El precio de la nostalgia

Ginger: Beyond the Crystal es un juego de plataformas/collectathon en 3D desarrollado por el estudio madrileño Drakhar Studio y publicado por BadLand Publishing que, originalmente, se lanzó para PC, PlayStation 4 y Xbox One en 2017. No obstante, durante estas últimas semanas hemos podido descubrir su versión para Nintendo Switch, que no deja de ser una ocasión inmejorable para echarle un vistazo al título.

Sin alzarse como la mejor de las premisas, el título que hoy tenemos entre manos trata sobre un mundo en el que reina la paz gracias a una diosa, quien con sus poderes protege y aconseja a su pueblo – que se junta todos los años en el bosque a venerar su altar con forma de piedra gigante -, ayudándoles a prosperar. El pueblo es nutrido a través de un gran cristal azulado que le provee magia y prosperidad. Sin embargo, un día la diosa deja de comunicarse con ellos y, consecuentemente, aparece a los pies del altar una cría que había sido enviada por esta para cuidar al pueblo. Los sabios del pueblo deciden llamarla Ginger. Pasan los años y, un día, el caos llega al pueblo, infectando los cristales mágicos que protegían al pueblo. Por lo que es tarea de Ginger de proteger a su gente y purificar los cristales. Aquí es cuando comienza la aventura de nuestro azulado amiguito.

Ginger: Beyond the Crystal, como ya bien dije, es un plataformas 3D al más puro estilo Banjo Kazooie o Super Mario 64. Las influencias están claras y, como muchos juegos de menor escala o derechamente indies estos últimos años, ha tratado de replicar la así llamada “época de oro” de los videojuegos. Pero… ¿lo consigue? Pues sí, y no.

Ginger Beyond the Crystal

De nostalgia no se vive

Shovel Knight, A Hat in Time y The Messenger son juegos que – al igual que Ginger: Beyond the Crystal – enamorados de los juegos clásicos de la era NES hasta Nintendo 64, basaron sus obras en distintos clásicos, como Super Mario 64 y Ninja Gaiden. No obstante, no fue ello lo que les hizo destacar, sino más bien tomar la idea de estos títulos y usarlos de base para comenzar a crear algo nuevo, algo mejor y más pulido. Ginger: Beyond the Crystal, en cambio, si bien tiene sus méritos en lo que intenta replicar, no logra crear nada mejor que las obras en las que se inspira, quedándose algo corto en diversos apartados, lo cual es especialmente llamativo viendo la resurrección de los plataformas 3D con títulos como Super Mario OdisseyA Hat in Time y – Dios me libre – Yooka Laylee, que dejan patente que esta obra no tiene ni las herramientas ni las condiciones para brillar entre sus pares.

A Hat in Time

Shovel Knight

Por un lado, el apartado visual, sin llegar a ser horrible, tampoco resalta de la manera en la que lo hacen ninguno de los títulos mencionados anteriormente, sintiéndose, en el mejor de los casos, genérico y sin identidad y, en el peor, simplemente mal diseñado. Sé que las comparaciones son odiosas, pero es que, por otro lado, a pesar de que los gráficos no son meritorios de la actual generación, el juego presenta un claro problema de rendimiento en Switch, que – admitámoslo – no es la consola más potente en el mercado, pero sí ha demostrado ser capaz de mover con soltura juegos muchos más ambiciosos en el apartado técnico, resultando en una bajada de frames notoria en algunos sectores.

Otros problemillas de los que al entrega hace gala son, por ejemplo, la cámara, que en los mejores casos molesta poco y, en los peores haría que cualquier jugador cayera de una plataforma por no poder divisar claramente las esquinas de esta, o bien que se encontrase de sorpresa con un enemigo, sin darle tiempo a reaccionar para esquivar una ataque inminente. Esto se adereza con el último problema técnico que he experimentado durante mi partida, que no por ello es menor, y es que el juego puede llegar a quedarse colgado repentinamente. He de decir que a mí solo me ocurrió un par de veces, y que supongo que será algo a arreglar en futuras actualizaciones, pero advertidos quedáis, puesto que me hizo perderme un detalle importante para el progreso del juego, obligándome a recorrer el mundo a ciegas por un rato.

