Una buena película de mafiosos... con gameplay de por medio
Mafia es una saga de videojuegos que nunca ha gozado de buena crítica, y se ha mantenido en pie únicamente por la buena recepción entre la audiencia, en parte por su peculiar forma de rendir homenaje a las clásicas películas de mafiosos que tan populares fueron entre las décadas de los 70, 80 y 90. Y utilizo la palabra peculiar porque, a pesar de ser un mundo abierto y de tener una estructura muy similar con sus misiones, Mafia nunca ha sido un clon de Grand Theft Auto pero con mafiosos.
El ritmo más pausado, una jugabilidad simple en la que lo más emocionante son tiroteos o secciones de conducción y una gran cantidad de diálogos son su manera de homenajear y adaptar al videojuego esas películas de mafiosos largas en las que la mayoría de las escenas son de personajes hablando. Y es que realmente no hay nada parecido a lo que consigue el primer Mafia a la hora de sentirse como una película de Scorsese, y opino que muchas de las personas que no disfrutaron del juego incluso en su Definitive Edition es porque no suelen disfrutar tanto de estas películas, y esperaban un GTA pero en los años 30.
Sin embargo, incluso para los fans de la manera en la que la saga de Hangar 13 adaptaba este tipo de historias, la tercera entrega fue mucho menos de lo esperado, y han tenido que pasar 9 años hasta tener Mafia: The Old Country. Como ya es costumbre con la IP, las críticas de esta nueva entrega han sido mixtas y se ha ganado más a la audiencia que a la prensa, aunque tampoco por mucha diferencia. Tras haberlo jugado y dejado reposar en mi mente durante unos días, a mí tampoco me ha conseguido convencer del todo, pero de ninguna manera es un juego tan mediocre como lo pintan muchas críticas.
De “carusu” a mafioso
En primer lugar, la historia de Enzo Favara (creo que es el primer videojuego en el que comparto nombre con el protagonista) nos sitúa en la Sicilia de principios del siglo XX, una ambientación que no solemos ver ni en las películas ni en otros videojuegos de mafiosos. Enzo comienza como un “carusu“, un chico que trabaja explotado en las minas sin oportunidad de ser nada más, y muchos piensan que por venir de donde viene no está hecho para ser parte de la familia de los Torrisi. Nuestro protagonista se encuentra con Don Torrisi de casualidad, pero poco a poco va ganándose su confianza hasta ser un miembro indispensable de la familia y de su círculo interno.
El guion de Mafia: The Old Country es su punto más fuerte, teniendo personajes memorables que, más allá de destacar de manera individual, en conjunto forman una versión creíble y realista de lo que fue la Cosa Nostra y de cómo se estructuraban sus familias. Puede pecar de un ritmo lento o de algunos momentos predecibles, pero ambas cosas, aunque sean mejorables, son algo típico de una película de mafiosos una vez has visto más de dos; y por tanto no considero que sean un gran problema, al apoyarse en personajes y conflictos muy bien planteados. Lo que sí que creo que le juega en contra a esta narrativa más que competente es ser la cuarta entrega de la saga.
Aunque su ritmo y predictibilidad podían perdonarse en las primeras dos entregas de Mafia por basarse en películas que cojeaban del mismo pie, tras 20 años de saga, una tercera entrega mejorable y 9 años de espera no creo que peque de exigente por esperar algo más elaborado en The Old Country. Aún así, insisto en que la historia no es mediocre y tiene momentos o capítulos enteros que me mantuvieron pegado a la silla y se me pasaron volando. También le ayuda a “minimizar los daños” su corta duración y su carácter lineal, puesto que, para cuando podrías empezar a cansarte es muy probable que ya estés a menos de dos horas de los créditos.
La Terra Nostra
Otro componente importante dentro de este Mafia es la propia Sicilia, que realmente funciona como un personaje más de la historia, al tener que ir a caballo o conduciendo de un lugar para otro dentro de la isla. La ambientación es fenomenal, y realmente se siente como aquel lugar que vio nacer a lo que hoy en día conocemos como la mafia (no lo digo como algo bueno), lleno de vida y de lugares distintos, desde campos de cultivo o viñedos hasta pequeñas ciudades y fábricas industriales. La inmensidad del mapa y lo separadas que están las ubicaciones sirven, junto a la falta de comunicación en la época, como excusa perfecta para justificar la impunidad que tenían las familias mafiosas.
A pesar de lo bien planteada que creo que está la Sicilia de The Old Country, puedo entender como para muchas personas se sentirá como una oportunidad desaprovechada, al no tener mucho que hacer que no sea recolectar coleccionables o ir de punto A a punto B en la historia. Por mi parte, creo que es un enfoque intencionado al ser un juego lineal que puede completarse en unas 10 horas o menos, pero si eso no es lo que buscas en el mapa de una entrega de Mafia tras el mundo abierto que presentaban los tres juegos anteriores probablemente sea uno de sus mayores puntos en contra.
