Una odisea espacial

Leí hace unos meses acerca de Crying Suns, una especie de roguelite espacial, muy basado en conversaciones y en la toma de decisiones. Me bastó eso para hacerme con él hace escasas semanas. Tras más de 15 horas de juego, tengo sentimientos encontrados con un título del que esperaba más, pero que aún así me ha sabido sorprender.

Tenemos por delante a una obra proveniente de un Kickstarter, bajo la mano de Alt Shift en su primer juego fuera del mercado móvil. Se trata de, como ya he mencionado, un roguelite de ambientación espacial en el que tendremos que tener en cuenta nuestros recursos actuales a la hora de tomar decisiones en el trayecto, o bien en los eventos que vayamos encontrando. Por delante nos quedan horas de lectura, pues existe un trasfondo – probablemente lo más destacable del título – que nos mantendrá enganchado hasta el final. 

Nos despertamos con amnesia, algo ciertamente manido hoy en día, pero es un recurso bastante resolutivo para muchas historias. El imperio que conocíamos ha caído y desde hace tiempo reina la anarquía, lo que ha llevado al surgimiento de numerosos grupos de saqueadores. Durante dicho imperio los OMNIs, una suerte de máquinas con inteligencia artificial, eran capaces de la mayoría de acciones humanas, por lo que la población prácticamente dejó de trabajar. Esto implica diversas situaciones sociales, como la caída en la drogadicción por puro afán existencialista, algo que puede ser un buen tema de reflexión. Sin embargo, esos OMNIs se apagaron, lo que llevó a la decadencia de todo el imperio. Una de esas máquinas se encargará de acompañarnos y nos servirá de biblioteca, dada nuestra amnesia, referenciando y aplicando todo su conocimiento cuando sea necesario, así como resolviendo nuestras inquietudes.

Un detalle: multitud de referencias a obras de la ciencia ficción están presentes en diversos nombres por todo el título como “Idaho”, que recuerda al mítico Duncan Idaho de la saga Dune.

Constantemente iremos recordando los viejos tiempos del imperio. En este sentido, me recuerda a obras postapocalípticas como Fallout, con su ligera añoranza por el mundo antiguo. En nuestro viaje, conoceremos a multitud de personajes interesante, durante los diversos encuentros tras cada salto estelar. Muchos de ellos tienen relación con las misiones más secundarias, quizás, el punto más flojo de Crying Suns. Estas misiones son repetitivas y no necesitamos muchas horas de juego para saber cómo resolver la mayoría. Dado que el juego no es excesivamente corto, realizar estas misiones puede llegar a ser aburrido, a pesar de ser valiosas a la hora de recoger recursos.

Crying Suns es un juego con mucho texto e interacción. Todo el trasfondo se explica gracias a las conversaciones que tenemos con nuestro compañero OMNI, o bien en los distintos eventos y encuentros aleatorios por el sector. La división por sectores es una mecánica divertida: hay tres por capítulo y debemos llegar al final de cada uno para enfrentarnos a un jefe, antes de que la alerta se extienda por todos los sistemas que lo componen. Si nos quedamos sin Neo-N, el combustible que empleamos para realizar los saltos, deberemos esperar un turno, lo que permite que la alerta avance. En caso de que nos alcance, el sistema se volverá hostil y ya no podremos explorarlo, teniendo que combatir para escapar. Esto obliga al jugador a elegir bien a qué sistema quiere desplazarse y en cuál cree que va a poder obtener mayor beneficio en cuanto a recursos y combustible. Las anomalías y otros aspectos aleatorios facilitarán o entorpecerán nuestro viaje aún más, llegando a ser algo injusto en alguna ocasión, sobre todo en dificultades elevadas, que puede llevarnos a la frustración absoluta. Esto no sería algo tan problemático si no fuera porque la rejugabilidad supone una experiencia tediosa, dada la ausencia de variabilidad. Algo que sí me ha gustado de esa aleatoriedad es la expedición planetaria, en la que arriesgamos a varios escuadrones en una misión en la que podemos decidir retirarnos a tiempo, o avanzar un poco más, con la inseguridad de que todo puede salir mal.

Tenemos que plantearnos mantener un balance positivo en todo caso. Comenzar a sufrir pérdidas será algo de lo que difícilmente nos recuperaremos. Acumular chatarra, la moneda de cambio, así como combustible y escuadrones, nos permitirá comerciar en los puestos mercantiles, en los que podremos adquirir mejores naves para el combate o incluso algunos comandantes, que sirven como mejoras pasivas y nos abren posibilidades. Este combate es lo que realmente se separa a nivel jugable del resto del título. Se trata de una acción estratégica en hexágonos, con la posibilidad de pausar la acción. Nuestra nave principal se enfrenta a la enemiga con algunos cañones y armamento, mientras desplazamos por el escenario a nuestras naves menores: cazas, fragatas y drones, que se basan en las reglas de ventajas y desventajas a tres bandas, como el clásico fuego-planta-agua. Combinar todas nuestras opciones nos exige prestar atención y emplear correctamente a nuestros comandantes para potenciar nuestras facultades. Mejorar nuestra nave con chatarra será un factor clave para avanzar con la mayor ventaja posible.

Crying Suns es un título potencialmente interesante. El píxel art funciona a la perfección y su ambientación es altamente destacable, pero el aspecto visual es ciertamente secundario, dado el estilo de juego. Cumple en lo jugable con ideas muy adecuadas para su estilo, pero funciona con demasiadas limitaciones en cuanto a la aleatoriedad y diversidad de los eventos que tiene para ofrecer. Ni siquiera la variedad de las naves y facciones compensa su reducido número de opciones. La trama es, con total seguridad, uno de sus aspectos más atractivos. La intriga por conocer qué ha sucedido y por qué nos encontramos en esa situación es el apartado que más me ha instado a continuar con un título que merece más contenidos de los que posee a día de hoy.

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