La mitología española hecha videojuego

Hasta quizás un año atrás me consideraba una persona muy escéptica en cuanto a nuevos lanzamientos de videojuegos. Veía con incredulidad la mayoría de títulos anunciados pensando en que estos no serían tan buenos como los pintaban en los tráilers o los anuncios. Que el próximo FIFA o Call of Duty no traería nada nuevo a la mesa y que el juego popular de turno simplemente no era para mí. Si bien sigo teniendo ciertas reticencias al respecto y sobretodo con títulos como los anteriormente mencionados, ya no puedo decir que vea el futuro del medio con poca esperanza o que los años dorados ya pasaron y que nada volverá a ser tan bueno como antes.

Si bien tengo en el tintero mental hacer una nota a este respecto, quise partir este artículo mencionando esto dado que Blasphemous es uno de los más claros ejemplos de que sigo siendo capaz de emocionarme con un tráiler de algún juego que luzca llamativo y de proponerme comprar desde el día uno un título que ofrezca algo que no se haya visto del todo aún y que pueda ser de mi interés. Y así fue exactamente como me ocurrió con la obra de The Game Kitchen, y es que apenas vi su maravilloso arte en píxeles con aquel aire a desolación basada en una versión retorcida del cristianismo fue más que suficiente para venderme el título. Posteriormente me enteré que sería un metroidvania con ciertas mecánicas de un souls-likey os prometo que esta será la primera y última vez que hago una alusión a algo relacionado con From Software- y eso solo hizo que me intrigara aun más. Y bueno, ¿qué tal fue el resultado? Pues vayamos a eso.

La cruzada de El Penitente

BlasphemousEl título comienza dándonos duro con una cinemática que condensa perfectamente lo que será la historia y el mundo donde éste se desarrolla a través de la auto flagelación de una mujer en búsqueda del perdón por La Culpa, factor importantísimo tanto a nivel narrativo como jugable y cómo a través de ésta nuestro protagonista, El Penitente sin nombre quien ha tomado un voto de silencio como vía para expiar su culpa consigue el arma que usará durante toda su cruzada, la espada Mea Culpa.

El resto de la historia, sin intención de spoilearos nada, va de cómo El Penitente sin nombre busca al hijo del Milagro Original para romper el ciclo de tormento causado por La Culpa y del cómo los fervientes seguidores del Milagro buscarán detenerlo.

Por otro lado, jugablemente el título es un side scroller 2D con un combate bastante sencillo, una rama de habilidades que darán más condimento añadiendo golpes cargados, golpes en picada, un combo más extendido, entre otros. Otro punto clave será la evasión, la cual no sólo nos servirá para esquivar los ataques más complicados sino que además podremos usarlo para encadenar ataques a larga distancia. Si bien en éste respecto el juego cumple bastante bien, de forma pulida y sin atados, es cierto que el set de movimientos es algo básico sobre todo en un principio, dejando la sensación de que el ataque cargado o en picada bien pudieron haber estado desde el comienzo de la aventura.

En lo que más destaca el juego tanto en el combate como en el apartado visual y sonoro es, sin duda, en las batallas contra bosses. Algunos dejan algo fríos por sus mecánicas y patrones de ataques pero esto se realza más que nada por su impecable e imaginativo diseño. Otros, en cambio, son un deleite en los dos frentes. Debo decir con gusto que hay más de lo segundo que de lo primero.

La exploración, el quizás tercer aspecto más importante de este juego -después de la estética y el combate- no decepciona pero tampoco sorprende. Y es que hay zonas cuyas conexiones entre sí carecen de coherencia o bien podrían estar diseñadas de manera tal que el salto de una pantalla a otra no sea un cambio tan brusco. Aun así, el mundo como un todo está bien estructurado y el mapa está mas interconectado de lo que uno pudiese pensar en un principio.

Muchos medios han tildado a Blasphemous como un Metroidvania, pero yo dudo que sea justo tildarlo como tal. Ya que si bien la exploración y el combate son partes esenciales de este título, también es cierto que carece de zonas bloqueadas por habilidades o áreas secretas que no vayan más allá de un ítem escondido o una mejora de salud o de magia. En cambio, la mayor barrera que impide al jugador explorar todo el mundo desde un principio son los bosses iniciales y los intermedios, a quienes será obligatorio vencer para avanzar a en la historia. El orden está a la libertad del jugador, eso sí.

La penitencia es hermosa, pero carga una pesada cruz

Rara vez uno se encuentra con un juego tan destacado en algún aspecto en particular como lo logró The Game Kitchen con Blasphemous. Y gracias a eso se debe su gran -y merecido- éxito. Pero no podemos cegarnos por su belleza y diseños inventivos y simular que es un juego perfecto pues no lo es. A nivel técnico sufre de asperezas que dan a pensar que podría haber estado cocinándose unos meses más pero nada es un verdadero impedimento ni tampoco está cerca de romper el juego. En lo que sin duda más sufre es en un combate plano que es salvado gracias a su dificultad. Aun con esto y lo demás no puedo dejar de recomendar un juego que desborda la pasión de quienes lo crearon en cada píxel de cada escenario, de cada cinemática y de cada gota de sangre derramada por El Penitente y sus víctimas.


Este análisis ha sido realizado con una copia digital para Switch adquirida por la propia redacción.

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