Un viaje sobre lo que perdimos y logramos reconstruir

Vivimos tiempos oscuros. No solo en el mundo de los videojuegos, cada vez más despierto y consciente de todos los problemas que hay dentro de él, sino en el marco socio político, más y más cerca de una futura crisis y quien sabe si una inminente guerra. Llevamos años bajo la sombra de gigantes cada vez más grandes y egocéntricos, los cuales solo desean poder. ¿Y dónde quedamos los que no tenemos nada que hacer? Este diciembre ha sido un último sprint, y tortuoso, para los juegos que les tocaba salir a finales de año. Halo: Reach, Arise, Vampire: The Masquerade o incluso el último juego de Shovel Knight, King of Cards; veteranos y novatos se dieron cita para rematar lo poco que quedaba de año. No obstante, uno de ellos, prácticamente tapado, merecía una mención y reconocimiento que finalmente no se le otorgó, siendo posiblemente uno de los mejores títulos que sse lanzasen a lo largo y ancho de todo 2019.

Wattam es un título desarrollado por Funomena y que cuenta con una firma un tanto especial, como es la de Keita Takahashi, un veterano de la industria el cual cuenta en su haber, entre otros peculiares juegos, Katamari Damacy, juego lanzado en el año 2004 y el cual hemos podido disfrutar de nuevo en la Switch. Si algo podemos destacar de la obra de Keita es que no deja a nadie indiferente, para bien o para mal, y es que es de sobra conocido su uso del humor tan característico en Japón, rozando lo absurdo, que podemos encontrar no solo en la historia, sino en los propios personajes o incluso en las mecánicas del mismo título.

En Wattam nuestro deber consistirá en unirnos a otras personas, reconectarlas y formar una comunidad, en resumidas cuentas, tenemos que hacer amigos. No hace falta irse muy lejos, habiendo coincidido en el mismo año incluso, para encontrar dos juegos cuyo objetivo final es restaurar una sociedad totalmente desconectada y sin rumbo, y es que Death Stranding comparte argumento y objetivo final. Son obvias las diferencias, empezando por las pretensiones que tienen cada juego, continuando por lo enrevesado que puede resultar el título de Kojima Productiones y terminando con la simpleza y calidez que vivimos durante el gameplay de Wattam.

No estamos ante la revolución en lo referente a jugabilidad, pero tampoco es lo que debemos de buscar en este juego. Los retos se presentarán de uno en uno, y pueden ser tan simples como intentar ser igual de altos que un bolo, o incluso realizar el proceso completo de digestión (y todo lo que viene después), pero son situaciones que, mínimo, te arrancan una sonrisa de la cara, e irán aumentando el número de amigos que irán viniendo a las diferentes islas que habrá repartidas, algo escasas tal vez siendo conscientes que en apenas 3 horas habremos completado el juego, dándonos a posteriori libertad para explorar los pequeños mundos y jugar con sus integrantes. Con la nueva llegada de cada uno de ellos se nos presentará un puzle, ya que cada uno tiene sus exigencias o necesidades, como puede ser comer (aunque no de la manera en la que creemos).

La música acompaña de forma notable en todo momento, sin grandes piezas, pero con carácter y sobre todo con la personalidad necesaria para mantener el ritmo que el juego propone. De la misma manera la simpleza gráfica no detona un desdén a la obra sino que está pensada para adecuarse al propio título, dándole un carácter jovial e infantil, lo cual más que un hándicap es un completo acierto, insuflando un ambiente festivo y de constante alegría a nuestros compañeros, permitiendo que los reencuentros o nuevas amistades sean una ceremonia a disfrutar.

Aunque no todo es jolgorio, pues la propia historia, la cual se va desarrollando con cada isla completada, deja caer ciertos destellos de una época feliz tiempo atrás, siendo destruida por un mal que no alcanzamos a conocer. La pérdida, la felicidad, la tristeza o la soledad conforman los temas principales, un trasfondo oscuro con ciertos mensajes necesarios para nuestro día a día, como la importancia de apreciar lo que tenemos antes de siquiera perderlo.

Wattam

Wattam va mucho más allá de lo que cabe esperar, planteando un diálogo profundo que apenas sabe enmarcar en una insuficiente – aunque tierna – superficie.

No lo podemos considerar la obra redonda que en su momento fue Katamari, estando más cerca del experimento en parte exitoso pero con algunos peros. Ya he mencionado anteriormente la corta duración, a lo que se ha de sumar un mundo pequeño el cual apetece explorar más y más para seguir descubriendo a los peculiares habitantes.

De la misma manera, otro aspecto a tener en cuenta es el propio rendimiento, el cual a pesar de ser un título aparentemente no exigente sí que sufre de algún que otro tirón en PC, que es la plataforma en la que lo he jugado.


Punto pivote

Tal vez no es la revolución que podíamos llegar a esperar, pero Wattam es un título notable en los palos que toca, agradable y al cual siempre hay ganas de volver, y ya de por sí esto es una gran baza pues un mundo encantador en el que relajarnos en estos tiempos duros siempre es de agradecer, en el que centrarnos solo en disfrutar el momento y de todo lo que hemos construido, jugar con nuestro amigos o incluso hacer un corro de la patata, llevándonos a aquellos tiempos donde la vida se medía en sonrisas.


Este análisis ha sido realizado con una copia digital para PS4 adquirida por la propia redacción.

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