¿De la inspiración a la clonación?

Casualmente hace unos días estaba teniendo un debate muy acalorado sobre donde empieza un homenaje y cuando se convierte en, más bien, una copia. Es normal y hasta enriquecedor coger ciertos elementos de una obra y usarlos de base o inspiración para crear un producto nuevo. Lo hemos visto en libros, series, películas y, por supuesto, videojuegos. Algunos ejemplos son más descarados que otros, como por ejemplo el reciente y llamativo caso de Palworld. Aunque aun así, hay que decir que el juego de Pocketpair ha sabido marcar importantes diferencias con la franquicia de Nintendo y a día de hoy goza de una muy buena cantidad de jugadores simultáneos a pesar llevar ya más de un año a la venta. Otro caso donde la similitud y el plagio es difícil de diferenciar es en Enchanted Portals, cuya inspiración en Cuphead es extrema. Tanto que el estilo de arte in-game es literalmente igual y su jugabilidad, aunque algo más pausada, también es idéntica. Aunque ese gameplay tan clónico no es nada en comparación al copia-pega que fue Turbo League. Como si la idea de coches jugando al football no fuera suficientemente ubicable, el juego también calca los diseños de escenarios, vehículos y balones que ofrece Rocket League (y por poco hasta el nombre).

Aun así, también tenemos casos contrarios: donde vemos claramente como el producto original ha inspirado y animado algo totalmente nuevo. No necesariamente mejor (bienvenido sean los gustos), pero sí diferente y con personalidad propia. Ahí tenemos al reciente InZOI, simulador de vida al más puro estilo Los Sims pero que lleva la potencia gráfica y las opciones de personalización a un nuevo nivel. Pero es fácil utilizar como molde éxitos de ventas para crear una nueva IP, sino que se lo digan al fontanero de la gran N y a todos los juegos que ha inspirado. Igual podríamos decir de The Legend Of Zelda, Doom o Sonic The Hedgehog. Justo este último ha utilizado el equipo gallego como base jugable para crear su nuevo juego. Pero cuidado porque las comparaciones no siempre son buenas y en este caso Team Stargazers ha sabido coger lo mejor del gameplay que encontramos en los juegos del erizo azul para dar vida a algo totalmente nuevo en su primer juego como desarrolladores independientes, y con Jandusoft apoyando como publisher.

Un halo para salvarlos a todos

Lo primero que nos llamará la atención en Aureole: Wings Of Hope —y lo que más nos recordará a la saga de Sega— es el aspecto del halo que controlamos en cada uno de los niveles. Su forma y su color nos evocarán inmediata e irremediablemente a los clásicos anillos que Sonic recoge en todas sus aventuras y que, en su caso, sirven como moneda de cambio y salud. En la historia que ha creado el equipo gallego esta aureola (de ahí el nombre del juego) es el alma tangible de Ryleth, uno de los ángeles que ha perecido a manos de Lazel, el autoproclamado Rey Demonio. Gracias a la ayuda de Ramila, un ángel que prefiere vivir relajadamente antes que combatir contra demonios, el espíritu de Ryleth consigue quedar unido a su halo en vez de desaparecer en el vacío. De esta manera, ambos protagonistas viajarán por muchos lugares del Reino Mortal con el objetivo de volver al cielo, del que han sido expulsados, y salvar a los ángeles que han quedado prisioneros. Pero como no lo podrán hacer solos, pedirán ayuda a la Mano Izquierda, que viene siendo el todopoderoso ser que lidera el cielo. ¿Y a que no adivináis quien es el malo maloso que controla el infierno? Efectivamente: la Mano Derecha. No voy a ser yo quien haga ningún comentario político de esta maravillosa idea narrativa, pero: chapó.

Una interesante y macro-representada idea la de la lucha eterna entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, los ángeles y los demonios. Aunque es todavía más interesante, en mi opinión, cuando se le da un toque diferente y humorístico como han hecho en este indie. Humor que vemos en casi absolutamente todos los diálogos del juego, desde la primera escena en la que aparece el nuevo Rey Demonio y lo nombran como “Diablillo mamadísimo” hasta en las conversaciones entre los dos protagonistas. La dualidad entre el Inframundo y el Olimpo se complementa muy bien con la dualidad entre los dos personajes principales, siendo las dos caras de la moneda en lo que se refiere a responsabilidad. Ryleth es un ángel algo serio, con ideales férreos y siempre dispuesto a ayudar al prójimo, ademas de tener al día cada una de las lecciones que le enseña el sacerdote (al que también llaman “su excelencia zurda”) en la instrucción militar. Ramila, por el contrario, es alguien que siempre se saltaba estas sesiones, supuestamente obligatorias, para pasear por el bosque o simplemente tumbarse a mirar el cielo. Claramente también huye de las responsabilidades y verse envuelta en una guerra donde ella tendrá un papel protagonista no le gusta nada. A decir verdad, el único motivo por el que ayuda a su nuevo compañero es porque si no vuelven pronto al cielo, su alma se perderá para siempre, aunque cada dos por tres intente convencerle de que igual desaparecer no estaría tan mal. Lo que haga falta por esforzarse lo menos posible. Pero algo en lo que ambos coinciden es en el buen rollo y la naturalidad con la que abordan cada situación y la confianza mutua que acaban teniendo, lo que da pie a muchas bromas y un humor muy juvenil y disfrutable.

