A veces, olvidar puede convertirse en una bendición

2017 ha sido un año increíble para la industria del videojuego. El ansiado The Legend of Zelda: Breath of the Wild ha acabado coronándose como uno de los mejores videojuegos de toda la historia, Microsoft ha lanzado una nueva consola de sobremesa, y Sony ha seguido nutriendo el más que amplio catálogo de PS4 con nuevas aventuras de corte excepcional, tales como Horizon: Zero Dawn, Nier: Automata o Persona 5. Pero en un entorno como el que nos ocupa, donde los retrasos están a la orden del día, parecía que Xenoblade Chronicles 2, el nuevo ARPG de Monolith Soft, no iba a cumplir la promesa de llegar a nuestras Nintendo Switch antes de la primera campanada de 2018. Pero lo ha conseguido, y vaya que si lo ha conseguido.

En esta entrega, los padres de Baiten Kaitos nos proponen explorar un mundo tan apasionante, completo y vivo como el planeta Mira de Xenoblade Chronicles X, pero contando, en esta ocasión, con un factor narrativo mucho más notorio, así como con un apartado artístico sensacional, mucho más accesible, pero también mucho más expresivo y carismático de cara al diseño de los personajes. ¿Habrán sido éstos suficientes elementos como para construir el digno sucesor que todos los amantes de la saga esperábamos?


La aventura que hoy tenemos entre manos no podría partir de un punto de partida más humilde, y es que a los pocos segundos de comenzar nuestro viaje nos meteremos en la piel de Rex, un joven buceador que vive con su abuelo adoptivo en Alrest, un mundo vasto inundado por un mar de nubes, y sobre el cual habitan titanes de colosales proporciones, que llevan a sus espaldas los principales núcleos de población del planeta. Pero, como el propio Nathan Drake se ha encargado de recordarnos durante los últimos años, la grandeza nace de pequeños comienzos, y el chico, por avatares del destino, no tardará en emprender un viaje hacia el Elíseo, la onírica cima del Árbol del Mundo.

No pensamos dar más detalles al respecto, pues consideramos que el argumento merece ser descubierto por el jugador desde un primer momento, pero desde ya os adelantamos que podríamos encontrarnos perfectamente ante la historia de cualquier anime sobresaliente, donde la épica no escasea, pero donde tampoco brillan por su ausencia los momentos más cómicos y desenfadados, necesarios para conocer y empatizar con los personajes. Unos personajes que, de paso sea dicho, son francamente carismáticos, y ocultan, prácticamente en su plenitud, un trasfondo maduro, casi merecedor una entrega propia. Estamos, así, ante una aventura mucho más guiada que su predecesora, hecha con el mismo molde que el Xenoblade Chronicles original, pero que tampoco requiere haber jugado a éste para ser disfrutada al completo – pues se trata de una trama completamente independiente, que únicamente comparte ciertos rasgos de su universo.

Si algún ‘pero’ podemos ponerle al respecto es que, algo antes de llegar al ecuador del peregrinaje, el argumento puede diluirse un poco, dando pie a la exploración de un mundo amplio, donde resulta muy fácil perderse descubriendo lugares y haciendo tareas secundarias. Asimismo, creemos que las misiones principales podrían haber contado con una mayor variedad de situaciones, y sobre todo, de mecánicas (pues este capítulo está exento de mechas y de secciones de conducción, al contrario que sus predecesores). Pero dejando a un lado estos puntos a los que tampoco creemos que haya que darle demasiada importancia, una vez comienza el episodio 5 (de los 10 que suman en total), la aventura se desmadra completamente y comienza a regalarnos un momentazo detrás de otro, de esos que emocionan, que te hacen levantarte de la silla y aplaudir, y de esos que provocan que, una vez acabada la historia de Rex, sientas un enorme vacío en tu interior.

Toda la historia, que fácilmente puede superar las 80 horas de duración si hacemos alguna que otra misión adicional por el camino, se encuentra salpicada con cientos de secuencias cinemáticas, todas ellas de una calidad intachable. Pero para disfrutar de todas ellas deberemos de completar el juego al 100%, tratándose ésta de una tarea que nos llevará, como mínimo, 200 horas gracias al gigantesco endgame del que dispone el título. Es posible que no haya tantas misiones secundarias como en Xenoblade Chronicles X, pero sin duda presentan una calidad muy superior a lo visto en la entrega de Wii U, ya que respetan mucho más tu tiempo, y cuentan con contexto propio y múltiples diálogos, los cuales nos servirán principalmente para conocer más sobre el mundo que nos rodea y sobre sus habitantes.

Pero lo más curioso de todo ello es que la mayoría de ocasiones no necesitaremos de tal información, pues Alrest habla por sí solo. El mapa que tenemos a nuestra plena disposición desde los primeros compases del juego es abrumador, cuidado y variado, con decenas de ecosistemas diferentes que descubrir, un ciclo día-noche que afecta al estado de la fauna e incluso un sistema que controla la marea de las nubes, y que nos abrirá o nos cerrará el paso a según qué zonas según el estado de la misma. Cada territorio cuenta con sus animales únicos y con sus zonas de recolección propias, que deberemos de explotar para ganar valiosos minerales. Se trata de un conjunto muy mimado, no exento de minijuegos, para el que agradecemos que se haya incluido tanto la opción de viaje rápido como un sistema de navegación mucho más intuitivo que lo visto anteriormente, similar al de propuestas como The Elder Scrolls V: Skyrim.

Entrando ya en el terreno jugable, podemos darnos cuenta de que, a pesar de los cambios introducidos, las bases siguen siendo las mismas. Xenoblade Chronicles 2 es, en líneas generales, una propuesta arriesgada, pero sabe ser conservadora y respetuosa con el fan acérrimo cuando llega la hora de repartir tortas.

