Dos entes y un destino

Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón, Overwatch, DOOM. Titanfall 2, Dishonored 2, Street Fighter V.  Forza Horizon 3, Pokémon GO, Civilization VI. 2016 nos dejó muchísimos videojuegos para el recuerdo; muchos de ellos, secuelas. No obstante, pese a su aparente cercanía, no creo que fuese un año recordado especialmente por todas aquellas grandes producciones que lo hicieron grande, sino que, al menos a nivel personal, guarda un lugar relevante en mi calendario por aquellas sorpresitas que supieron hacerse un hueco en nuestro corazón. Inside, la segunda obra de Playdead, dejó la reputación de los daneses en un punto muy álgido – donde siempre debió de estar -, mientras que la industria española sorprendió a propios y extraños con aventuras verdaderamente memorables como Yesterday Origins, Ghost 1.0 o el que probablemente fuese mi sleeper autóctono favorito del citado año, Anima: Gate of Memories.

Guardo un gran recuerdo de Gate of Memories por diversas razones. Pese a que no fui backer en Kickstarter, plataforma donde se gestó la propuesta, he de decir que, por entonces – hace ya tres añazos -, el redactor que escribe estas líneas no estaba tan acostumbrado a eso de analizar tres juegos a la semana. Y llevar un ritmo digno de un beta tester puede tener sus virtudes, sí, por aquello de racionar el contenido y de manteneros informados sobre la industria día tras día, pero, por razones que no se escapan a ninguna lógica, cuenta con el gran contrapunto de que me impide sumergirme en los universos que se abren ante mí, o al menos, me impide hacerlo en la medida en la que me gustaría. Anima me tendió una mano que yo, en mi más infinita ineptitud e inexperiencia, no tardé en agarrar con fervor. Y fue un craso error, porque, tal y como iba buscando, me abrió las puertas a un universo vasto y rico del que, entre los albores de las secuelas y de los juegos de mesa (de los que proviene el concepto original), no se me hizo nada sencillo escapar.



Gran culpa de ello recayó, sorprendentemente, en la narrativa que ostentaba la entrega (fruto de un gran trabajo por parte de las mismas manos que escribieron Anima Beyond Fantasy). El debut de la marca en la industria del videojuego, manifestándose como una propuesta de acción rolera en tercera persona, supo ganarse mi atención desde el primer momento gracias a su poderosa trama principal, que, si bien no se encontraba exenta de clichés y de personajes algo sexualizados (que podían impactar y asustar durante las primeras horas), acababa cogiendo un ritmo envidiable, que nos ponía muy difícil la aparentemente sencilla tarea de soltar el mando. Esta virtud se vuelve especialmente preocupante cuando se nos antoja tener en cuenta la duración total de nuestro peregrinaje, que superaba las 15 horas – lo cual, viniendo de un estudio conformado únicamente por tres personas, es de alabar -.

Hago un inicial hincapié en el buen hacer de la narrativa porque no nos encontrábamos únicamente ante un título con un cuidado argumento, sino que el desarrollo y la implementación del mismo en términos jugables remaban en la misma dirección. Así, nos encontrábamos en una parca Gaia de corte medieval en la que nuestra protagonista, La Portadora, debía de recuperar el robado Byblios, siguiendo así las órdenes de su organización Nathaniel, principal mediadora en la guerra de facciones que estaba teniendo lugar. No obstante, no se encontraba sola para llevar a cabo dicha hazaña, pues Ergo, un monstruo desbocado sediento de sangre, no hallaría grandes problemas en colaborar con nuestra protagonista siempre que eso le permitiese alcanzar sus sádicos fines. Esta simbiosis, que en un principio repele y desagrada, acabará por convertirse en el principal instrumento para contarnos todo lo que el título pretende transmitir, alzándose, de igual forma, como el principal pilar del ámbito jugable.

