Post-vita

Cuando empecé a reseñar videojuegos en el podcast Conexiones Frikis, tenía claro lo que quería: hablar de los juegos que me habían marcado, desentrañar por qué ciertas bandas sonoras se me quedaban grabadas, explorar esos mundos que seguían viviendo en mi cabeza mucho después de apagar la consola. Pero había un problema gordo: todo ese rollo se perdía en el aire. El podcast es genial, pero es un formato de rápido consumo y fácilmente olvidable, a pesar de mis intentos de hacer un formato perenne.

Me parecía una pena que todas esas impresiones, toda esa conexión emocional con los juegos, simplemente desaparecieran. Así que me propuse ir recogiendo todas esas impresiones y plasmarlas en una especie de guía. No es una guía tradicional porque no quería profundizar en los juegos desde la perspectiva técnica: lo que me interesa sobre todo de los juegos es su impacto emocional, su narrativa o su capacidad para hacer algo más que solo entretener. Y así nació Crónicas de un Gamer, una guía emocional de videojuegos que hoy quiero compartir con los lectores de HyperHype. Spoiler: no es una guía al uso, y precisamente por eso tiene sentido.

Cuando la industria se obsesiona con medir lo que no se puede medir

Vivimos en una época absurda donde todo se cuantifica. Metacritic, análisis frame-by-frame, debates eternos sobre si un juego merece un 8 o un 9. Hemos convertido el arte interactivo en una batalla de specs técnicas y tiempos de carga. Y en algún punto nos olvidamos de lo importante: por qué coño empezamos a jugar.

Yo quería hacer algo distinto. Una guía que pasara de datos técnicos, cifras de ventas y modas del momento. Que se centrara en lo único que de verdad importa: cómo te hace sentir un videojuego, qué historia te cuenta, cómo usa su arte y música para conectar contigo más allá de la jugabilidad.

Como compositor, storyteller e ilustrador aficionado, mi forma de ver los videojuegos nunca ha sido la convencional. El arte y la ilustración siempre me ha llamado mucho la atención. Moebius, por ejemplo, con su narrativa filosófica. Y Azpiri, con sus guiones llenos de ironía y sus dibujos detallistas, me vuela la cabeza. Al mismo tiempo, la simpleza de trazos e irreverencia narrativa del cómic indie americano me fascina con su crudeza. Para mí, un juego está cojo si la jugabilidad no se complementa con narrativa, diseño visual y una banda sonora que eleve la experiencia; el auténtico alma del juego.

Siempre pongo mucha atención al arte y al diseño, y como compositor me fijo hasta en los mínimos detalles de bandas sonoras y diseño sonoro. La jugabilidad está coja si todo lo demás no complementa o suma para lograr una obra completa como videojuego.

GAMER (OST): harto de orquestas, necesitaba sintetizadores

Como todo en mi universo, primero surgió la música. Tengo una saturación brutal de música orquestal y necesitaba llevarla a mi terreno: sintetizadores, samplers y texturas electrónicas que conozco al dedillo. Incluso cuando trabajo con juegos medievales fantásticos, necesito llevarlos a mi terreno, porque la melodía de un arpa puede ser mágica, pero para mí no hay nada más hechizante que un sintetizador levitando en una reverb enorme.

Empecé a experimentar con samples de videojuegos, intentando recrear mi visión de las bandas sonoras que escuchaba y que simplemente no me terminaban de convencer. La música electrónica me da esa abstracción sonora, esas texturas que necesito para elevarme.

Desde ahí surgió el podcast, las reviews, y de repente todo encajó: une los puntos y sale el dibujo de la ballena; la música, la narrativa… todo forma parte de un ecosistema creativo donde cada elemento alimenta al resto. Es un proyecto vivo, igual que la guía: la OST será ampliada según me inspire incluir nuevas versiones, y la guía seguirá creciendo con nuevas reseñas, aportes de lectores y curiosidades. Todo en este proyecto prima la visión individual y la emotividad por encima de los cánones de la industria.

El resultado: un álbum que arrancó con 8 pistas y seguirá creciendo. GAMER (OST) es un proyecto infinito: reinterpretaciones de mis videojuegos favoritos con electrónica melódica, techno profundo y ambient. No hay cierre, porque esto es vivo y experimental, como la guía.

El infierno de escribir: cuando las IAs te salvan y te humillan a partes iguales

Si hacer música es mi zona de confort, escribir ha sido mi campo de batalla personal. En mi primer libro, Nueva Dimensión, contaba con la ayuda de otro escritor, Paco Puebla Pestaña, que se encargó de casi todo y además me daba collejas para mejorar el estilo. Con Crónicas de un Gamer estaba solo, y vaya si se notó.

La parte narrativa de las reseñas ha sido gratificante, catártica incluso. Poder volcar en papel todas esas emociones acumuladas durante décadas de jugar. Pero la corrección ortográfica, gramatical y de estilo ha sido una auténtica pesadilla: trabajando con tres IAs diferentes —ChatGPT, Phind, Claude—, enviando borradores a escritores, gamers o personas hartas de leer, y todavía cada vez, me sacan algún fallo. La perfección es una quimera en este aspecto. Pero espero estar a la altura de una lectura correcta en lo técnico y sobre todo entretenida y emotiva en lo personal.

