Por favor..., ¡dibújame un cordero!

Hace unos cuantos meses vi el programa titulado Curiosidad de This is Art en el que Ramon Gener usa uno de los libros más vendidos y, por tanto, leídos del mundo para explicar las diferencias entre los adultos y niños. Me refiero a El Principito, un libro maravilloso que mi madre me contaba cuando era pequeño pero que no leí nunca por mi cuenta y no fue hasta que lo hice que entendí el por qué de su éxito. Os recomiendo el programa y la obra de Antoine De Saint-Exupéry pero no estoy aquí para hablar de mi libro, he venido a hablaros de Deiland.

Si tuviera que imaginarme el planeta de El Principito sería prácticamente igual a Deiland, el mundo de que comparte el nombre del juego, aunque con algún baobab más; y esto es lo que han querido plasmar el equipo de españoles, bajo el nombre Chibig Studio, que ha desarrollado este juego.

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Nada que ver aquí, solo es la foto de un sombrero que me ha gustado

Y es que veremos caer a Arco, protagonista del juego, nuestro principito, envuelto entre su característica capa roja tras haber recorrido la galaxia dentro de lo que parece ser un cristal. El primer mensaje que veremos en la pantalla será un “Pulsa la X para comenzar”, ¿os suena? Como si caer de un objeto volador no identificado fuera algo normal, Arco se prepara para un nuevo día y pensará en voz alta para hacernos conocer el planeta de modo tutorial. En cuanto logremos realizar su sencillo deseo recibiremos la visita de Mûn, exploradora de la Patrulla Interestelar que irá complementando el tutorial que Arco había comenzado y, en sus continuadas visitas, nos brindará con su conocimiento para mejorar nuestra forma de vida.

El principio, sinceramente, se hace un poco apresurado y parece que todo ocurre cuando tiene que ocurrir, todo es demasiado oportuno, me intento explicar mejor: Caemos en Deiland, nos despertamos con hambre y justo en ese momento aparece nuestra salvadora, que en este caso no nos dibuja un cordero sino que nos enseña todo lo que desconocíamos porque curiosamente navegaba por la zona e iba a parar a hacer una visita a un planeta supuestamente despoblado, qué habríamos hecho sin ella y sin tal coincidencia.

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Pero es que resulta que Deiland no es un juego que quiera que nos desesperemos mientras avanzamos, es un juego maravilloso para desconectar de una larga jornada en el trabajo, en la universidad, lo que sea. Este no nos promete un mundo abierto imposible de abarcar y recorrer ni tampoco quiere ser un juego que sea como un drenaje de nuestras horas “muertas” que aprovecharíamos mejor aprendiendo a tocar un instrumento, leyendo un libro o enseñando a nuestro pez a saltar y atravesar un aro. Por lo tanto este comienzo es necesario para no aburrirnos demasiado al principio y dejarnos libres al poco rato de conocer a nuestro principito. Talar, picar, cosechar y matar algún monstruo que otro será el pan de cada día en el planeta enano si lo que queremos es mejorar el hábitat de Arco.

Al contrario que en el libro para niños dedicado a una persona grande, Arco no será el que vaya de planeta en planeta visitando a las extrañas personalidades del cosmos sino que serán ellos los que vengan a nosotros. Si tenemos una zona despejada para que aterricen sus curiosas naves – quisiera saber qué opina Elon Musk sobre tales artilugios – para comprarnos sustancias, darnos misiones o charlar un rato porque no podamos hacer alguna de las anteriores. Poco a poco, el pequeño Arco conocerá nuevas formas de aprovechar los recursos de Deiland y tendremos que ir mejorando nuestro hogar, nuestras herramientas, cultivos, etc. para avanzar progresivamente y linealmente. Aquí no he visto a un Rey, ni un vanidoso, ni un bebedor, ni un contable de estrellas, más bien ese último he sido yo porque me he quedado embobado en más de una ocasión mirando el firmamento de mi pequeña bola gravitacional.

Y es que el juego es bonito, muy bonito. He de decir que es muy sencillo y tampoco hay mucho aspecto en el que pararse a comentar, tal vez el espacio sí sea digno de mención pero al ser infinito – teoreticamente – no acabaría nunca. Algo que se me ha hecho raro es la forma esférica de Deiland que no guarda ninguna relación con la Tierra que, según la verdad absoluta de algún tarao, siendo plana se sostiene sobre el costado de cuatro elefantes que a su vez caminan sobre una tortuga.

 

Volviendo a la realidad, el apartado artístico de Deiland es muy atractivo aunque se me ha hecho disonante la parte jugada con los dibujos de los personajes cuando tienen algún diálogo, esto puede que solo me ocurra a mi y tampoco sería nada grave si a vosotros también os pareciese. Sonoramente cumple para ser un juego de relax pero lo mismo, nada a destacar. El juego funciona bien y no he tenido ningún problema de rendimiento, aunque sí con algun bug como que aparecían objetos en medio del lago o que si haces alguna acción mientras recoges un objeto del juego, Arco se convertirá en Flash y lo hará muy rápido.

Talento español

Deiland es un juego que se ha convertido en uno de mis favoritos para relajarme y que probablemente entraría en alguna lista que otra. Precioso, sencillo y evocador de una bellísima obra que ha marcado muchas vidas. Es necesario decir que tal vez este no sea disfrutable para todos los públicos y ese sea el caso por el que no veis un galardón a la derecha pero, el que quiera sentarse un rato y disfrutar de una aventura relajante, este es un buen juego para ayudaros a conseguirlo.


Este análisis se ha realizado con una copia del juego para PS4 cedida por Chibig Studio cuando les pedimos una entrevista que publicaremos en un futuro.

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