Multiculturalidad made in Geyper

  1. Mancala

  2. Hanafuda

  3. Backgammon

  4. Renegado

  5. Damas

  6. Presidente

  7. Dominó

  8. Velocidad

  9. La liebre y los perros

  10. Blackjack

  11. Cuatro en raya

  12. Ajedrez

  13. Shogi

  14. Minishogi

  15. Ludo

  16. Mahjong japonés

  17. Sietes

  18. Golf

  19. Dardos

  20. Texas hold’em

  21. Molino

  22. Hockey de aire

  23. Guerra

  24. Carrom

  25. Damas chinas

  26. Generala

  27. Takoyaki

  28. Billar

  29. Hex

  30. Solitario araña

  31. Go-moku

  32. Parejas

  33. Bolos

  34. Tiro al blanco

  35. Carreras de coches

  36. Cuadritos

  37. Código secreto

  38. Colita de cerdo

  39. Mahjong solitario

  40. Última carta

  41. Pesca

  42. Solitario Klondike

  43. Tenis

  44. Fútbol

  45. Curling

  46. Boxeo

  47. Béisbol

  48. Batalla de tanques

  49. Tanques por equipos

  50. Ruta deslizante

  51. Conecta 6

    EXTRA: Piano

Desconozco hasta cuándo la muletilla del coronavirus va a continuar siéndome de utilidad a la hora de abrir los artículos con cierta sutileza, pero lo cierto es que en el caso de hoy el COVID-19 parece configurar un contexto ideal. Entre pandemias, teletrabajos y aislamientos, no hemos sido pocos los afortunados que, confinados junto a la mejor de las compañías, nos hemos visto instados estas últimas semanas a lanzarnos a unos muy socorridos juegos familiares con los que amenizar nuestras tardes de reclusión. Overcooked, rey indiscutible del multijugador local, ha conformado junto a clásicos como Super Mario Party o Nidhogg un panorama que ha focalizado la atención de muchos hacia un género que ya creíamos extinto, y del que lanzamientos como Moving Out (Devm Games, 2020) han sabido aprovecharse de la mejor de las formas acogiendo una expectación que jamás habría recaído sobre ellos en otras circunstancias, pasando completamente desapercibidos.

Desde hace ya más de una década, el auge del juego online, propiciado por el monopolio competitivo sobre el que se asentaron las bases de grandes nombres como Call of Duty Battlefield, ha dejado escaso margen para unos títulos enfocados al multijugador local, máxima expresión de la naturaleza lúdica del medio, mermados en relevancia y presencia. Mientras que hace no más de dos generaciones disfrutábamos de auténticas fiestas de la mano de Buzz!SingStarStar Wars: Battlefront II, la contemporaneidad de la industria nos deja con asiduidad, a día de hoy, obras que llaman la atención por su mera propuesta local, véase A Way Out (Hazelight Studios, 2018) o la serie PlayLink de PlayStation, y que encuentran ahí su razón de ser. Porque por más que se haya visto reducida a un nicho anecdótico, la existencia de propuestas que nos incitan a compartir sofá sigue siendo muy necesaria, como variedad y vertiente artístico-lúdica del videojuego; como parte inherente a él.

Evitando las más obvias de las comparaciones, 51 Worldwide Games parte de esta premisa para presentar un discurso tan propio como coherente, casi necesario para la máquina en la que se mueve. La nueva apuesta de Nintendo por el juego familiar (en la más vasta significación de la palabra), se erige como un conjunto sólido – mucho más que aquel experimental 1-2 Switch con el que estrenaron nuestras consolas en 2017 – que sabe leer de una forma brillante las posibilidades del sistema; no solo a través de los particulares e ingeniosos usos que realiza del mismo (mención de honor a las divertidas aplicaciones del giroscopio), sino también a la hora de comprender su propia filosofía en pos de asimilarla, compartirla y alzarla hasta nuevas cotas.

No contenta con ello, la entrega también deja patente en repetidas ocasiones su maestría a la hora de controlar los tiempos, pues hace lo posible para no abrumar al jugador pese a la desmesurada oferta de contenidos que ostenta (y a la que, por supuesto, da acceso desde un inicio, por si quiere disfrutarse en solitario o en compañía sin mayores pretensiones). Prueba de ello es la implementación de una suerte de modo Campaña; un viaje por todo el globo terráqueo que nos cogerá de la mano desde los primeros minutos de juego para invitarnos a descubrir todos y cada uno de los pasatiempos gradualmente mientras conocemos a maestros autóctonos de los mismos, cada uno con su propia nacionalidad y con sus preferencias. El resultado es un conglomerado cultural donde faltan muy poquitos nombres, y donde el entretenimiento es tan variado que se acaba dificultando considerablemente el separarse de la consola, o el no pensar en llevarla a casa de nuestros amigos en pro de enseñarles virguerías francamente imaginativas tales como el Modo Tatami, que nos permite disfrutar de varias de sus propuestas como el scalextric, la batalla de tanques o la pesca uniendo varias Switch, ensanchando y dinamizando el terreno de juego.

