La fragmentación, el marketing y la mujer como parte activa del mismo

Desde que el 23 de mayo se anunció Battlefield V con el espectacular tráiler cargado de movimiento y color, el videojuego no ha estado exento de polémicas una tras otra. El resultado de este año ha sido unas ventas inferiores a las previstas por EA. En Reino Unido, por ejemplo, fueron un 60% inferior a las ventas de la anterior entrega, Battlefield 1. En EEUU, las ventas tampoco han sido satisfactorias.

Esto ha hecho que podamos encontrar el juego ahora mismo por la mitad de su precio original pese a los pocos meses transcurridos desde su lanzamiento, el 9 de noviembre. Lo que supone un descuento importante para una de las sagas más consolidadas en el mundo de los videojuegos. Esto ha hecho que EA reduzca sus proyecciones de ingresos para este año financiero de 2019, de 5.500 millones de dólares a 5.200 millones de dólares.

Todo ello se intuía por el bajo número de reservas del juego con respecto a su principal competidor, Call of Duty: Black Ops 4 y el retraso en la fecha de lanzamiento para no rivalizar con el ambicioso Red Dead Redemption 2. Pero todo ello no dejan de ser indicadores de que el título no estaba teniendo la acogida que debería, y más si tenemos en cuenta que por primera vez EA nos ofrecía un juego carente de DLCs, con campaña y sin pase de temporada.

Para quienes han disfrutado de esta entrega, estamos ante un título que nos lleva de nuevo a la Segunda Guerra Mundial de forma desenfadada y divertida. Un buen juego que si bien no alcanza el techo que alcanzó Battlefield 3, resulta entretenido. Para los más perfeccionistas, el juego peca de un exceso de colorido y un diseño de mapas que da poco margen a la estrategia acercando el juego más a un Fortnite o PUBGS de lo que les gustaría. Y hasta cierto punto es entendible esa tendencia hacia la “moda” del Fortnite que acapara el mercado actualmente, pero en todo ese proceso debería quedar claro que a ojos de los fans más acérrimos que no debería alterarse la esencia del videojuego. La inclusión de skins mucho más personalizables ha roto esa simbiosis de realismo que profesaba la saga a sus jugadores. No obstante, la polémica de mayor impacto ha sido el protagonismo de una mujer tanto en el tráiler de presentación y portada, como en el propio videojuego.

Resulta evidente que todo ello se trata de un guiño de EA hacia los nuevos jugadores, atrayendo la atención de colectivos sensibles a la inclusión de las mujeres, que podría haber dado un buen resultado si EA tuviera en cuenta la realidad de quiénes compran verdaderamente sus videojuegos y si no hubiera desprestigiado a sus propios fans de una manera tan rotunda. En ese sentido, el gran fiasco de EA con Battlefield V ha sido su nefasta campaña de marketing. Retar a tus propios jugadores a no comprar el juego si no les gusta es posiblemente una de las peores cosas que puedes hacer en marketing. El apoyo estruendoso de colectivos afines al feminismo actual, es ruidoso, pero todavía no es una mayoría contundente que impulse las ventas. De hecho, estamos convencidos de que el problema no radica en que la protagonista sea una mujer, sino en el papel politizado que cumple ella.

A diferencia de otras grandes protagonistas de los videojuegos: Lara Croft en Tomb Raider, Ellie en Last of Us o Aloy en Horizon Zero Dawn, no queda claro que en Battlefield V responda de forma indiferente a la historia o sea un trato justo hacia la mujer en una posición de igualdad con el hombre. Y si bien es recurrente entre los detractores el argumento de que no se cumple el rigor histórico, sólo sirve de pretexto para negar cualquier incorporación de una mujer que no guste sin aportar un valor crítico ajeno a los prejuicios. Está de moda aislar las cosas del contexto, pero si tomamos el contexto de un videojuego de estas características, veremos enseguida que el rigor histórico cae por su propio peso. En mi opinión, existen excepciones en juegos diseñados con un corte realista como simuladores o como el polémico Kingdom Come: Deliverance donde queda atado a la realidad de la época (nos guste o no) que quiera reflejar su creador. Todo lo demás que se repita una y otra vez como un eslogan publicitario (provenga del colectivo que sea) no se atañe a escuchar a otros jugadores, ni siquiera en valorar el propio videojuego, y pronto descubriremos para nuestra sorpresa estar diciendo palabras más propias de mítines políticos que de sentimientos como jugador. Me tomo la generalización de decir que los políticos no saben de videojuegos, de que la comunidad no debería dejarse influir por las polémicas dañinas que desde medios más tradicionales o influencers ajenos pretenden perjudicar la imagen de los jugadores con la etiqueta “gamer”.

La comunidad gamer no es tóxica en su mayoría, sino que en ella abunda la solidaridad y el compañerismo que tanto nos aportan los videojuegos, en especial los juegos cooperativos. Basta ya de estigmas, si las compañías sólo entienden de ventas, los influencers de visitas y los políticos de votos, creo saber lo que está en nuestra mano. Confíemos en que EA y DICE aprendan de Battlefield V, hagan una mejor campaña de marketing y nos traigan un excelente título bélico que lejos de toda guerra real nos aporte más hermandad entre jugadores.

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