Una jugabilidad que hace lo mínimo
Más allá de una buena banda sonora y una dirección artística cumplidora, el único aspecto que queda de este Mafia: The Old County es su jugabilidad, y desgraciadamente es el apartado más flojo del título. Cuando no estamos caminando, conversando o conduciendo, el juego se divide en tiroteos y secciones de sigilo. Ambas cosas se sienten como una versión refinada y moderna de lo que ya hacían los Mafia anteriores, por lo que, en lugar de innovar dentro de la saga, el equipo de Hangar 13 se ha limitado a una jugabilidad que cumple su función.
Por un lado, los tiroteos se basan en un sistema de coberturas similar al de un Uncharted, con varios tipos de enemigos y un progreso lineal en el que iremos avanzando por oleadas de enemigos hasta nuestro objetivo. El problema con esto es que la variedad de armas y de enemigos no cambia durante el transcurso del juego, ni tampoco lo hacen las habilidades de Enzo, por lo que un tiroteo de los primeros capítulos será exactamente igual que en las últimas horas, aumentando solamente el número de enemigos por oleada. Creo que podrían haberse añadido algunas novedades en este aspecto para que no se sintiera tan monótono.
Por otro lado, las secciones de sigilo no son tan lineales, y seremos nosotros los que decidamos qué ruta tomar hasta nuestro objetivo, saqueando y eliminando enemigos por el camino. Aunque estas secciones tienen una mayor complejidad que los tiroteos al poder esconder los cadáveres de enemigos al estilo Hitman o Assassin’s Creed y desbloquear nuevas rutas abriendo puertas con el cuchillo, se acaban topando con el mismo problema. Enzo no consigue ninguna habilidad nueva y el modus operandi de estas secciones será el mismo en cualquier capítulo del juego, con rutas que realmente no son tan diferentes entre ellas y QTEs incómodos para realizar una baja sigilosa.
Ni los tiroteos ni el sigilo son malos en The Old Country, y realmente no llegan al punto de repetirse tanto como para que acabemos aborreciéndolos, pero un sistema de habilidades pasivas bastante pobre junto a una jugabilidad tan exageradamente simple resultan en una experiencia un tanto sosa, y esto le pesa más aún al juego al ser la cuarta vez que pasa. Si este fuera el primer Mafia, probablemente no me molestarían estas cosas, les podría dar un pase por ser el único juego que intenta darme esas películas que tanto me gustan en formato jugable, pero tras 20 años no creo que sea injusto pedir un poco más de creatividad.
Carreras y cuchillos
Como referencia al primer Mafia, en The Old Country tenemos dos carreras en el modo historia en las que debemos quedar en primer puesto, una a caballo y la otra en coche. Las dos son muy fáciles de ganar y con varios puntos de control a lo largo del recorrido, sospecho que para ahorrarse las críticas que recibió la infame carrera del título de 2002. Por último, hay una aspecto más del combate que no tiene nada que ver con los tiroteos y que sirve para introducir “peleas de jefe” en el juego: los combates a cuchillo.
Estos se basan en un sistema de esquivas y contraataques mejorable, en ataques normales o de estocada y en golpes pesados que romperán la guardia del adversario. No solamente son combates que se acaban haciendo largos, sino que encima, por algún motivo, hay bastantes en el transcurso de la historia. Cada vez que nos enfrentemos a un personaje importante (e incluso con algún que otro matón estándar) será en un duelo a cuchillo, con situaciones ridículas en las que el enemigo guarda o tira su arma de fuego para sacar el cuchillo cuando Enzo está desarmado, en lugar de pegarle un tiro y pasar a otra cosa.
Sumando esto a la importancia que se le da al cuchillo a la hora de poder utilizarlo para realizar bajas sigilosas más rápidas, tener habilidades pasivas únicas de cada cuchillo y poder afilarlo y reponer los usos de la hoja para abrir cerraduras, estos combates se acaban sintiendo un poco forzados. Son la manera con la que Hangar 13 intenta distinguir a The Old Country de los otros Mafia (al transcurrir en una época anterior aún se pegaban con cuchillos, supongo), pero no se les ha dado la suficiente profundidad y desarrollo como para que sean algo más que una molestia entre tiroteos o secciones de sigilo.
Salvado por la campana
Mafia: The Old Country es una buena historia de mafiosos, pero como juego solamente se salva de que su repetitividad y simpleza lo conviertan en algo mediocre por su corta duración, aunque sigue quedándose como un juego bueno a secas, sin aspirar a más. Si buscas una historia clásica dentro del género con una buena ambientación que te haga pasar un rato divertido a pesar de no sorprenderte demasiado, es probable que disfrutes de esta entrega. Por otro lado, si eso no es suficiente, su jugabilidad tan básica para ser el cuarto título dentro de la saga acabará por decantar la balanza en su contra.
Esta crítica ha sido realizada con una copia para Xbox Series cedida por 2K España.