Dijo mientras soplaba la varita de burbujas
Durante el transcurso de este 2025, decirle a uno de mis amigos o conocidos que una desarrolladora de videojuegos está a favor del uso de la IA generativa se ha vuelto algo común y predecible, hasta el punto en el que se siente como señalar que un bebé se ha cagado encima cuando toda la habitación ya huele a mierda. No está de más decirlo, pero llegados a este punto es algo que hay que asumir, por desgracia para cualquiera que sienta una conexión real con el videojuego como medio artístico. Un argumento que suelen utilizar los defensores de esta “herramienta” es que está aquí para quedarse, que es inútil resistirse a la evolución de la tecnología.
Y, poniéndome por un momento en la piel de alguien que podría decir semejante tontería, puedo entender de dónde viene esa idea. Tanto Microsoft como otras empresas enormes dentro de la industria se han posicionado a favor del uso de la IA, con inversiones de millones de dólares que, en absolutamente todos los casos, han resultado en recortes de plantilla. Por otro lado, juegos como Arc Raiders, Holy Horror Mansion (de Level-5, que ya iba amenazando a mediados de año) e incluso las entregas más recientes de Call of Duty y Battlefield la han utilizado en su desarrollo. Con todos estos ejemplos, entiendo que su estandarización parezca inevitable.
Miedo a las consecuencias
Al fin y al cabo, tanto yo como cualquier otro redactor de esta página está rotundamente en contra de la IA generativa, pero tampoco quiero tratar a todo aquel que no lo esté como a un idiota sin remedio. Muchas de las personas que afirman que es imparable lo dicen con el mismo tono que usarían para afirmar que otra crisis económica mundial es inminente. En estos casos, tengan más o menos razón, no me parece justo responderles con un insulto o con un tono de superioridad; cuando en realidad son personas igual de preocupadas que nosotros, pero con la certeza de que resistirse ya no sirve de nada.
Ahora bien, esta forma de pensar me parece desacertada, basándose en verdades a medias y en ejemplos concretos sin llegar a pensar en algo más allá del aquí y el ahora. Algunos de estos ejemplos son casos como el de The Alters, en el que 11bit studios utilizó la IA generativa para el videojuego sin avisar en Steam. Un caso así junto al uso de esta tecnología en cosas pequeñas convierte a la lucha en su contra en algo desesperante, al no haber una manera clara de saber si un juego la ha utilizado hasta que no lo examinamos parte por parte en su versión final, por la cual la mayoría de la gente ya habrá pagado.
Sin embargo, para mí estos ejemplos son algo positivo. A The Alters se suma el uso de la IA en 2022 en algunos aspectos del desarrollo de Clair Obscur: Expedition 33 o en la versión gratuita de Itch.io del indie The Roottrees are Dead, dos casos en los que rápidamente se eliminó todo el contenido que no hubiera creado un ser humano de cara al lanzamiento de la obra en Steam, Epic, GOG o consolas. La decisión de eliminar u ocultar su uso antes de lanzar el juego demuestra que son conscientes de las consecuencias a nivel mediático. Por tanto, la lucha no está tan perdida como nos quieren hacer creer.
IA degenerativa
De hecho, la razón por la que tantas personas se esfuerzan en vendernos esta idea es porque esto no es más que otra burbuja que acabará explotando, como cuando muchos estudios grandes y pequeños apostaron por los NFTs y las criptomonedas durante un año. Lo malo de esta burbuja es que está durando más tiempo, y se está llevando los trabajos de muchísimas personas y pudriéndole el cerebro a otras muchas en el camino hacia su inevitable explosión. Aunque, que no se me malinterprete: la IA en cualquiera de sus formas no es mala (ni es la única responsable de los despidos masivos en la industria, ojalá fuera tan fácil).
Tanto en este texto como en general, yo siempre me refiero a la IA generativa. Esa “herramienta” tecnológica que manifiesta piezas creativas aparentemente de la nada, robando sin permiso el estilo de obras hechas por seres humanos y entregando un resultado mediocre, poco inspirado y sin alma alguna. La Inteligencia Artificial que no roba a nadie y que sirve para agilizar procesos que se pueden volver repetitivos o para realizar tareas y cálculos complejos en tan solo unos segundos me parece genial, y sí que la veo como el futuro de nuestra sociedad. Por otro lado, la “IA mala” solamente es una excusa para lo que algunos llaman…
La democratización del arte
He tardado en utilizar esta palabra en el artículo porque imagino que, a cualquiera que defienda su supuesta “democratización”, el arte de verdad le afectará como la luz del sol a un vampiro (y la luz del sol en general probablemente también le afecte). En realidad, esta tecnología no es más que un intento desesperado de llamar la atención de alguien que busca reconocimiento como artista sin tener mucho talento. No es un atajo, porque eso implicaría que al final te lleva al destino deseado, si no más bien un desvío mediante el cual jamás podrás volver al camino principal, a no ser que te des media vuelta y desandes tus pasos.
La razón por la que se nos dice que va a ser algo estandarizado y que no se va a ir a ningún sitio es porque hay muchas personas que quieren vivir del arte sin sentirlo. El arte no es un negocio ni una oportunidad, es una forma de expresión tan natural como el habla. Y, al igual que hay personas mejor versadas que otras, hay quienes son capaces de capturar sus emociones y su percepción del mundo en una obra, y luego están los que sirven para otras cosas (sin que eso te haga menos como persona).
Cobardía contra humanidad
Todo aquel que defiende esta tecnología es un cobarde, incapaz de aceptar que la expresión artística no se encuentra entre sus aptitudes. Y llaman llorones o idealistas a quienes nos posicionamos claramente en contra porque temen volver a depender de sus propias manos para crear algo, sin darse cuenta de que tal vez su vocación en la vida sea otra, y que eso no tiene nada de malo. La realidad es que la Ia IA generativa acabará desapareciendo de las obras artísticas, y más aún si tenemos en cuenta el daño que le hace a nuestro planeta.
Es el arte el que no se va a ir a ningún lado, porque no es algo que se pueda optimizar o automatizar, ni siquiera es algo que nazca única y exclusivamente del ser humano. El arte es una reacción a todo lo que tenemos a nuestro alrededor, la interpretación de un mundo entero comprimida en una sola obra, una forma de expresión que lleva existiendo desde el principio de los tiempos. Sin poder ver este mundo, sin poder sentirlo a todos los niveles, sin poder vivir, no es posible crear arte; y la IA generativa no vive, solo copia el resultado de las vivencias de otros. La vida es arte, pero no todos pueden ser artistas.



