En búsqueda de la identidad

Nunca jugué a la obra de Delphine Software. Ni en PC, ni en Mega Drive, ni en Super Nintendo. De hecho, apenas caté el desastroso remake que, allá por 2013, llegó a nuestras PlayStation 3, Xbox 360 y PC. Quizás fuese porque, cuando la propuesta original se apropió de las recreativas españolas, yo no estaba ni pensado, pero tampoco pienso echarle la culpa a la edad a un título coetáneo de Doom, Secret of Mana y Day of the Tentacle, propuestas que, sin embargo, sí he jugado, completado y disfrutado durante decenas de horas. Me han hablado mucho sobre el título, he leído bastante sobre el mismo, y si nunca me he atrevido a adentrarme en uno de los plataformas 2D más trascendentes del siglo pasado quizás haya sido por mera pereza, por lo excesivamente cercano que me resultaba su planteamiento argumental, o por el detestable factor tiempo que siempre nos impide disfrutar de todos esos clásicos que nos perdimos años atrás. Hoy, en pleno 2018, me arrepiento de no haberlo hecho antes.

Nada más y nada menos que veinticinco años atrás, Flashback cautivó a propios y extraños, en parte, por su cuidadísima animación, así como por su ambientación de ciencia ficción; todo un homenaje a la literatura de Arthur C. Clarke, a la de Robert E. Howard y, por supuesto, a la cinta de Ridley Scott, que hizo del título de Delphine un juego adelantado a su tiempo, en varios sentidos. La historia de Conrad, que se va desarrollando hasta límites insospechados, sigue presentando momentos muy álgidos, cargados de nostalgia para aquel que, joystick en mano, disfrutó el siglo pasado de esa selva futurista en la que todo da comienzo, o de esa secuencia de la moto voladora que abre la entrega. Quizás el mayor logro de esta reedición se encuentre precisamente ahí, en la capacidad que el título tiene, aplicando una visión retrospectiva, para seguir sorprendiendo al usuario, incluso a aquel que nunca se ha atrevido a disfrutar del mismo.

Flashback

La aventura llega a Nintendo Switch acompañada de una edición para coleccionistas monísima, que, a un precio inferior a 40 lereles, debería de ser una compra obligada para los fans del original. Eso sí, no esperéis que el manual, hecho para la ocasión, quepa en la carátula del juego y/o en la caja metálica, pues no es el caso. Para ese incentivo tendremos que esperar un cuarto de siglo más, supongo.

No obstante, para este último grupo de jugadores, el campo jugable no se deja de mostrarse árido ni un segundo. En resumidas cuentas, nos encontramos exactamente ante el mismo título del que pudimos disfrutar en 1993, con sus más y sus menos. Por culpa de la industria, que ha evolucionado a pasos agigantados durante todo este tiempo, elementos como el control, que eran perfectos antaño, ahora se sienten toscos, poco cuidados. Entiendo que, de alguna manera, es parte de la gracia, pues no podemos pedirle un trabajo digno de revisión a una remasterización de sabor añejo, pero no habría estado nada mal un ajuste en este sentido, fácilmente configurable desde el menú de opciones para los más puristas.

Los años han pasado por Flashback, aunque lo cierto es que tampoco se molesta en ocultarlo.

Pese a dicha ausencia, las novedades están presentes en esta versión que conmemora el 25 aniversario de la franquicia. Junto a un modo clásico, que, con un cierto toque retro, mantiene la esencia exacta del pasado, podemos plantarle cara a una modalidad moderna, que presenta diversas novedades gráficas y facilidades jugables para aquellos menos hábiles a los mandos (entre los que se encuentra un servidor; recordad que estamos hablando de un juego de 1993. Ya hay que tener agallas para completarlo sin tirarse mucho de los pelos). Entre las innovaciones citadas se encuentran, por ejemplo, una horda de útiles y necesarios tutoriales, una banda sonora completamente remezclada para la ocasión y unos efectos de sonido adaptados al sistema (pese a que sigue presente una opción que emula el efecto propio de los 8 bits).

Además de ello, nos encontramos con la opción de rebobinar, propia de la colección Sega Classics, que nos da la facilidad de volver justo al momento previo a nuestra muerte con tal de no repetir una y otra vez el mismo nivel por un número considerablemente alto de veces. Los modos de dificultad presentes, así, orbitan alrededor de dicha mecánica, pues acotan el uso que podemos darle a la misma. De esta manera, la modalidad más sencilla nos permitirá abusar de ella distendidamente, mientras que la más difícil reducirá el uso de la misma a cinco minutos de reloj, los cuales podremos emplear a nuestro placer a lo largo de todo el juego.

Flashback

Esta citada tendencia por el inmovilismo y por la reproducción de las sensaciones originales afecta de igual manera, como bien habréis podido imaginar, al apartado técnico y artístico de la propuesta, que, digamos, es muy fiel al original. Tanto, que el formato de emisión sigue siendo 4:3 en lugar de 16:9, careciendo de opciones adaptativas que aprovechen la totalidad de la pantalla. Sí que hay presentes, sin embargo, una amplia variedad de filtros gráficos que nos permiten asemejar, dentro de lo posible, nuestra experiencia a la que tendríamos jugando, por ejemplo, en una televisión de tubo. También podemos añadir ruido o estática, de manera que parezca que hay un euroconector flojo, u otros filtros como antialiasing o bloom. No, no hay demasiada variedad, y quizás podríamos haberle pedido algo más en este sentido, pero, como bien he reiterado una y otra vez a lo largo del artículo, esta edición aniversario no hace más que trasladar la experiencia inicial a nuestras consolas híbridas. Y en eso, desde luego, cumple sobradamente.

Dejá vù

Flashback: 25th Anniversary es pura nostalgia. Quizás por ello sea un título tan difícil de analizar para alguien que, como yo, no disfrutó del juego de recreativa cuando se lanzó el siglo pasado. La industria ha evolucionado, y actualmente me es muy sencillo encontrar sendas sombras en un producto que abusa tantísimo del factor melancólico, y que apunta directamente al corazoncito de los fans, a estas alturas con familia y casa propia. Pese a ello, no deja de ser una masterclass de animación, ambientación y guion que, acompañada de unas sólidas y clásicas bases jugables, conforman una experiencia ampliamente disfrutable, repleta de referencias y guiños a la cultura popular.

Es curioso ver cómo, sin esperar nada del mismo, y siendo completamente ajeno a su universo, realmente he disfrutado con él, mucho más de lo que habría esperado en un inicio. Creo que esa imagen vale más que mil palabras.


Este análisis se ha realizado con una copia del juego para Nintendo Switch cedida por Meridiem Games.

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