Así, volvemos a encontrarnos ante un sistema de combate en tiempo real donde nuestro personaje ejecutará, de forma automática y siempre y cuando se encuentre al alcance, un combo constante de tres ataques. Disponemos de tres habilidades a escoger, y nuestro cometido principal será el de saber cuándo utilizarlas dentro de dicho bucle. Si realizamos una de ellas contra un enemigo de naturaleza contraria a nuestro elemento (fuego, hielo, rayo, etcétera) podremos causar auténticos destrozos, mientras que si la llevamos a cabo justo después de haber impactado con un ataque automático, podremos duplicar el poder de la misma.

Se trata de un sistema con demasiados matices como para describirlos en unas cuantas palabras, aunque tampoco se encuentra libre de ciertos fallos menores que empañan el conjunto. A nuestro parecer, las batallas son algo más estáticas de lo que nos gustaría. El posicionamiento dentro de ellas es vital, pero constantemente se premia el no moverse, pues al hacerlo se corta el combo automático, y frecuentemente se pierde afinidad con el Blade. La inteligencia artificial, y el nulo control que tenemos sobre nuestros dos aliados, también pueden darnos más de una irritación, y el hecho de que la cámara sea algo juguetona en los espacios más cerrados no mejora lo dicho. Aun así, son meros detalles que prevalecen ante unos enfrentamientos realmente profundos y divertidos, mucho más accesibles que los de los anteriores Xenoblade. No por ello menos complejos, ojo, ya que en cuanto a aprendizaje se refiere, requiere un pequeño sacrificio por parte del jugador.

Cabe destacar que la mayor novedad al respecto que nos encontramos en esta segunda entrega numerada es la existencia de Blades, que también juegan un papel principal en la historia. Dentro del lore del juego, el mundo está conformado por Blades, criaturas de todo tipo con poderes sobrenaturales, y por Pilotos, humanos concretos capaces de portar dichas habilidades y utilizarlas tanto dentro como fuera de combate (como es el caso de nuestro protagonista). De esta forma, al ya citado sistema hemos de sumar este profundo añadido, que nos permite cambiar de Blade en el fragor de la batalla, y, por tanto, de habilidades y armas, pues son elementos ligados propiamente a la naturaleza de cada criatura. Cada una de ellas también presenta características concretas, pero sin embargo hay algo que todas tienen en común, y es que para sumar una de estas a nuestro pequeño ejército deberemos de despertar el alma que alberga en su respectivo cristal, disperso por el mundo.

Igualmente, hay que destacar la existencia de Blades comunes y de Blades excepcionales, presentando estos últimos un diseño mucho más trabajado, habilidades especiales y una historia propia, que podremos conocer a través de ciertas misiones adicionales. No hay precisamente pocos, por lo que resulta especialmente reconfortante saber que, si no le damos uso en combate, podemos enviar a nuestro Blade favorito junto a un buen escuadrón a las llamadas Misiones de Mercenario, con tal de que progrese por su cuenta y nos brinde nuevos objetos ocasionalmente.

Por último, me gustaría finalizar esta sección hablando del sistema de progresión, que se aleja de los típicos árboles de habilidades para ofrecernos una experiencia más abierta y atípica. Tanto los Pilotos como los Blades poseen uno, y éstos últimos únicamente pueden desbloquear aptitudes mediante logros específicos. Todo un acierto, desde nuestro punto de vista, y no deja de ser un aspecto que sigue aportando frescura a una aventura que no para de sorprenderte ni en los menús.

Técnicamente, Xenoblade Chronicles 2 es una auténtica proeza. El hecho de pensar que un mundo tan sumamente enorme y complejo pueda moverse -y de una forma bastante fluida, además- en una consola portátil como Switch es simplemente demencial. Bien es cierto que especialmente en el modo portátil la resolución se resiente, y mucho, pero no nos parece que sea algo especialmente dramático pasados los primeros 15 minutos (personalmente, nosotros hemos completado el 90% de la entrega de esta forma).

Salvo ciertos tirones muy puntuales, el rendimiento general es muy bueno. Los escenarios tienen una escala sobrecogedora, y ciertas animaciones quitan el hipo. Las texturas, quizás, sean las que salgan peor paradas dentro de todo el apartado, aunque por suerte el brillante apartado artístico disimula bastante bien dicha carencia. Además, las pantallas de carga son minúsculas, y la distancia de dibujado es sencillamente brutal, pudiendo ver con todo lujo de detalles algo que se sitúa a kilómetros de nuestro personaje.

No encontramos peores noticias en el apartado sonoro, que vuelve a dejarnos auténticos temazos para el recuerdo, como la melodía principal de la entrega, o la canción que se deja escuchar cada vez que entramos en el fragor de una batalla. Quizás sea lo mejor de todo el conjunto, junto a un doblaje en japonés (que hemos tenido que descargar desde la Nintendo eShop) que es tan bueno y emotivo como cabría esperar. Con los subtítulos en castellano, también está disponible el doblaje al inglés, aunque tras probarlo durante un buen rato éste nos ha parecido que se encuentra un peldaño por debajo de nuestra elección inicial.

Xenoblade Chronicles 2 es todo un viaje, y es un viaje para recordar.

Monolith Soft no solo ha logrado crear un sucesor digno para su RPG por excelencia, sino que también ha conseguido lanzar una de sus mejores producciones hasta la fecha, con una factura técnica impecable, un argumento demoledoramente bonito por momentos, y una jugabilidad profunda a la par que divertida. Sin lugar a dudas, una aventura de rol imprescindible para todos los amantes del género, y un auténtico broche de oro con el que cerrar un 2017 para el recuerdo.


Esta review se ha realizado con una copia adquirida por la propia redacción.

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