Y si al principio hemos resaltado la inspiración en los juegos de Sonic The Hedgehog no ha sido solo por el aspecto del halo que controlamos en cada uno de los niveles sino también en la jugabilidad de estos. Igual que con los títulos clásicos del erizo, también tendremos que avanzar en scroll lateral y conseguir velocidades vertiginosas pero ojocuidao porque en Aureole: Wings Of Hope no solo importa la velocidad sino que habrá que tener muy en cuenta las físicas y geometrías. No, no hemos vuelto al instituto. El aro celestial que controlamos tendrá la posibilidad de dar un acelerón que le hará salir disparado, además de dar un pequeño bote en el aire, teniendo que calcular donde terminará la curvatura de la caída para no acabar precipitándonos al vacío o a unos mortales pinchos. Esto convierte a la obra de Team Stargazers en una especie de plataformas de precision perfecto para los amantes del speedrun ya que según el tiempo en que completemos el nivel obtendremos una clasificación de bronce, plata u oro. Por supuesto podremos repetir cada nivel las veces que haga falta para superar nuestro propio récord. Esto hace de la experiencia algo muy divertido y rejugable, animándote a completar más niveles de los estrictamente necesarios para avanzar. Pero no creáis que sera fácil, no por nada sus creadores definen al juego como una mezcla entre Sonic The Hedgehog y Celeste. Claramente según avancemos irán añadiéndose habilidades, nuevos obstáculos o ayudas en cada fase e irán incrementándose la dificultad. Si bien es cierto que hay veces que este incremento no parece estar del todo bien medido, pero a base de repetición acabarás superando la pantalla.

De la inspiración al futuro

Lo único que me queda por comentar del juego es también lo primero que llama la atención de él: su estilo artístico. Unos diseños muy dinámicos, amigables y divertidos que utilizan constantemente colores vibrantes y llenos de luminosidad. Al menos cuando se usan para representar a los protagonistas y demás personajes celestiales. Obviamente los enemigos, demonios venidos del Infierno, utilizan menos variedad de colores, siendo estos más oscuros. Lo que si tienen en común todos los diseños del juego es su clara inspiración en series de animación americana, sobre todo las provenientes del recientemente cerrado “Cartoon Network Studios”. En mi caso, como buen fan de Steven Universe, no pude evitar ver la gran similaridad entre Ryleth (uno de los protas de este juego) y Lars, personaje secundario (pero maravilloso) de dicho programa. Incluso sus personalidades llegar a ser algo parecidas y yo como fan del universo televisivo creado por Rebecca Sugar, estoy más que feliz de ello. En lo sonoro tenemos también unas melodías muy animadas y rítmicas que nos animan a seguir avanzando y a conseguir la mayor velocidad y puntuación posibles. Muy buenas canciones que mezclan toques de electrónica y jazz con bases más clásicas y comunes en este tipo de juegos.

 

En general una muy bien medida mezcla de conceptos y géneros que el equipo gallego ha conseguido reunir en un mismo título. Uno con personalidad propia e interesante y que a la gran mayoría de jugadores, sean o no ávidos de las plataformas, disfrutarán. Algo también positivo es su duración, no muy larga ni excesivamente corta. En unas 5 o 6 horas podemos terminar la historia principal y a partir de ahí, tendremos libertad de echarle el tiempo que queramos en romper cada récord y encontrar cada coleccionable escondido en los niveles del juego. Y digo que esa duración es positiva porque un juego con la misma mecánica desde principio a fin —aun metiendo pequeños elementos nuevos— puede hacerse cuesta arriba si se alarga demasiado, lo que resta diversión a la experiencia y calidad total. Ahora, que si Aureole: Wings Of Hope se convierte en tu GOTY del año y quieres, además de “speedrunear” cada una de sus fases, lucir tu amor por él, estás de suerte. El pasado 27 de marzo no solo se estrenó este maravilloso juego sino que, en colaboración con los buenos de Tesura Games, han conseguido traernos una versión física de esas que tanto nos gustan y que poco a poco van desapareciendo. Y no contentos con esto, además de la edición standar también nos traen una versión coleccionista llamada Celestial Edition que contendrá el juego base junto a la BSO y una chulada de funda. Yo, como fan de los juegos indies y de las versiones físicas, ya tengo ganas de exponer esta preciosidad en mi estantería. Y vosotros también deberíais.


Esta crítica se ha realizado con una copia de prensa facilitada por Jandusoft.