Los elementos visuales en pantalla sí son muy claros, tales como la salud de nuestro personaje, representada por cuatro hojas color celeste junto a un avatar de Ginger y su ropa del momento, de la que ya hablaremos más adelante. Otro elementos es el minimapa lineal, que indica en todo momento, a través de iconos, a dónde se debe ir a continuación, y dónde se hallan las misiones secundarias.

Ginger Beyond the Crystal

Siempre he pensado – y no estoy solo en esto – que, sin importar el qué ni el cómo, si un juego es capaz de invitarte a moverte por un escenario, con o sin una meta definida, y lograr que te diviertas durante dicho proceso, queda, por definición, catalogado como un gran juego. Esto se vuelve especialmente importante en los juegos de plataformas, en los cuales el movimiento es prácticamente el corazón de la obra. Y odio sonar amargado, pero lo cierto es que en ninguna de las tres formas de juego que posee Ginger: Beyond the Crystal – en las cuales profundizaremos en un momento – se aprecia ni por asomo ese gusto que es manejar a, por ejemplo, Hat Girl en A Hat in Time. De la misma manera, soy plenamente consciente de que con ese juego soy muy apologista, pero es que, aún con sus problemas, sé que es una propuesta referente, a la que puedo meterme en cualquier momento por unos minutos y dedicarme a correr y saltar por ahí o por allá y divertirme un rato. En Ginger: Beyond the Crystal, esto no se logra en ningún momento. Los movimientos del personaje, si bien son sólo un poco más limitados que los de la referenciada chica, se sienten mucho más restringidos y desprovistos de creatividad, afectando directamente en las posibilidades que te otorga el título para afrontarte a los niveles de formas diferentes.

Ginger Beyond the CrystalEn un tono algo más optimista, me gustaría comentar la presencia de los trajes, los cuales se otorgan al usuario en momentos determinados del juego y le dan a Ginger con una habilidad especial. Uno de estos casos, por ejemplo, es el del traje de dragón, que permitirá a nuestro protagonista expeler fuego. Suena bien, ¿a que sí? En la práctica, lamentablemente, no lo es tanto.

Una habilidad de ese tipo podría ser muy útil en combate, el cual de por sí es considerablemente superficial y está allí por cumplir, y no para lograr algo en específico. Un ejemplo muy bueno sería que hubieran enemigos que solo murieran o fueran más débiles por el fuego – o a la magia, en el caso del traje de mago – pero dichas habilidades solo pueden usarse en casos concretos, en los que aparecerá un aura en el suelo y una imagen como un globo de pensamiento con el icono del traje respectivo a usar en dicho momento. Lo cual, si bien no es malo, deja en evidencia lo pobremente diseñado de los escenarios ya que, en vez de confiar en sus elementos visuales más orgánicos -por ejemplo, cuando Ginger necesita usar su ataque de fuego siempre será en calderos o telarañas- recae en estas pistas visuales intrusivas.

Otro elemento a recolectar son los accesorios, los cuales varían entre sombreros, gafas, vello facial, entre otros. En un principio pensé que estos se podrían equipar en el personaje, ya fuese para darle identidad o simplemente algo de gracia, pero no; no se pueden usar, solo recolectar. A los enemigos, por otro lado, sólo se les puede vencer ya sea con un golpe que hace las veces de dash o saltando por encima de ellos. Diseños de enemigos hay variados, pero ninguno presenta cambios muy variados en su forma de actuar ni de atacar para que produzcan un sentido de variedad auténtico, cumpliéndose lo que mencioné anteriormente: El combate está más para cumplir con lo que se espera de un título de estas características que para un fin específico, por lo que no se podría contar como una mecánica más dentro del juego, sino como un añadido o un detallito.