Tampoco es tarea fácil no encariñarse con la simpática familia que nos acompaña minijuego tras minijuego, y que consigue explicar las reglas de cada uno de ellos (incluso de aquellos que nunca supimos cómo se jugaban) con cierta gracia y buen hacer. Sacrificando el tecnicismo y la precisión, cada uno de los integrantes logra sentar las bases de cada prueba en un par de minutos para que posteriormente, si lo deseamos, podamos indagar en ella a través de un algo más tedioso manual de instrucciones; en el caso contrario, siempre podremos experimentar y descubrir el funcionamiento exacto de cada una lanzándonos directamente al tablero. Esta es una posibilidad que el juego contempla, junto a otras derivadas de la falta de atención o de la incomprensión del reglamento, y es que el título incorpora una elegante interfaz que no es parca en ayudas e indicaciones, pudiendo incluso – en casos como el de las damas chinas – hacer todo el trabajo por el jugador.

Esta rotura total de la curva de tensión lúdica se excede en otras numerosas circunstancias, alzándose, quizás, como la problemática más flagrante de todo el apartado jugable. Y es que, en busca de la accesibilidad, la aventura acaba haciendo de sus más arduos desafíos – de aquellos que ella misma denomina ‘Imposibles’ – meros retos perceptivos, usualmente alcanzables en un par de intentos. Las ayudas visuales, cuya desactivación manual acaba siendo indispensable en los niveles más altos de dificultad (a falta del idilio que supondría su anulación por defecto), se ven aderezadas por una inteligencia artificial algo torpe que, si bien tiende a rendir a buen nivel, en ocasiones opta por un mimetismo que deja pasar situaciones realmente alarmantes para el jugador. Aun así, un mal movimiento puede ser fácilmente enmendado a través de la siempre vigente opción ‘deshacer’, exenta de cualquier tipo de penalización o limitación, que con una sutil animación desarma la última ronda de acción, tanto por parte del usuario como de la máquina, lo que acaba tentando a las injusticias tanto en los niveles más altos de dificultad como en el modo multijugador, donde también hace acto de presencia.

Esta falta de reto, esta pronta obsolescencia para el jugador avezado, es el precio a pagar por una obra que rezuma mimo por los cuatro costados; que se acuerda de que no todos los amigos con los que quieras jugar tienen por qué disponer de una copia propia, que explicita sus raíces a través de agradecidísimos guiños como barajas temáticas desbloqueables y que se empeña en hacer nuestra experiencia lo más agradable posible en términos audiovisuales, con composiciones muy acordes a lo que se muestra en pantalla y modelados plasticosos coherentes con la plenitud de los minijuegos presentes. Una diversidad en la que he evitado profundizar a lo largo del artículo, pero que acaba teniendo muchísimo valor, erigiéndose protagonista de un conjunto donde tienen cabida todos los enfoques y duraciones posibles, y dejándonos piezas lúdicas como Mancala, Conecta 6 o Hex a las que un servidor volverá periódicamente – presumiblemente, en compañía – durante muchísimo tiempo. Por respeto a sus propias naturalezas, resulta poco menos que incoherente esperar que todos los componentes del plantel ostenten el mismo nivel de profundidad, pero sí que se podía pedir un trato respetable y equitativo, algo que la aventura logra con creces.

Una nueva victoria para el juego familiar

Galardón-Plata-HyperHypeCon la armonía y la accesibilidad por bandera, 51 Worldwide Games ofrece una perspectiva propia y sólida de un género olvidado pero igualmente necesario, del que se alza must indiscutible. Si bien la claridad de su enfoque debería de repeler a aquellos que únicamente busquen un desafío intelectual para disfrutar en solitario, la contundencia del mismo, a su vez, construye una apuesta ambiciosísima apta para todo tipo de público que se mantiene siempre fresca y divertida, y que acaba atrincherándose en la memoria de la consola dada su facilidad para animar cualquier fiesta o contexto lúdico, sin importar duración, medios o variedad deseada.


Este análisis ha sido realizado con un código de descarga para Switch cedido por Nintendo.

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