A raíz de su lanzamiento hoy (fecha de publicación del análisis, 13 de febrero) en Nintendo Switch, hemos decidido analizar Owlboy, un título que llegó en el año 2016 a PC y posteriormente fue adaptado a consolas. El título, tras haber estado más de 10 años en desarrollo, se suma a la lista de juegos independientes que trata de volver a dar una vuelta de tuerca a las convenciones de determinados títulos, como ya hicieran Super Meat Boy o FEZ con el género de las plataformas, y sin ser tan incisivo con conceptos concretos, como el salto o el diseño de niveles, deja un sabor de boca muy satisfactorio.

Owlboy se ambienta en un continente de islas flotantes, en las que búhos y humanos conviven en armonía, pero siempre en guardia ante los ataques de los piratas, los enemigos en esta ocasión. Nosotros encarnaremos a Otus, un joven búho mudo que constantemente fracasa en sus tareas cotidianas (relacionadas con la escuela, sin ir más lejos) y siendo recriminado por Asio, su mentor y compañero de vivienda. muchas de veces de manera injusta. Como contraposición, tenemos a Geddy, mejor amigo de Otus, el cual será nuestro compañero de aventuras durante la mayor parte del juego, y hará las veces de voz para el protagonista en las ocasiones que sea necesario.

La mención a compañero de aventuras es literal, ya que desde el principio del juego utilizaremos la habilidad de Otus de poder coger objetos y personas mientras vuela, lo cual se convierte en la mecánica central del juego, no solo para la exploración del mundo (en escenarios con condiciones de luz reducidas, podremos elegir entre portar un objeto que ilumine nuestro camino, por ejemplo), sino también en la resolución de puzles y en el combate, ya que Geddy puede portar un arma, y en torno a la que gira todo.

Y cuando digo todo, es todo. La historia, que parte de un ataque pirata al pueblo en el que vive Otus, hace que constantemente tengamos que recurrir a Geddy para avanzar, haciendo uso además de la fantasía que adorna todo el universo jugable, aportándonos poderes adicionales, como un teletransporte para nuestros aliados, y que permiten progresivamente que nuestros errores en los combates contra los jefes finales puedan mitigarse en gran medida. Porque sí, el combate es uno de los factores más importantes de Owlboy, junto a un diseño de niveles muy inteligente, que fuera a explorar el nivel al completo y pasar varias veces por un mismo punto dentro de la misma sección con un diferente propósito (aspecto más propio de un Metroid), sin llegar a encajar por ello en el género apodado “Metroidvania” de manera total.

Pese a que parcialmente si cumple con la acepción de Metroidvania, no se siente como tal. En primer lugar, porque los escenarios y niveles únicamente comparten un punto central, y una vez salimos de él, cada uno es independiente respecto al resto, aplicándose el concepto solo dentro del propio nivel, y no al juego completo. Por ejemplo, en Metroid: Samus Returns, esta filosofía se aplica a todos los elementos del escenario, conectados totalmente entre sí, y con posibilidades ampliadas según vamos acumulando nuevas habilidades. Porque ese aspecto si se cumple, ya que si aumentaremos nuestras habilidades conforme avancemos en la trama, ya que tras derrotar a uno de los jefes finales, uno de los piratas, Alphonse, se unirá a nosotros como segundo compañero, con un arma de fuego mucho más potente (y con tiempo de recarga elevado), frente a la opción de Geddy, mucho más modesta, pero de fuego continuo.

Este giro de la historia, algo previsible, no consigue evitar una victoria parcial de los piratas, que logran arrasar la capital del continente, Advent, y que da un toque dramático a la historia, más allá de los constantes reproches de Asio a Otus. Si en algo falla Owlboy, es en esta parte de la narrativa. Otus, criticado continuamente, no parece reflejar sus sentimientos más allá de un sprite al terminar el diálogo. El hecho de que sea mudo, algo con lo que juega la producción de D-Pad Studio de manera muy inteligente, permite hacer pequeñas concesiones en este aspecto, pero es algo que podría haberse aplicado a la jugabilidad sin mucho problema, aunque quedara limitado a algunas partes de algún nivel, como algo más testimonial. No me meteré mucho más en el avance de la trama, ya que, sin ser para nada inferior al resto del juego, no es lo primordial (de hecho, se nota que no tiene grandes pretensiones a la hora de dejar huella con su historia) pero si que está perfectamente ejecutada.

Lo que sí es clave, junto a la jugabilidad, es la parte artística. Cualquiera podría pensar que, como han hecho otros juegos independientes, Owlboy utiliza la estética pixelada como consecuencia de un bajo presupuesto, pero la inmersión que logra su estilo es sencillamente increíble. Los sprites de cada personaje, cada elemento del mundo que podemos explorar, los enemigos… todo está perfectamente cuidado, y se nota la atención que ha recibido este apartado del juego.

La inexistencia de cinemáticas como tal, en favor de la utilización de escenas guiadas (o scripteadas), hacen que todo el trabajo del equipo de D-Pad Studio brille aún más, con cada píxel colocado en el lugar perfecto. Además, la música, cada efecto de sonido, encaja perfectamente con la situación en pantalla, y transmite aquello que se pretende, potenciando los diálogos y/o acciones que estén teniendo lugar en el momento.

Por desgracia, no todo en Owlboy es perfecto, y aquí vamos a hacer una pequeña crítica a dos aspectos leves que si bien no son cruciales, si podrían mejorarse, quizás no con un parche, pero si ser tenidas en cuenta para futuras entregas. En primer lugar, el control. Hemos jugado la versión de PC, tanto con teclado y ratón como con mando, y el control, pese a estar bien diseñado, no se siente cómodo de primeras, y el sistema de apuntado puede ser un poco frustrante en algunas ocasiones. A pesar de ello, uno acaba acostumbrándose a ello, y acaba manejándose con los controles, pero esa primera sensación perdura más de lo que nos gustaría. Por otro lado, se agradece la traducción íntegra al castellano del juego, pero hay pequeños fallos en ella que rompen el momento, y nos recuerdan que seguimos jugando, por muy bonito y divertido que sea, a un videojuego.

Owlboy podría definirse como el juego que todo desarrollo indie debería querer ser

D-Pad Studio, tras 10 años de desarrollo de Owlboy, ha conseguido demostrar que tan largo periodo de tiempo se nota, y merece la pena. El juego no es perfecto, tiene pequeños fallos, pero aprovecha tan bien sus virtudes que se terminan pasando por alto esto, incluso adaptándote a ellos. Cualquier admirador del píxel art debería probar este título, y entonces quedar enganchado por el resto de sus cualidades.


Esta review se ha realizado con una copia de la versión para PC adquirida por la propia redacción.

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