Las tres fases

Como mencioné anteriormente, Ginger: Beyond the Crystal consta de tres fases -o quizá formas- de juego. Una es la de exploración, donde recorrerás los tres, por así llamarles, mundos del juego, rescatarás a aldeanos comprándoles con cristales -la moneda del juego- en el cristal principal de cada mundo, encontrarás las misiones secundarias, que no son ni más ni menos que recolectar una serie de objetos o vencer a un puñado de enemigos a cambio de materiales que ayudan a reconstruir las casas destruídas por el caos.

Ginger Beyond the CrystalEsto último será necesario para poder desbloquear los niveles del juego, que son la segunda forma del juego, la cual se presenta a través de unos espejos en los cuales podrá entrar Ginger y pasar a etapas más bien cortas y, por alguna razón, con cámara fija, que, si bien elimina la molestia de ir ajustando la cámara constantemente porque, de nuevo, ésta no nos ayuda en nada en ningún momento del juego, también propicia a eventos en los que seremos atacados por enemigos que no están en nuestro campo de visión o veremos como ésta atraviesa paredes sin rechistas, quitando un poco la poca inmersión que logra crear el título. Estos niveles suelen presentar desafíos de plataforma, de combate y, ocasionalmente, uno que otro puzzle, sin llegar a brillar en ninguno de estos. A veces tocará usar uno de los trajes especiales para -por ejemplo- prender una caldera que nos ayudará a alcanzar lugares más altos u ordenar una serie de cables de una nave defectuosa.

Los puntos de guardado en estas fases funcionan de una manera extraña, y es que, una vez usado un punto – el cual es representado por una criatura sobre un aura azulada que solo se ve al momento de entrar a un nuevo nivel, presentando el título de este – no podrás volver a usarlo hasta que uses otro.

También, y más que nada por el posicionamiento de estos, a veces cuando haya que buscar un objeto al otro lado del nivel para poder avanzar, convendrá morir en vez de cruzar todo el camino de vuelta, ya que no se pierden ni cristales ni el objeto recuperado en cuestión, desproveyendo a estos niveles de cualquier tipo de castigo por el error y, consecuentemente, quitándole significado a la derrota. Algunos de estos niveles, específicamente el último de cada mundo, constará con una batalla con un boss. Estas son más un puzzle en el que Ginger deberá esperar que el enemigo deje de atacar y quedar expuesto para poder golpearlo. Esto se repetirá unas tres ocasiones antes de que el boss sea derrotado.

La tercera fase -y la cual me gustaría decir que fue mi favorita si hubiese sido capaz de disfrutarla- son los cristales corrompidos que aparecen tras pasarse cada nivel de espejo. Estos niveles se centran completamente en las plataformas, teniendo como meta purificar uno o más cristales en su interior, siendo ésta la que más desafío provee, pero sin llegar a hacerlo correctamente. Lo que deja en evidencia otro problema con estos niveles y es que carecen de punto de control. Cada caída al vacío te lleva al inicio – teniendo cuatro oportunidades antes de tener que volver a empezar de cero, con cada cristal purificado corrupto otra vez – y, en los niveles más largos, se volverá agobiante y repetitivo.

El precio de la nostalgia

En definitiva, Ginger: Beyond the Crystal, miró al pasado, enamorado de eras anteriores, pero, como dicen, el amor es ciego y no fue capaz de ver los defectos junto a las virtudes de los títulos en los que se inspira ni tampoco miró al presente para ver como podría crearse correctamente una modernización del género de plataformas 3D, quedando hundido en el montón de títulos que quieren recrear el pasado como una epidemia. Pero no todo es malo y de los errores se aprende, que si bien el título no alcanza a cumplir en sus ambiciones, tampoco es que fuera tan mal encaminado. Quizás, más adelante, Drakhar Studio nos sorprenda con un título más pulido y más claro con sus metas y espero estar ahí para disfrutarlo.


Este análisis ha sido realizado con un código de descarga para Nintendo Switch cedido por BadLand Publishing