Anima Gate of Memories

En este sentido, cabe destacar que, lógicamente, nuestro camino hacia el Byblios no se encontrará exento de acertadísimos puzles y de grandes peligros. Por suerte, contábamos con un divertido y frenético sistema de combate en tiempo real, que bebía directamente de clásicos como Devil May Cry u otras propuestas de Hideki Kamiya, y que, si bien no se acercaba a tal grado de perfección, era más que disfrutable. Al igual que la aventura de Capcom, la gracia aquí residía en formar rápidamente grandes combos que nos permitían acabar en un visto y no visto con nuestros rivales, cuya inteligencia artificial, de paso sea dicho, dejaba un poco que desear. Sin embargo, todo el conjunto cobraba un enorme sentido cuando se nos abría la posibilidad de cambiar entre nuestros dos protagonistas en medio de un mismo combo, lo que, como bien imaginaréis, aportaba una profundidad enorme al combate, haciéndolo más complejo y entretenido aún. Personajes que, como no podía ser de otra manera, contaban con habilidades únicas, así como con árboles de habilidades específicos.

Por otra parte, nos encontrábamos con otro factor de notorio impacto que no era otro que el de la exploración, pues todos y cada uno de los relativamente pequeños escenarios que descubríamos se encontraban plagados de dinero y cofres de gran utilidad – con objetos de todo tipo para potenciar nuestras estadísticas – que podíamos hallar escondidos en cada rincón, o escondidos tras una puerta oculta. El problema llegaba cuando dichos artilugios y objetos se hacían terriblemente difíciles de alcanzar gracias a unos molestos problemas con la cámara y a unos saltos de La Portadora que no acaban de ser todo lo precisos que nos hubiesen gustado, lo cual no se ha corregido especialmente en esta revisión.

Las Crónicas del Sin Nombre
Como habréis podido comprobar, en este análisis estoy hablando principalmente de mi experiencia original con el primer capítulo de la subsaga Gate of Memories (experiencia que, años después, ha sido tan satisfactoria como la recordaba). No es algo azaroso, pues The Nameless Chronicles, el segundo y último capítulo de dicha serie, salió este mismo año al mercado, contando con un análisis propio en la web que firmó la pluma de Daniel Mesa meses atrás. Se trata, además, de una entrega que no vió su jugabilidad drásticamente modificada, y que, de hecho, tampoco dió un gran salto a nivel técnico o artístico (que ya de por sí contaba con un listo bastante elevado), lo que hace que la amplia mayoría de bondades y defectos aquí comentados sean extrapolables a la otra mitad del conjunto.

No obstante, este último detalle, que no hace más que empañar levemente el acabado jugable, se antoja una nimiedad cuando tocaba plantar cara al que probablemente fuese el punto más negativo de todo el conjunto, y es que, en términos visuales, disfrutamos de una entrega considerablemente desfasada, basada enteramente en Unity, y que únicamente en momentos muy concretos era capaz de sorprendernos con alguna que otra virguería técnica.

Dicha carencia – completamente comprensible a nivel de desarrollo – se ha visto subsanada ahora, sin embargo, por el propio hardware de Switch, que al no alcanzar las altas cotas de las máquinas de sobremesa, hacen que la propuesta destaque más entre sus iguales, luciendo especialmente bien en modo portátil pese a su humilde procedencia. Es por ello que las quejas, esta vez, vienen en otro sentido, gozando dicha forma de disfrutar la propuesta de una resolución que se encuentra francamente por debajo de lo esperado, y cuya definición se hace obvia, especialmente, con la aparición de determinados textos en pantalla. Supongo que es el precio a pagar por disfrutar de unos 60 fps estables como una roca y de un apartado artístico francamente inspirador, pero no por ello debemos de pasarlo por alto.

Un must dentro de la escena nacional

Galardón-Plata-HyperHypeAnima: Gate of Memories fue, ya en 2016, toda una maravilla dentro del panorama español. Tres años después, mi veredicto sigue siendo prácticamente el mismo, mas mi amor por la franquicia no ha hecho más que incrementar gracias en gran parte a un The Nameless Chronicles que, sin aportar algo necesariamente fresco, sabe estar al nivel de la obra original. Es por ello que esta colección, Arcane Edition, es, en cuanto a la relación calidad – precio, todo un imprescindible para aquel jugador que quiera disfrutar de dos grandísimos A-RPGs de los últimos años; para aquel que busque adentrarse, de algún modo, en el universo Anima, y para aquel que necesite una prueba fehaciente de que, contra todo pronóstico, hay muchísimo talento independiente en España.


Este análisis se ha realizado con una copia del juego para Switch cedida por BadLand Games.

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