El cielo del infierno

Videojuegos míticos y queridos hay muchos, pero pocos sobreviven como es debido al paso del tiempo. La temática y su desarrollo, los gráficos o la jugabilidad son elementos muy susceptibles a fallos que se resaltan con los años. Aunque hay que valorar el contexto de la época, sólo un puñado consiguen ganarle la batalla al tiempo de tal forma que siempre se sientan frescos y actuales. La dificultad aumenta cuando la ambientación surge de clichés culturales que tienen poco recorrido al estar muy trillados. Vampiros, castillos, casas encantadas, demonios… No es sencillo sacar algo memorable a partir de una idea popular recurrente, aunque obras como Diablo II lo consiguen. Y en este caso no sólo hace que la temática sea interesante, sino que lo adereza con una jugabilidad a prueba de bombas.

Diablo II es a mi juicio uno de los videojuegos más perfectos de la historia. No sólo es una excepción que demuestra que las segundas partes pueden ser mejores que las primeras, sino que pule la base de su predecesor sin perder esa esencia característica, volviéndola más ágil. El carácter y jugabilidad son tan buenos que aún a día de hoy mantiene una legión enorme de fans y jugadores, soñando con un remaster difícil de ver, debido a que mucho código y recursos originales se perdieron. Diablo II es como el Final Fantasy VII de Blizzard y ellos lo saben. Todos lo sabemos, por eso es tan difícil —social y mercantilmente hablando— tocarlo sin cometer sacrilegios o polémicas. De ahí que hayan puesto tantos esfuerzos en Diablo IV para volver a esa ansiada propuesta (cosa que aplaudo), o que algunos fans recreen y remastericen los gráficos con IA u otros motores. Diablo II junto con su expansión (Lord of Destruction) es omnipotente y omnipresente en la saga. Es la saga en sí misma.


Tomarse las cosas en serio como clave del éxito

La temática de demonios y el infierno, sobada durante años, aquí adquiere un tinte serio y siniestro, pudiendo tomarlo como referencia. Macabro, oscuro, de ambiente sonoro profundo y con héroes enigmáticos de dudoso honor para derrotar a los demonios supremos. Cualquier cosa sirve para combatir el terror. Solamente alguien entrenado en las artes de matar y dispuesto a todo es capaz de combatir una violencia mucho mayor. La historia es sencilla pero bien llevada, de fácil comprensión sin resultar vulgar o recaer en moralismos simplones sobre el bien y el mal. ¿Acaso nuestros héroes encarnan realmente dicho “bien”? ¿Una asesina, un nigromante o un bárbaro son ejemplos de rectitud, moral y justicia? Esa ambigüedad me resulta especialmente atractiva en esta temática; el heroísmo no tiene por qué proceder de un individuo inmaculado, sino de alguien con puntos oscuros cuyas acciones provocan una heroicidad. Aquí el fin justifica los medios.

Los gráficos de Diablo II en general han aguantado bien el tiempo. Es obvio que la resolución a día de hoy es muy baja, pero la mezcla de buenos modelos pre-renderizados con la vista isométrica lo ha vuelto atemporal. Un diseño clásico y funcional que encaja muy bien en el género, como ha remarcado la justificación de la cámara en Diablo IV tras muchas pruebas por parte de Blizzard. Y hablando de su género, uno que aún no está del todo claro para muchos, Diablo mezcló varios conceptos jugables con mucho estilo. Ingredientes de roguelike, hack’n slash y RPG de acción hacen que la saga fuese todo un ejemplo en esto de tener una mecánica híbrida atractiva.

Su fantástica jugabilidad después de 20 años se siente actual

Si nos paramos a pensar, Diablo II no deja de tener un gameplay bastante repetitivo, pero se hace ameno echando mano de mapas aleatorios, árboles de habilidades, coleccionables y objetos únicos, niveles de dificultad cada vez más elevados para rejugarlo, multijugador cooperativo… Tiene muchas características de un juego de hoy (¡ay!, esas reclamadas “nueva partida +”), consiguiendo sobrevivir a las modas y populares copias como Sacred.

Ciertamente el Diablo II original estará ahí siempre, y aún se espera su llegada a las plataformas digitales como GOG —donde está disponible su primera entrega—, pero una versión HD no le vendría nada mal teniendo en cuenta que los trabajos amateur han conseguido resultados aceptables. Aunque quién sabe si ya es pedir demasiado. Por lo pronto, creo que nos conformamos y aceptamos con los brazos abiertos un Diablo IV que cumpla las expectativas, volviendo al sendero de la laureada segunda parte. Creo que en este caso no es cuestión de nostalgia, sino de listones. Diablo II ha demostrado ponerlo muy alto, que la fórmula sobre cómo hacer un buen juego existe, tanto que a día de hoy seguimos hablando de él con prácticamente cero quejas. Eso sí que es entrar por la puerta grande en el olimpo y la historia de la industria.