso concreto).

Pero, y como no podía ser de otra manera, lo mejor hay que dejarlo para el final. Que son esos juegos que ya conoces, pero que esta vez compartes con alguien que los experimenta por primera vez. Si hay algo que ayuda a poder recrear esto de manera sencilla, son los Early Access, en los que entre versiones un proyecto puede cambiar de tal manera que equivalga a dos contextos tan diferentes que recordar algo no suponga nada. Casos como Stardew Valley, que añaden muchísimo contenido en cada actualización, permiten que hacer una granja conjunta, en la que explorar las novedades y en definitiva, revivir esa primera sensación pero ahora acompañado, siempre merezcan la pena. También pueden ser juegos cuyo punto central sea la trama, y que revivirla al lado de alguien que la conoce por primera vez lo convierta en algo igualmente especial a aquella primera vez, como To The Moon, o la saga Bioshock, por recurrir a algo más comercial. Pero no todo tiene que ser conocimiento y gestión de recursos, también puede ser cuestión de habilidad. Y qué mejor caso que Cuphead, en el que jugar con alguien totalmente ajeno al mismo implica repetir una y otra vez la misma fase indefinidamente hasta superarla. Es, en esencia, la evolución del pasar el mando de antaño. Y también la evolución de ese juego de confort que ahora podemos disfrutar acompañados para una nueva experiencia, seamos mentor, o novato.