El estudio checo y su producción más reciente, están en crisis

Kingdom Come: Deliverance, el videojuego de rol desarrollado por el estudio checo Warhorse Studios, ha sufrido una caída del jugadores bastante drástica durante las últimas horas. Cuando el título apareció en la red, los jugadores de todo el mundo vieron muchísimo futuro en la producción, apoyándola a través de una campaña en Kickstarter en la que se proporcionaron una cantidad total de 1.106.371 libras. Pero no todo es tan bonito como los cuentos de princesas y caballeros en los que se ambienta el título, pues algo se parece haberse torcido después de su estreno original. La base de jugadores ha decaído en un 95% en la plataforma de distribución digital Steam, lo cual es debido, supuestamente, a la escasa rejugabilidad que presenta el juego.

Kingdom Come Deliverance

Habiendo vendido 500.000 copias durante los dos primeros días de su existencia, Kingdom Come: Deliverance actualmente registra únicamente una media de 3.600 personas jugando al título; una cifra poco destacable en comparación a los 66.400 registrados hace dos meses. Así, el juego comenzó con muy buen pie su curso en el mercado, pero por lo visto el equipo de Warhorse Studios no tomó en cuenta que habría jugadores a los que les gustaría rejugar el título una, dos, o las veces que quisieran.

Tomando cartas en el asunto, y aprovechando para sacar mi vena hater a relucir, he de decir que el juego tiene varios fallos, los cuales notarán especialmente los jugones más curiosos y exigentes. Fallos relativos a la jugabilidad de la propuesta, que afectan gravemente la experiencia final. Cuando el título se lanzó, tuve la oportunidad de jugarlo durante tres o cuatro horas. Y tengo que reconocer que el transcurso del juego es un poco molesto por la cantidad de conversaciones que nos encontramos por el camino, y por lo tosco que puede llegar a ser el sistema de combate.

Está claro que, en un juego de tal calibre, resulta vital que la historia esté pulida y expandida para así absorber al jugador. Pero una cosa es crear conversaciones extensas, y otra muy diferente crear una conversación de más de diez minutos reales, para que el NPC en cuestión acabe diciéndole al protagonista que le diga a su madre que va a ir a tal lugar, o cualquier otro cometido secundario carente de sentido. En resumidas cuentas, creo que el escritor de la historia pudo haber escrito un libro antes de comenzar con el juego, y poner en él todas esas conversaciones innecesariamente complejas e inútiles. Quitando esto, lo cierto es que se trata de una aventura potable. Se estira como una loncha de panceta entre los dientes, pero al final lo consigues saborear. Kingdom Come: Deliverance es un buen juego, pero desde luego no es para tirar cohetes. Y, al parecer, no soy el único que piensa de esta manera.

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