Deconstruyendo su universo

NOTA: Este artículo da por hecho que has jugado a Los Sims. También que lo tomarás como lo que es: una opinión individual y subjetiva.

La saga Sims siempre ha estado presente en mi casa desde la primera entrega, aquel juego que presuntamente nació como crítica del capitalismo. Le siguieron expansiones como “Magia Potagia” o “Mascotas”. De hecho, nos mantuvimos bastante actualizados hasta Los Sims 3 gracias a que este juego caló bien en mi casa: era el simulador de familias para mi hermana y de construcción de casas para mi padre. Y si no nos podíamos permitir una expansión mi hermana y yo, siempre estuvo ahí el truco de instalar expansiones de amigos primero y después los tuyos, para cargar el juego con el disco de tu propiedad – me pregunto si habrá encontrado Electronic Arts una forma de eludir esto en Sims 4-.

De una forma u otra, estaban presentes estos juegos a través de guías, gameplays, trucos, conversaciones… Hemos jugado turnándonos entre amigos, he creado casas y casas con mi padre y he navegado por miles de foros. Para ser un juego de un solo jugador y sin online, fijaros que componente social alcanzó. Pero fácilmente he pasado no solo por aborrecerlo sino que también lo detesto, como quien se vuelve intolerante de un ingrediente al abusar de este. Y es que cuando reflexionas y comprendes los sims, la utopía se vuelve distopía.

Sube esos Skills

Cuando escribo artículos para esta web, quiero pensar que es sin segundas intenciones y que lo hago sin incentivo alguno más que el del libre acto de creación a la par que de reflexión y, mientras lo realizo me distraigo con mil cosas. Algunas son útiles, como contestar mensajes o desarrollar mientras algún otro trabajo de forma paralela pero… otras veces simplemente reviso mis estanterías a ver que libros me quedan por leer y juegos por probar y no suelo llegar a ninguna parte, no produzco nada con mis propias manos y ni ayudo a hacerlo: simplemente me abstraigo y me hace encontrar algún sentido a lo que hago, sentir que consumo y escribo textos al mismo tiempo como un ejercicio de retroalimentación solidaria. Trato que mi vida sea un 50/50 en cuanto a trabajo duro y “perder el tiempo”, desde el punto de vista de la productividad. Me encanta embarcarme en grandes empresas, sudar la camiseta y crujirme los huesos pero otras… otras veces quiero vaciar mi mente en paseos largos, revisado de objetos hasta arriba de recuerdos o ver como baja el sol (esto último es para mí casi una ceremonia).

Pero esta no es la mentalidad del sim, porque está demasiado ocupado llenando barras. El sim necesita trabajar sin descanso y si ha de escribir durante 3 horas sin descanso ni recreo, lo hará para convertirse en ese escritor rodeado de dinero y fama que desea ser. Y cuando no escriba, irá a fiestas pues necesita llenar las barras de ocio y carisma – y de ser posible, cazar oportunidades de trabajo -.

El sim no se mueve por inspiración o necesidad vital: necesita llegar a lo más alto, a la cúspide de la pirámide social y forzará los caminos para conseguirlo. Se avanza invirtiendo horas, así que a invertir. De repente, el sim se ve sumido en un ciclo de trabajo y descanso, en el que esta última fase – cada vez más corta- se concebirá como necesaria para el eje vital ahora del individuo que es su trabajo. El descanso solo sirve para trabajar mejor. Mientras sucede esto, tu familia puede crecer pero, claro, ellos también necesitan llenar sus barras y alcanzar sus objetivos: esos que se pusieron a toda prisa para no caer en una crisis existencial. A tu pareja le bastó quedarse enganchado contigo con un combo repetitivo  de “conversar-chiste-coqueteo” y, ocupado con ser más en tu trabajo, tus hijos no son más que extraños que necesitan de una niñera.

Esta actividad enfermiza solo se verá ocasionalmente frenada por un ente abstracto, el jugador, que lo viste y adorna su casa pero… el sim no es susceptible a estos cambios ni tiene tiempo: todos los espacios vacíos hay que llenarlos con actividad útil. Al ser las relaciones interpersonales y el trabajo cíclico, no nos perdemos nada importante al pulsar el botón de máxima velocidad y ver los días pasar y pasar ante nuestros ojos. Entonces giras la rueda de tu cursor y ves, bueno, una imagen que asemeja algo al film Koyaanisqatsi: un montón de personas corriendo alocadas de un lado a otro viviendo sin hallar sentido, como hormigas famélicas. Pero claro, no olvidemos que la rutina es cíclica y la vida lineal y, llega el día en el que tu sim muere, sus hijos heredan su dinero y su preocupación. Estarán triste durante unos días triste por la pérdida pero, los que señalan ese marcador, después nada parará el ascenso sin control que no es más que una bajada a toda velocidad sin frenos hacia el sinsentido.

Volvamos a la vida real

Existen muchos sims en la vida real que necesitan llenar barras vacías y ocupar huecos. Los objetivos que se han puesto en vida no son originalmente suyos (aunque lo crean) y cada amistad sirve para un cometido concreto. Evitad a estos individuos. Los Sims también pueden servir, con la ayuda de trucos, para vislumbrarte el futuro que quieres construir. Hasta ahora yo he hecho esto – la de partidas que he creado en la que soy un artista de éxito que vive apartado en el campo con una casa diseñada por él mismo -. Eso sí, produce un cierto regusto amargo ver a través de una bola de cristal pues este mismo tiempo podría invertirse en llevarlo a cabo. Los Sims pueden articularse de dos formas: como un cristal o como un espejo. En el primero, te deja ver el futuro con el que sueñas pero, en el segundo, refleja una modernidad líquida en la que el máximo en la vida es una nómina bajo la puerta.

No me malinterpretéis…

Odio 1984: Gran Hermano, odio Utopía y también Un Mundo Feliz o Fahrenheit 451 y sin embargo son grandes obras necesarias. Black Mirror da nombre a la mirada a través de un espejo negro, que no nos devuelven ninguna imagen porque no hay nada más que oscuridad proyectada desde el futuro. Las distopías son desgarradoras. Necesito normalmente dos semanas para leerlas: una para terminar el libro y otra para recomponerme. Sin embargo, las distopías hablan de callejones sin salida en los que tenemos el riesgo de meternos pero, al mismo tiempo, en nuestra mano está reconducir el rumbo de nuestras vidas. Yo por el momento, me tomaré el gusto de no subir skills ni estadísticas tras escribir este artículo.

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