Quizás con el E3 no estábamos tan mal

La gamescom 2020 nos regalaba ayer una gala un tanto inolvidable y excesivamente larga -otra mas-. Durante los días previos a la misma, como comentamos, apenas se veía movimiento en redes sociales para promocionar uno de los habituales grandes eventos del verano, algo que llamaba la atención teniendo en cuenta que el mismo rey del hype, Geoff Keighley, era el presentador de la misma. Acostumbrados a tener agresivas puestas a punto en la gran mayoría de anuncios en lo que participa, intentando a toda costa acoger al máximo número de espectadores posible, la falta de ese hype por el gran día del videojuego alemán nos obligaba a pensar que esta gamescom no iba a ser apenas interesante. Y así finalmente fue. El gran porcentaje de sus anuncios fueron de lanzamientos que ya conocíamos o de los que ya habíamos visto un avance hace pocas semanas, sin ningún reveal importante más allá de un diario de desarrollo de Dragon Age 4 en el que pudimos ver cuatro artes conceptuales, y unos minutos extendidos de la demo de Ratchet & Clank mostrada en el último evento de Sony.

Porque, sí, dos horas dan para mucho y de los treinta y ocho juegos que hicieron acto de presencia alguno tendría que ser interesante, por simple probabilidad. Tuvimos la nueva expansión de DOOM Eternal, Medal of Honor: Above and Beyond que tiene una pinta estupenda aún siendo para VR, la nueva temporada de Fall Guys, Call of Duty: Black Ops Cold War o incluso Little Nightmares 2. Anuncios mínimamente atrayentes. Sin embargo, en ningún momento hubo cabida para la sorpresa o, incluso, para poder disfrutar de una presentación con ritmo y entretenida de ver. Dos horas que podemos resumir en apenas un minuto y que podían haber sido mucho menos de la mitad sin tanta paja de por medio. Ciento veinte largos y aburridos minutos viendo lo mismo de siempre a través del mismo de siempre.

Es obvio que el bueno de Geoff le da mucha importancia a todo lo que hace, e intenta que estos eventos pongan al sector en un mejor lugar, pero también está claro que muchas veces su planteamiento es erróneo, y acaban siendo todo lo contrario a lo que pretendía. De hecho, el Summer Game Fest, vendido como el gran sustituto del E3 de este año y lo que iba a aglutinar todos los grandes anuncios de estos meses, se ha ido desinflando a pasos agigantados desde el primer día. Por desgracia, los eventos y anuncios que ha englobado, como esta gamescom 2020, han sido poco relevantes y han acabado ocasionando más indiferencia entre la mayoría de jugadores que otra cosa. Quizás han tenido menos apoyo por parte de las compañías de lo que esperaban en primer momento y no sea realmente su culpa, pero es un hecho que este verano, a las puertas de una nueva generación de consolas, ha sido un fracaso en este sentido, siendo lo de ayer el último clavo en su ataúd.

Tras este atípico verano en el que la ilusión pasó rápidamente a la apatía, no me queda otra cosa que preguntarme si de verdad el E3 está tan muerto como se piensa o si incluso debemos darle tanta importancia a todo lo que Geoff Keighley y su equipo preparan últimamente. Sí, el E3 estos últimos años no estaba en su mejor momento. Y, sí, hay que valorar lo que se ha intentado hacer estos meses o en los The Game Awards. Sin embargo, hemos pasado de tener una semana llena de emoción a un verano sin nada de ella, con una sola cara visible para la mayoría de anuncios. Quizás tras este experimento, Geoff debería centrarse en su pequeño momento del año y dejar el verano para la verdadera fiesta del videojuego. Una que demuestra ser más necesaria que lo que muchos y muchas se pensaban en un primer momento.

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