Puzles y plataformas que han pasado desapercibidos

Entramos en los últimos meses de este 2019 y, como es norma, los halagos y abucheos a los distintos agentes de nuestra querida industria comienzan a surgir con motivo de la elección del GOTY, el que será el juego del año. Pero si hay algo claro es que ese galardón se distribuirá entre los títulos con más repercusión, que no tiene por qué ser un reflejo de su calidad. Sin desmerecer a las obras triple A, me apena sobremanera que los títulos de carácter independiente que surgen, especialmente en estas fechas, tienen una tendencia a perder potencia de mercado con facilidad. Es el caso de MO:Astray, al que no me referiría en absoluto como el juego del año, pero sí que siento que no ha recibido, ni mucho menos, la atención que merece.  

Tenemos por delante a un título curioso cuanto menos. Encarnamos a un pequeño ser de forma ameboide, que se mueve dando pequeños saltos horizontales. Parece que hemos sido fabricado después de un desastre científico, en lo que recuerda a unas instalaciones subterráneas, que bien podrían haberse sacado de obras de terror. Y sí, hay algunas situaciones que nos pondrán en cierta tensión, puesto que no somos especialmente una máquina de matar, y nos encontramos bastante indefensos.

En ese sentido, además de por el hecho de poder introducirnos en conductos, me ha recordado al maravilloso Rimworld, aunque se mueven en líneas muy diferentes. Nuestro pequeño slime, si así queremos llamarlo, tiene un movimiento bastante único, poco común en los videojuegos pero que aporta una forma muy diferente de afrontar un título de plataformas como el que nos atañe. Con el stick izquierdo del mando, con el cual recomiendan jugar, movemos al personaje, mientras que usamos el derecho para dirigir los saltos, la clave de este desplazamiento. Y no hay mucho más. Gracias a ello podemos superar el plataformeo y los puzles que nos encontraremos en una aventura bastante más larga de lo esperado — sin ser esto un aspecto negativo, en absoluto —.

La movilidad es más compleja de lo que parece, porque la fisionomía pegajosa y moldeable permite que nos introduzcamos en túneles, nos agarremos a los bordes de las plataformas o nos quedemos pegados a las paredes y techo, aunque solo por un tiempo limitado antes de perder el agarre. Con esto vamos a resolver las trabas en nuestro camino, que realmente se basan en obstáculos simples, como los ya clásicos pinchos y los saltos entre plataformas. Eso sí, están ajustados para que no haya excesivas soluciones y haya que medir bien la resolución, pero sin que se sienta injusto. Esto se debe en gran medida a la buena disposición del checkpoint, que no nos obliga a repetir demasiado lo que hemos completado correctamente en una aventura lineal que no permite ningún tipo de vuelta atrás.

A medida que avanzamos vamos obteniendo habilidades, como el doble salto o un pequeño dash, que iremos empleando en nuevos desafíos que encontraremos. Llegamos incluso a usar un clon en momentos clave, que nos obliga a plantearnos la resolución de puzles dobles y a trabajar conjuntamente. A poco de comenzar, podemos empezar a subirnos en las cabezas de los enemigos, muchos de ellos humanos que han pasado a mejor vida y que, sorprendentemente, se mueven como zombies erráticos, dándole un toque visceral que lleva a situaciones bastante tensas. Al subirnos, podemos emplearlos como plataformas móviles, o bien para que hagan acciones como activar palancas y abrirnos el camino. Pero, más allá de la jugabilidad, nos proporcionan la posibilidad de leer sus mentes, conociendo así quiénes eran en vida y dándonos más detalles sobre el lore. Aunque este trasfondo nos lo irán contando a modo de flashbacks y alguna que otra herramienta, además de una voz que nos habla desde el inicio de la aventura. No es nada del otro mundo, pero presenta una narrativa interesante.

MO:Astray tiene una trama estándar, pero nada despreciable que, combinada con una atmósfera y un control muy cuidados, dan lugar a un título más que aceptable, con características que se le exigen a los triples A y que muchos ni siquiera cumplen. El estilo de dibujo, con ese Pixel Art tan trabajado y una iluminación tremendamente capaz de ambientarnos dentro de esas tétricas instalaciones, nos hace alejarnos de la idea de que delante tenemos simplemente un juego de puzles más, pero que presenta ideas que casan con excelencia. La música que lo acompaña, así como la presencia de jefes finales que ponen a prueba lo aprendido en los puzles anteriores, hacen de este título una obra sorprendentemente trabajada.

Se nota el empeño que Archpray, un pequeño estudio creado por estudiantes en 2017 que se estrena con MO:Astray, ha depositado en su obra para cubrir todo posible fallo y convertirlo en un proyecto la mar de entretenido y merecedor de todo el reconocimiento posible. Sobre todo, teniendo en cuenta que no se sabía nada de ellos hasta ahora. La colaboración para la distribución se ha efectuado con Rayark Inc., al que muchos conocerán por su presencia en el mercado de smartphones con varios de los títulos más conocidos de la plataforma: Cytus, Sdorica o Voez. Esto ha ayudado a que todo salga bien, pero el marketing que ha circulado en torno a MO:Astray en concreto no ha sido todo lo eficiente que debería, al menos en cuanto al efecto producido. No es una situación nueva y sabemos que la pata de negocio es la más débil en la mayoría de los estudios independientes, que no consiguen que sus obras alcancen buenos resultados, a pesar de ser competentes. Pero también, haciendo autocrítica, estaría interesante plantearnos buscar un poco más a qué jugar, en lugar de recurrir simplemente al triple A de turno, porque pequeñas obras interesantes pasan desapercibidas.


Este análisis ha sido realizado con una copia para PC adquirida por la propia redacción. 

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