El modelo de suscripción: porque esto se me va de las manos

La idea del modelo de suscripción surgió de la necesidad pura y dura. Esto se me iba de las manos. Intentar reseñar incluso solo los juegos que finalizo, es una locura. Entonces pensé: ¿y si los propios lectores me echan una mano?

Por 1,90€ al mes tienes acceso completo al PDF de la guía y a GAMER (OST), con todas las actualizaciones futuras incluidas. Pero más allá del contenido, te conviertes en parte activa: puedes sugerir juegos, enviar tus reseñas de los juegos elegidos que he terminado —siempre cuidando el tono y el foco en lo emotivo y artístico—, contribuir con curiosidades y pequeños detalles. Si selecciono una reseña de un lector, podría aparecer en la futura edición física con su nombre.

No es solo un proyecto comercial, es una comunidad. Un espacio para encontrar a gente que comparta esta sensibilidad, que vea los videojuegos como obras de arte capaces de emocionar tanto como una película, un libro o una canción.

Buscando a mi tribu gamer (y de momento funcionando)

Siempre he disfrutado un montón hablando de videojuegos, cine o música con un igual. Esas conversaciones profundas, llenas de referencias y conexiones inesperadas, son de lo más estimulante. Pero son jodidamente difíciles de encontrar. La mayoría de gamers se dejan llevar por el momento, por lo que está de moda, por el hype del último triple A.

Pensé que esta guía atemporal y emotiva podría ser la oportunidad perfecta de encontrar a gente que comparta esta sensibilidad. Y de momento, aunque seamos pocos, está funcionando. Porque encontrar una sola persona que aprecie el significado de este proyecto y comparta su visión y pasión por los videojuegos que tratamos, ya es un auténtico éxito para mí.

No busco números masivos ni viralizaciones. Busco conexiones genuinas. Conversaciones reales sobre por qué un juego nos marcó, qué nos hizo sentir, cómo su música o narrativa se quedó grabada en nuestra memoria emocional.

Los números (porque sí, también importan un poco)

Mientras reseñaba juegos en el podcast, empecé a compilar todas esas impresiones en lo que acabaría siendo Crónicas de un Gamer: más de 200 videojuegos analizados desde una perspectiva puramente emocional. Aquí no vas a encontrar comparativas de framerates ni análisis de raytracing. Lo que vas a encontrar son crónicas breves e intensas —una o dos páginas por juego— escritas desde la pasión de alguien que lleva más de 40 años viviendo los videojuegos como arte, no como producto.

Crónicas de un Gamer es un proyecto desproporcionado en su arranque: unas 180,000–200,000 palabras en 280–320 páginas. 204 videojuegos en total: 85 comerciales y 119 indies. Más de 40 años de historia del videojuego, desde los arcades de los 80 hasta producciones actuales. Cada juego está ahí por una razón: merece ser jugado, sentido y recordado. Nada de relleno. Nada de títulos por obligación o por moda. Cada entrada es una crónica personal, una conexión emocional hecha palabras.

Y como en todo proyecto que importa de verdad, ha habido colaboradores que han aportado sus perspectivas: el escritor Javi Kororo, la ilustradora Lorena Azpiri, el redactor y mil cosas más Charlie Sánchez. Gente que comparte esta visión de los videojuegos como algo más que entretenimiento efímero.

Lo físico en la era digital (porque la ironía me fascina)

Hay algo profundamente irónico en crear un proyecto digital infinito mientras fantaseo con ediciones físicas limitadas. Pero esa contradicción me mola. En la era del streaming y el acceso instantáneo, hay poder en un objeto físico que puedes sostener, ojear o prestar a un colega.

Nueva Dimensión salió en edición física limitada de 100 ejemplares, y Crónicas de un Gamer seguirá esa filosofía: aunque ahora viva en digital actualizable, la idea de materializarlo en papel, de convertirlo en algo coleccionable, forma parte de la filosofía del proyecto. Algunos juegos no solo se juegan: se recuerdan.

Mientras la industria se pudre en microtransacciones

Hacer esta guía mientras veo cómo la industria se convierte en una maquinaria de microtransacciones, pases de batalla y juegos como servicio ha sido revelador. Los triple A invierten millones en gráficos fotorrealistas para mundos cada vez más grandes pero vacíos de significado. Proyectos indie como este, con recursos infinitamente menores, pueden plantear las preguntas que de verdad importan: ¿Qué nos dicen los videojuegos sobre nosotros? ¿Cómo nos transforman? ¿Por qué ciertos juegos nos marcan para siempre mientras otros se olvidan en semanas?

Al final, va de sentir

Crónicas de un Gamer existe en ese espacio donde la nostalgia se encuentra con el descubrimiento, donde lo personal se vuelve universal. No es una profecía sobre el futuro de los videojuegos ni una celebración acrítica de la industria. Es una invitación a recordar por qué empezamos a jugar.

Si algo he aprendido haciendo esto, es que los videojuegos tienen un poder único: pueden hacernos sentir de formas que otros medios no consiguen. La interactividad añade una capa de inmersión emocional imposible de replicar. Cuando un juego conecta de verdad contigo, cuando su historia, música y arte se alinean, la experiencia trasciende el entretenimiento. Se vuelve memorable, significativa, transformadora.

Crónicas de un Gamer es mi forma de procesar y compartir esas transformaciones. Cuatro décadas de emociones pixeladas, de mundos digitales que se sienten más reales que muchas experiencias analógicas. De personajes que nunca existieron, pero que siguen viviendo en mi memoria.